El encanto de Japón

Domingo 11 de agosto de 2019 | 08:00hs.
Cuando Carolina puso un pie en Tokio, no dudó en sacar su celular y hacerse una selfie junto a su amiga y su mamá. Fueron 30 horas de vuelo desde Posadas hasta la ciudad japonesa, haciendo escala en Foz de Iguazú y Dubai.

Pero el cansancio no iba a opacar la felicidad de haber llegado a destino. Las tres posadeñas son fanáticas de la cultura oriental, a tal punto que Carolina Ávila comprende el idioma.

Para llegar con mayor tranquilidad, las viajeras reservaron online los alojamientos que utilizarían en su estadía. Su aventura duró 14 noches así que un lugar para dormir era más que necesario.

“Nos alojamos en hostel y hotel al inicio y al final del viaje en Tokio, en cabinas (que es una modalidad de alojamiento novedosa y económica) en Kioto, usamos un hotel en Osaka y un alojamiento tradicional conocido como Ryokan en Hiroshima”, recordó Carolina.

Las ciudades elegidas por las turistas fueron Tokio, Nikko, Kioto, Nara, Osaka y Hiroshima. El 28 de mayo de 2017 salieron de Posadas para, luego de la espera en Brasil, abordar el 30 de mayo el vuelo con destino a Dubai. Al llegar, la espera fue de cuatro horas para abordar el vuelo de conexión con la fantástica ciudad de Tokio. Doce horas después las chicas llegaron a destino.

Pero elegir Japón para pasar unos días no fue algo de un día para el otro. Alrededor de cuatro meses las chicas organizaron paellas para juntar el dinero y pensaron en todo lo que iban a hacer una vez que estuvieran en suelo japonés. Por qué se decidieron por Japón es algo que Carolina tiene bien en claro.

“Siempre me gustó la cultura japonesa y estudié algunos años el idioma. También me gusta ver animé, doramas y leer manga. En general soy consumidora de todo lo relacionado a la cultura japonesa. Me encanta participar en los encuentros y convenciones que se hacen en la ciudad donde hay merchandising, comidas típicas, concursos de cosplay y demás. Japón siempre fue un destino pendiente a visitar en mi agenda y apenas tuve la oportunidad no dudé en viajar a ese increíble país”.

“No me preparé específicamente para este viaje, pero tengo conocimiento de idiomas. En mi caso, desde los 18 años estudié inglés y además estudié japonés, en el cual alcancé el nivel básico que me permitió comunicarme cómodamente con las personas”.

Un idioma diferente, una cultura diferente y costumbres que nada tienen que ver con las americanas, eso fue lo que llamó la atención de las viajeras, que hicieron un recorrido por las ciudades, encontrando alimentos, personas y eventos que las sorprendían a cada paso.

“Es difícil elegir algo en particular que me haya llamado la atención ya que Japón te sorprende desde el minuto en que pones un pie ahí. La hospitalidad de su gente, la organización, la amabilidad, todo está muy organizado y sincronizado. La señalética está pensada para el turista, es muy clara y precisa”.

“El país en sí y su gente te hacen sentir como en casa, al caminar por las calles te sentís seguro a cualquier hora y en cualquier lugar. Te hace olvidar que tenés que cuidar el celular y la mochila en el transporte público o en la calle. Los japoneses se mueven mucho en bicicleta y las dejan sin candado frente a las tiendas o los supermercados, en ocasiones con pertenencias en los canastos y con total confianza de que nadie tomará lo que no le pertenece”.

“Es un país increíble con paisajes espectaculares y una historia milenaria que al día de hoy subsiste”.

El minuto a minuto previo al viaje fue muy intenso. Las tres turistas leían todos los blogs de viajes, veían videos de youtubers que hacían recomendaciones de lugares para visitar. También visualizaban notas relacionadas a los modales que hay que tener en ese país para evitar incomodar a alguien o llamar la atención.

“Tengo que destacar que fue fundamental la ayuda de una amiga agente de viajes, quien me asesoró en todo momento, de hecho, fue quien me ayudó con la búsqueda de los pasajes”.

En Tokio, las atracciones turísticas más interesantes son el Metropolitan Government Building, el Mercado Tsukiji, el Parque yoyogi, entre otros.

Uno de los barrios con más historia del centro de Tokio es Asakusa. Los grandes carteles luminosos dejan paso a los templos y el maquillaje es sustituido por atuendos más tradicionales.

Sensoji es el templo más antiguo e importante de Tokio y constituye un motivo suficiente para visitar Asakusa. Para llegar al templo se debe recorrer la concurrida calle comercial Nakamise Dori y atravesar la puerta de Kaminarimon. Lo más llamativo de esta puerta es la enorme linterna de cuatro metros de altura que cuelga de ella.

El templo está formado por la sala principal, reconstruida después de la Segunda Guerra Mundial y por una pagoda de 55 metros de altura.

“En cuanto a Nikko y Nara fueron excursiones de día completo (ida y vuelta en el día). Nikko es una ciudad cercana a Tokio y se llega mediante shinkansen (tren bala) y luego otro tren local. Nikko es un poblado de montaña, lleno de naturaleza, cascadas y santuarios. Y Nara es una ciudad cercana a Kioto que se caracteriza por la gran cantidad de ciervos que habitan libremente en el parque de Nara donde se los puede tocar alimentar y tomar fotografías. Además tiene un templo muy famoso donde se encuentra una escultura del Buda que mide 15 metros”, explicó Carolina.

Luego de recorrer las calles de Tokio y sus llamativos barrios, las tres viajeras pasaron tres noches en Kioto. 

La parada obligatoria de la visita a Kioto es el Templo Kinkakuji. Este templo, también llamado el Pabellón de Oro debido a su color dorado, fue construido por el Shogun Ashikaga para su retiro. Para admirar aún más su belleza, es imprescindible dar un paseo por los jardines que lo rodean, un espacio verde en el reina la paz.

El santuario de madera Kiyomizudera es la siguiente meta. Desde allí se obtiene una vista espectacular de la ciudad nipona. Más adelante se puede visitar uno de los rincones más especiales de Kioto: el templo Fushimi Inari. Su interminable pasillo de puertas rojas, los famosos torii, apareció en la película Memorias de una geisha.

El Castillo de Hideyoshi fue lo primero que visitaron en sus dos días en Osaka. Este emblemático castillo, construido en el siglo XVI y que tuvo que ser reconstruido tras la segunda Guerra Mundial, cuenta con una de las mejores vistas de la ciudad.

El barrio Shinsekai es uno de los más famosos de Japón y donde se puede descubrir los típicos puestos de comida por las calles y la casa de baños más grande de Asia.

No hay que dejar de ver la enorme torre metálica de 103 metros de altura, el Tsutenkaku y conocer la historia que rodea al barrio.

Tras disfrutar de tiempo libre para comer y probar la especialidad local, el kushi-katsu (brochetas de carne laminada y frita en aceite), hay que dirigirse al barrio de la subcultura otaku, Nipponbashi. Esta avenida está llena de tiendas de varios pisos donde se encuentra productos manga, anime y todo tipo de tecnología. La visita de las viajeras continuó en Hiroshima, la ciudad que sufrió la primera bomba nuclear de la historia. En Miyajima, cuando el ferry atraque en la conocida como ‘isla de los dioses’, se puede contemplar el hermoso torii sobre el mar y los numerosos santuarios y templos budistas de la zona.

No hay que dejar de visitar los templos más emblemáticos de la isla: el santuario de Itsukushima y el complejo budista Daigan-ji y, si hay tiempo, el impresionante templo Daisho-in.

Aunque las viajeras se negaran el viaje estaba por llegar a su fin. Para regresar a Posadas había que volver a Tokio, donde permanecieron dos días, disfrutando a pleno del paisaje extraño que decidieron conocer.

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