¿El egoísmo es un rasgo humano genético o adquirido ideológicamente?

Jueves 26 de marzo de 2020
Jorge R. Ferrari

Por Jorge Ferrari jyferrari39@gmail.com

Según la experta española Rocío Mayoral, prestigiosa neuropsicóloga, por investigaciones recientes, parece ser que los humanos somos generosos, justos y cooperativos por naturaleza. Aparentemente esto no es verdad, porque ¿cómo explicar tantos comportamientos humanos que parecen indicar lo contrario? ¿Será la vida la que nos cambia?… Eso sugieren algunos estudios. Como el de la profesora de Psicología de la Universidad de Washington, J. Sommerville, que recientemente ha podido demostrar que los sentidos de la justicia y equidad se desarrollan mucho antes de lo que se pensaba. Gracias a su investigación ya contamos con evidencias de que, desde temprano, los bebés poseen un sentido básico de la justicia y el altruismo.
Trabajó con niños de 15 meses, ante los cuales se repartieron alimentos. A pesar de su corta edad, los bebés se mostraron muy sensibles al reparto y reaccionaron con clara protesta cuando éste fue desigual. Además, curiosamente, el 92% de los que “protestaron” por la distribución injusta compartían con otros su juguete preferido. Estos resultados parecen indicar que, por naturaleza, las personas más justas son también las más solidarias. Ambos valores van de la mano y formarían parte de la esencia humana desde nuestra más tierna infancia.
Por otra parte, investigaciones como la del profesor A. Knafo del Departamento de Psicología de la Universidad Hebrea de Jerusalén apuntan en esa dirección. En 2007 su equipo logró demostrar que la generosidad es un comportamiento de origen genético. Hicieron un experimento con 203 voluntarios a los que se entregó 12 dólares y se les propuso regalar una parte a un desconocido que lo necesitase. Los investigadores tomaron muestras de sus ADN. Pudieron comprobar que aquellos que poseían variantes en el gen AVPR1a donaron un 50% más de dinero que los que no las presentaban. Así demostraron que existe relación entre una variación del ADN de dicho gen y la generosidad humana. Todo parece indicar que poseemos una orientación temprana hacia la generosidad, el altruismo y la cooperación y que las personas generosas poseen una marca genética. Cabe preguntarse entonces: ¿El rastro genético no se deberá a que nuestra supervivencia como especie depende de todo ello?
¿No será que la adquisición de estas virtudes sea un síntoma de inteligencia humana y que los bebés las adquieren gracias a la observación de las personas de su entorno? Hoy sabemos claramente que esto también influye. En la actualidad, se estudia el peso real de la imitación en el altruismo y la cooperación de los bebés.
Para la doctora Mayoral, queda una pregunta en el aire: si los bebés –independientemente de cuál sea la causa– son generosos y altruistas, entonces ¿qué nos pasa? ¿Cuándo y por qué perdemos esa inclinación y comenzamos a dejar paso al egoísmo? Se responde a sí misma que, lastimosamente, muy pronto. El ejemplo y las vivencias del entorno en muchos casos acaban trastocando nuestra orientación natural. Una pena. Sin embargo, una adecuada educación y la psicología han mostrado cómo estas actitudes pueden adquirirse de nuevo a través del ejemplo, la práctica y el esfuerzo.
Cabe preguntarnos: los procesos mundial y nacional del coronavirus que estamos viviendo, ¿resultarán ser una escuela de reformación humana acerca de la solidaridad? ¿Cuántos muertos serán necesarios para que los humanos sobrevivientes reflexionemos y nos percatemos que el pensar en uno y en el otro será la salvación?
Creo que reflexionar que hoy no luchamos contra nadie; es una guerra contra un enemigo global e invisible, que nos amenaza a todos. Y que, si todos entendemos que cuidándonos a nosotros mismos cuidamos al prójimo, más la infraestructura sanitaria pública y privada, la plaga cederá hasta desaparecer. Será un triunfo de la solidaridad, y es de esperar que deje su saldo positivo para tiempos futuros, obviamente peores que los recientes...

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