El ébola, al acecho

Domingo 21 de julio de 2019
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha declarado un “estado de emergencia de salud pública de preocupación internacional” por el brote del virus del ébola en el occidente de África. En esta ocasión el país sacudido por los nuevos casos es la República Democrática del Congo.
El virus del ébola se identificó en los años setenta en poblaciones de la selva africana. Es reconocido por su alta transmisibilidad y su gran mortalidad. Se transmite de los murciélagos a los humanos y produce una enfermedad que puede ser de leve a muy grave, usualmente caracterizada por diarrea y sangrados, por lo que se incluye en el grupo de las “fiebres hemorrágicas”.
El nuevo brote de ébola recuerda aquellos en los que la OMS ha lanzado alertas en otras regiones de África, como el de 2014, cuando el mundo fue sacudido por la epidemia más grande que se haya reportado hasta entonces, que afectó a Sierra Leona, Liberia y Guinea, en especial a su capital, Conacri.
Quizás muchos recuerden las imágenes en televisión que registraban los casos de enfermos y fallecidos, las dificultades de los países africanos para enfrentar la situación y las noticias del traslado de pacientes a hospitales de Europa y Estados Unidos, que ampliaba la posibilidad de transmitir la enfermedad a otras regiones y, por lo tanto, de que se diseminara a lo largo del planeta. En ese entonces, los Gobiernos establecieron medidas sanitarias en aeropuertos con el fin de identificar posibles enfermos y evitar la diseminación de la enfermedad.

Cambios respecto al pasado
Desde la última gran epidemia han cambiado muchas cosas. En primer lugar, en 2014 el brote se registró en una zona en la que tradicionalmente se conoce el virus, por lo cual la preparación y la experiencia fueron mucho mayores.
La epidemia se presentó en zonas extremadamente pobres donde los recursos en salud eran muy limitados, por eso la mayor parte de los esfuerzos para contenerla se destinaron a desarrollar una infraestructura que permitiera la atención de un número importante de pacientes mientras se evitaba la transmisión del virus.
Hoy en día la infraestructura disponible en el Congo –tanto sanitaria como de laboratorios– es considerablemente mejor, lo que ha permitido un mayor control del brote local y regionalmente. Sin embargo muchas de las alertas se han desatado porque pacientes infectados salieron de las zonas donde se encuentra confinado el brote y han migrado a otras más densamente pobladas.
Precisamente las noticias han destacado el relato de un misionero europeo que evadió el cerco sanitario y se trasladó a la ciudad de Goma, que tiene una población estimada de 2 millones de habitantes, aeropuerto internacional y se encuentra situada cerca a la frontera con Ruanda.
La actual epidemia del ébola empezó en junio de 2018 y había estado delimitada a zonas rurales del noreste del Congo, muy cerca de la frontera con Uganda, país en el cual también se han identificado tradicionalmente brotes del virus. El brote aumentó su magnitud entre marzo y abril de este año, con disminución en el número de casos a partir de entonces. Según datos al 14 de julio, se han identificado 2.501 casos, que han causado más de 1600 fallecimientos.

Zona muy violenta
Aunque médicamente ahora se está mejor preparado para gestionar el virus, la lucha contra el actual brote de ébola en el este la República Democrática del Congo presenta nuevos desafíos. Primero, porque se propaga en una de las zonas más violentas del planeta, que lleva 20 años en guerra, con infraestructuras prácticamente inexistentes y puntos de muy difícil acceso. Pero además de la inseguridad y dificultades logísticas, mucha gente y comunidades rechazan que exista el virus. Después de décadas de intervención de organizaciones internacionales que, según algunas comunidades, no han hecho nada, los congoleños han desarrollado una gran desconfianza y creen que hay alguna estrategia oculta detrás de los equipos de salud. Por eso, se han registrado muchos ataques a los sanitarios y centros de tratamiento de ébola. En otros sitios, simplemente no creen que exista y por tanto no se protegen de la enfermedad.
Para el control de la enfermedad son fundamentales tanto la prevención como el rastreo y aislamiento de las personas afectadas. Así, es preciso evitar contacto físico y directo con personas contagiadas, mantener constantemente la higiene y desinfección de las manos y hacer un seguimiento exhaustivo de los contactos de las personas infectadas para detectar posibles nuevos casos. La inhumación de los cadáveres en condiciones seguras es también muy importante, ya que es un gran factor de riesgo. 

Un virus moderno sin control

El ébola es un virus moderno, que se descubrió hace sólo hace 43 años —en 1976— en dos brotes simultáneos. Uno de ellos fue en Sudán del Sur y el otro en Yambuku, una aldea del Zaire —actualmente República Democrática del Congo— y el virus se bautizó con el nombre del río Ébola, que pasa por ese pueblo. Desde entonces ha habido cinco brotes. El más extenso, mortífero y grave fue el que afectó a África del Oeste entre 2014 y 2016, que dejó 11.300 muertos en tres países. La epidemia actual en el este del Congo es ya la segunda peor de la historia y lo peor es que aún no está controlada. Se declaró el 1 de agosto de 2018 y en un año ha infectado a 2.500 personas. Estas son las claves de cómo funciona este virus. El hombre no es el portador natural del virus. Le ha sido transmitido por animales salvajes. Se considera que el huésped natural es el murciélago frugívoro pero, una vez en el hombre, se contagia por contacto directo de líquidos y fluidos corporales entre personas (sangre, secreciones, vómitos y otros líquidos corporales) o por contacto con materiales contaminados.

El desvastado Sudán se prepara para la enfermedad

Con el brote mortal de ébola en Congo ahora declarado emergencia internacional, el país vecino Sudán del Sur y su sistema de salud debilitado por la guerra constituye una importante preocupación, sobre todo después de que se confirmara un caso cerca de su frontera. Expertos en salud dicen que hay una necesidad urgente de aumentar las campañas de prevención. El miércoles, la Organización Mundial de la Salud hizo la declaración de emergencia del brote que ya lleva un año, una inusual medida que suele atraer más atención y apoyo global. Más de 1.600 personas han muerto en lo que se ha convertido en el segundo peor brote de ébolaen la historia.
Los expertos en salud temen que el ébola llegue a Sudán del Sur ya que el devastado país intenta recuperarse de una guerra civil que duró cinco años, mató a casi 400.000 personas y desplazó a millones más. Muchas instalaciones de salud quedaron severamente dañadas o destruidas, y las agitaciones continúan en partes del país a pesar del frágil acuerdo de paz firmado en septiembre.
El mes pasado se descubrió que una mujer de 41 años estaba contagiada con ébola en el noreste de Congo, a sólo 70 kilómetros (43 millas) de Sudán del Sur. Había viajado 500 kilómetros desde Beni, el epicentro del brote, a pesar de haberse expuesto al virus y las advertencias de que no viajara.Sudán del Sur envió un equipo para aumentar la vigilancia en uno de sus cruces fronterizos más transitados, Kaya en el estado Ecuatoria Central, cerca de donde se confirmó el caso de la mujer. “Es muy alto el riesgo de que el ébolacruce la frontera a Sudán del Sur”, dijo Sudhir Bunga, director de país de Sudán del Sur de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades. “Una persona que entre en contacto con un caso confirmado de ébolaen Congo podría viajar a Sudán del Sur, o cualquier país vecino, sin ser detectado durante el periodo de incubación de 21 días y propagar la enfermedad una vez que sea contagiosa”.
Muchas poblaciones en Sudán del Sur carecen de los recursos básicos para responder a una de las enfermedades más notorias del mundo. La red telefónica en Ecuatoria Central es limitada, por lo que muchas personas no podrían llamar al número de emergencias. Muchos hospitales no tienen personal capacitado para lidiar con el virus ni pabellones aislados necesarios para controlar su propagación. 

El Territorio no tiene responsabilidad alguna sobre comentarios de terceros, los mismos son de exclusiva responsabilidad del que los emite.

El Territorio se reserva el derecho de eliminar aquellos comentarios injuriantes, discriminadores o contrarios a las leyes de la República Argentina