El club de la pelea

Domingo 26 de julio de 2020 | 02:00hs.
Diego Vain

Por Diego Vain deportes@elterritorio.com.ar

Mientras Fernando De la Rúa y José Luis Machinea ahorcaban a la ya ajustada economía de la Argentina a mediados de 2000 y planificaban el Blindaje financiero que terminó por dinamitar la frágil situación del país poco más de un año después, en Misiones las finanzas también golpearon a muchos y dejaron marcas imborrables.

Un juicio laboral por un monto (relativamente) bajo se convirtió, de manera muy dudosa, en un remate. El remate se concretó y dio paso a la parte más negra de la historia de Atlético Posadas. El decano del fútbol misionero perdió su estadio y casi todo su predio en julio de ese ya conflictivo año 2000.

Siempre reinó la suspicacia en torno a lo que pasó con el club del barrio Tajamar. La deuda con Edgardo Cervilla era pagable, pese a que la economía del club no era la mejor, pero el conflicto terminó en los juzgados. Después llegaron las acusaciones cruzadas, los reclamos para un lado y para el otro, pero lo cierto fue que el 5 de julio de 2000, en el Fuero Laboral ubicado en la calle Bolívar de Posadas, se concretó la venta de gran parte del predio que pertenecía a Atlético Posadas y comenzó un camino teñido de discusiones políticas que finalizó con la expropiación del predio, que regresó a ser usado por el club.

En los casi 12 años que el Decano estuvo sin su cancha, sin su salón y sin todo eso que lo había convertido en un referente a nivel local se mezclaron muchas cuestiones, pero sobre todo se metió la política.

Cómo se llegó a esa situación de tener que rematar el club fue, según algunos actores de la historia, una cuestión política. La recuperación del predio también lo fue y, de hecho, el estado misionero todavía está pagando por expropiar en 2012 los terrenos que pertenecían en ese momento a Carlos Carabante para devolvérselos al club.

Del juicio al remate
El domingo 2 de julio de 2000 apareció en el diario El Territorio un edicto en el que se avisaba sobre el remate de una superficie de casi 19 mil metros cuadrados en la zona del barrio Tajamar. La sentencia del juicio que Edgardo Cervilla tenía contra el club Atlético Posadas llegó a un remate, que se realizó el miércoles 5 de julio en las instalaciones del Fuero Laboral.

Un inmueble con muro perimetral de 18.686 metros cuadrados, dos salas de squash, una pileta inconclusa, una cancha de frontón, una cantina, una cancha para vóley o tenis, otra para fútbol 5, cinco canchas de padel, una cancha de básquet, un salón de reuniones y una cancha de fútbol profesional con tribuna de cemento. Todas esas cosas y algunas especificaciones más aparecieron en el edicto.

Esa mañana del 5 de julio había dos remates preparados. Uno de los camiones y otra en la que se jugaba el destino de la cancha del Decano. A la sala en la que se realizó la subasta de los vehículos llegó Carlos Morales, en representación de la empresa Marijú. Cuando Morales se enteró del remate de la cancha llamó a Carlos Carabante, quien estaba interesado en comenzar un proyecto deportivo.

Morales recibió el visto bueno, cruzó el pasillo que separaba a las dos salas y fue el único que estuvo en la subasta de las instalaciones de Atlético Posadas. Ofertó lo mínimo. Los 79.561,35 pesos (o dólares) y ganó la subasta. El contador no tenía el dinero en ese momento, pero en los tiempos que la Justicia dispuso, se presentó con la seña del 20 por ciento y pagó, a nombre de Carabante, con lo que el remate quedó firme.

La deuda con Cervilla era de poco más de 1.500 pesos. Si bien la economía del Decano no era la mejor, tampoco significaba un dinero importante y por eso siempre las dudas permanecieron sobre por qué se llegó a una subasta.

“El juicio fue ridículo, porque el club tenía muchas cosas para embargar, pero embargaron el lote principal, en el que estaba la cancha. Arreglaron todo en el juzgado y salió el remate”, aseguró Carlos Ripoll, quien en ese momento era presidente de Atlético Posadas.

Desde afuera
Si bien hubo presentaciones en la Justicia y también idas y vueltas, Atlético Posadas se quedó sin gran parte de su predio, apenas relegado a una pequeña pieza, que curiosamente no entró en el edicto de la subasta, sino el Deca no hubiese tenido un espacio físico a partir de ese julio de 2000.

Los rumores eran que Carabante tenía intenciones de vender esos terrenos, en una zona casi céntrica de Posadas, pero el empresario siempre dejó en claro que quería la cancha para comenzar un proyecto deportivo. En 2002 se fundó Atlético Misiones, que participó de la Liga Posadeña y se consagró campeón en 2005, pero que luego de un puñado de años dejó de existir.

Mucho tuvo que ver que, el 23 de diciembre de 2003, apareció en el Boletín Oficial de Misiones el decreto que promulgó la ley 4016, con la que se declaró de utilidad pública el predio y se lo podía expropiar, ya que también había sido declarado Patrimonio Histórico de la provincia un tiempo antes. La ley estipulaba que, si el Ejecutivo le pagaba al dueño un resarcimiento económico, los terrenos pasarían a ser administrados por Atlético Posadas nuevamente.

Desde ese diciembre de 2003 hasta septiembre de 2012, el gobierno de Misiones no pagó el monto que se requería para que el Decano vuelva a tener sus terrenos. Ahí otra vez tuvo que ver la política. Los allegados al entonces gobernador Maurice Closs lo convencieron y apareció el dinero, aunque no era, claro, lo que pretendía Carabante como resarcimiento por la expropiación.

El 9 de septiembre de 2012 Atlético Posadas cumplió 100 años y los festejó en su predio, en su casa. Se activaron las teclas políticas justas y la cancha volvió al club al que perteneció durante varias décadas. Poco a poco el club renació. Volvió después de más de 20 años a jugar un torneo nacional y durante el último fue animador y campeón en la Liga Posadeña.

De ser un referente a nivel provincial y de tener la primera tribuna techada de Posadas, a que le rematen su predio. Atlético Posadas resistió y hoy sigue en pie, pero parte de su historia negra está teñida de dudas y manejos que nada tuvieron que ver con el deporte y sí con las roscas políticas de aquel momento.

La espera, la tasación y el festejo dentro del predio

Tras la subasta del predio de Atlético Posadas se inició un largo camino por parte de diferentes personas para que los terrenos volvieran a ser del Deca.

“Los hermanos (Raúl Líder y José) Sandoval presentaron el proyecto de ley en 2001 (que declara al predio de utilidad pública y permite su expropiación). Rovira era gobernador y Julio Humada era presidente de la Cámara de Representantes. Se promulgó la ley en 2003”, repasó Daniel Domínguez, presidente del club entre 2014 y 2018.

“Tuvimos varias versiones de lo que se quería hacer. La Comisión de Recuperación que se confirmó en ese momento logró que se declare Patrimonio Histórico de la ciudad a la tribuna y la cancha”, agregó quien fue diputado provincial entre 2009 y 2013.

Todo eso se sumó a la ya promulgada ley para que Atlético Posadas tuviese herramientas en su pelea por recuperar sus tierras, pero faltaba que se fijara el precio a pagar por la expropiación para que, finalmente, se concrete el regreso del Deca a su casa.

“La jueza que estaba a cargo nos dijo que si lográbamos que el gobierno depositara en la cuenta de Carabante lo que había dispuesto el Tribunal de Tasación iba a seguir el juicio, pero se le iba a dar a la Comisión Directiva de ese momento la administración hasta que se resuelva todo. El tribunal tardó cerca de un año y medio en tasar y lo hizo en 1.176.000 pesos, el valor fiscal del predio en ese momento. Después el gobierno de la provincia lo depositó. El predio pasó a fiscalía del estado, luego a Dirección de Arquitectura de la provincia, que le dio la administración a la comisión de ese momento”, comentó Domínguez.

Cuando estaba por festejarse el centenario, en septiembre de 2012, los dirigentes recibieron la noticia de que el predio volvía a ser administrado por los socios de Atlético Posadas, pero el pasado sigue sin ser claro.

“Yo en ese momento estaba estudiando en Resistencia, pero me parece que algo de eso (un problema político) hubo. No puedo dar fe de eso. Los hermanos Sandoval hablaron en ese momento de algo netamente político con Puerta”, expresó Domínguez.

En esa misma línea, Ramón Adaro, ex presidente del club, manifestó que “nunca se supo qué pasó”. “Yo creo que fue una desidia y la gente se fue alejando. Fue todo raro”, agregó.

En septiembre de 2012 Atlético Posadas festejó el centenario dentro de su predio y, por el momento, es administrador del predio, pero debe esperar a que la provincia termine de pagar la expropiación, para que luego los terrenos puedan volver a ser parte del patrimonio del club.

“fue una sanción política”

Atlético Posadas y Atlético Misiones, uno al lado del otro, fue durante años la postal, hasta la expropiación.
“Fue un tema político, una sanción de Ramón Puerta. Yo no lo apoyé en la interna con (Julio) Humada en el 98/99”. Carlos Ripoll tiene claro que lo que sucedió en julio de 2000 fue algo personal contra él y que Atlético Posadas quedó en el medio.

En ese momento, el militante peronista era presidente del Decano. En realidad había sido presidente desde 1986 y por ese entonces, así como la Argentina, hacía malabares con las cuestiones económicas, pero esa jugada política le costó muy caro.

“Cuando yo llegué al club en 1986, Atlético Posadas era un lugar de paso. Había baldíos, bañados, no había luz, no había teléfono y no había baños. Era un club abandonado. Nos propusimos convertirlo en un club social. Conseguimos la luz, los muros perimetrales, la pista de atletismo. Por primera vez tuvimos planos para hacer un estadio de 20 mil personas”, repasó Ripoll a 20 años del doloroso remate que sufrió Atlético Posadas.

Tras varios años de pelear en la liga local, el Deca decidió pegar el salto y pelear por entrar a un torneo nacional.

“Hice un convenio con la provincia para el torneo de 1997. Busqué ayuda del gobierno provincial y conseguimos en ese momento 120 mil pesos. Eran 10 mil pesos mensuales para competir en el torneo. Nos fue bastante bien. Estaba ese convenio (por el torneo del Interior) y además hice otro convenio con Ramón Puerta (en ese momento gobernador) por la pileta climatizada”, recordó el ex dirigente.

Pero pese a tener todo acordado con el ex gobernador, los pagos empezaron a retrasarse y la economía del Deca comenzó a quedar en jaque.

“Empezamos a hacer la pileta, pero a los tres meses desde la empresa me dijeron ‘si no hay plata no seguimos’. Conseguí que me pagaran 20 mil pesos de los 90 mil, nos pusimos al día con la empresa constructora, que se retiró hasta que hubiese dinero”, contó. Esa obra es la que aparece en el edicto (ver nota principal) que luego se remató.

“Para pagarme el tema del fútbol tardaron ocho meses. Tenía a todo el equipo y el cuerpo técnico sublevado. Después me depositaron 60 mil y con eso pude manejar un poco la situación, de todas maneras muchos iniciaron juicios contra el club”, agregó y uno de esos juicios fue el de Cervilla, que terminó con el remate del predio.

“En total de los dos decretos, firmados por el Poder Ejecutivo, me quedaron debiendo 120 mil pesos. Y aparecieron tres juicios laborales. En ese momento me fundí porque vendí mi auto para pagar los juicios”, se lamentó Ripoll, quien no dudó en calificar de “ridículo” a lo que sucedió con la subasta: “El juicio fue ridículo, porque el club tenía muchas cosas para embargar, pero embargaron el lote principal, en el que estaba la cancha. Arreglaron todo en el juzgado y salió el remate”.

Para Ripoll todo fue político y tiene claro por qué. “En ese momento Humada ponía 10 candidatos y Puerta otros 10. Yo le daba mi candidatura a diputado provincial y él me ayudaba con el tema de la pileta y con lo del torneo por un año. Eran 120 mil por el torneo y 90 mil para hacer una pileta climatizada cubierta, que en ese momento salía algo así como 70 mil pesos”, explicó.

Pero el dinero no llegó a tiempo y comenzaron los problemas. Pasó el tiempo y Puerta dejó la gobernación de Misiones. Asumió Carlos Rovira y Ripoll fue a buscar al nuevo mandatario, aunque tampoco tuvo éxito.

“Ya había asumido Carlos Rovira y fui a hablar con él por el tema de los decretos que me debían. Necesitábamos 30 o 40 mil para cubrir la seña que habían hecho (tras la subasta del predio). Presento la nota y sale el decreto por 50 mil pesos, pero a pagar en ocho cuotas y yo no podía cubrir la seña”, comentó el entonces presidente del Deca.

“El ministro que impidió los depósitos fue el hoy senador del PRO Humberto Schiavoni, quien me dijo que tenía orden de Puerta de no depositar nada. El conductor político ahí era Puerta”, sentenció Ripoll.

A toda la problemática que ya tenía Atlético Posadas se sumó una situación externa. Luz y Fuerza se quedó en ese momento sin personería jurídica, producto de una deuda tras su paso por la Liga Nacional de Básquet y, según Ripoll, apuntaban a quedarse con el Deca.

“Luz y Fuerza se había fundido por el tema del básquet y se quisieron quedar con el club y yo no se los permití. Largaron un panfleto para que la gente se asociara a Atlético, entonces yo les pedí antigüedad y ahí se pudrió todo con Emsa, con Cachilo Rodríguez”, aseguró y sintetizó que “por un lado estaba Luz y Fuerza que había perdido hasta personería jurídica, junto con complicidad de Ramón Puerta, que se enojó por el tema político conmigo”.

“El remate del club fue muy doloroso. Se dijo que tenía coimas y que estaba arreglado con (Carlos) Carabante. Si el Estado cumplía no íbamos a tener problemas. Fue una sanción política y me cagaron la vida”, cerró Ripoll.

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