El censo del año 1813

Sábado 16 de marzo de 2019
José Miérez

Por José Miérez Gerontólogo

Gobierno y pueblo de Misiones: el continuo contacto con las fuentes del pasado nacional, inéditas en buena parte, nos pone de manifiesto aspectos total o parcialmente desconocidos. El Archivo General de la Nación  es una de esas fuentes.  El Censo fue levantado por decreto del 5 de febrero de 1813. De su lectura surgen los motivos que animaban la gestión de la Asamblea General al respecto: “El vehemente deseo con que este Soberano Cuerpo quiere ver reunidos los materiales que han deformar el edificio inmovible de su felicidad independiente, ha determinado expedir el correspondiente de felicidad independiente, ha determinado expedir  el correspondiente decreto sometido al Supremo Poder Ejecutivo, a efecto de que mande desde luego se formen en  todos los pueblos de la comprensión de las Provincias Unidas del Río de la Plata, un censo político de todos sus habitantes, y a la brevedad mayor con toda la especificación posible de clases, estados, procedencias, edades y sexo”.
En nota fechada el 5 de marzo, dirigida al gobernador intendente de la ciudad de Corrientes, decía:“La Soberana Asamblea General desea tener a la vista para expedirse con los debidos conocimientos, en uno de los primeros objetos del bien público un censo de todos los habitantes de la comprensión de las Provincias Unidas con la Especificación posible de sus clases, estados y procedencias”.
Y termina la nota: “Encarga a V. S. este Gobierno, no solo que forme y le pase dos padrones dentro del más breves términos posible, sino que, sujetándose a los modelos adjuntos consulte en sus operaciones la más estricta exactitud en dar la verdadera idea de vuestra población en la Provincia del mando de V. S. pues de ella pende cabalmente el acierto con que desea expedirse la Soberana Asamblea”.
Así queda expreso en el Capítulo Antecedentes censales Argentinos del Primer Censo de la República.
Por fortuna no todo se ha perdido, y ahí están para demostrarlo, estos legajos del año 1813, en que podemos ver a través de cifras y nombres, las costumbres y vidas de aquellos lejanos pobladores de los siete pueblos del Departamento de Concepción: Apóstoles, San Carlos, San José, Mártires, Santa María, San Francisco Javier, Concepción.

Las fundaciones
El periodo 1610 – 1768, vio surgir varios pueblos, en que fueron reunidos los naturales al impulso de la empresa jesuítica.
Y así, es el Beato Roque González, el que en 1618 funda, con ochenta familias, el pueblo de Concepción.
En 1626 el P. Diego de Beroa forma el pueblo de Santa María la Mayor, y siete años más tarde por miedo a los paulistas, se traslada a la ribera occidental del río Uruguay. El P. José Ordoñez echa las bases de  San Francisco Javier en el año 1629.
En 1631 se levanta San Carlos Borromeo bajo el impulso del P. Pablo Palermo, según el P. Montoya, o del P. Mola, según Azara. Destruido por los mamelucos, se restablece con los restos de otros pueblos, en 1639
Es el P. Alfaro el que en 1633 parece dar comienzo a Santos Apóstoles San Pedro y San Pablo, mudándose en 1638 al occidente del río Uruguay.
En 1633 el P. José Cataldino inicia el pueblo de San José, ubicándose entre Apóstoles y San Carlos en 1660.
Y en 1638, con los restos de las reducciones destruidas por los paulistas, San Joaquín, San Cristóbal, Jesús María, Santos Apóstoles del Igay, se forma el pueblo de Santos Mártires del Japón.
El desarrollo cultural en las misiones, bajo la dirección de los jesuitas, alcanzo límites elevados, revelándose los indígenas diestros en la técnica y las artes, y esto a pesar de inconvenientes de todo orden.
“Sea cual fuere la fuerza que se quiera dar el vocablo “civilización”, cierto es que los jesuitas realizaron el portentoso hecho de reunir y conservar si coacción alguna 100.000 salvajes, y eso durante más de centuria y media no obstante las invasiones de los paulistas, las insidias de las españoles, las pestes continuas y la natural indolencia e inconstancia de los indígenas, los “eternos niños” de corta capacidad intelectual, de sensibilidad femenina, de suspicacias profundas y desarraigables".

Los padrones
¿Qué fue de aquellos pueblos una vez expulsados los Jesuitas? El número de habitantes de los siete pueblos alcanza en 1813, a 5.614. Cifra casi tres veces menor de la de 1750, que conocemos a través del trabajo de José Torre Revello.  Y en lo referente al abandono del hogar, expresa que los naturales, conocedores ya de los efectos de la libertad, no encobrándola en sus pueblos trataban de buscarla fuera de ellos”… pasando a las provincias inmediatas … otros se mezclan con los minuanes y charrúas, viviendo entre ellos como gentiles … pero lo peor de estas emigraciones es los muchos que se pasan a los dominios de Portugal, perdiendo el Estado estos vasallos y aumentando el poder al extranjero en aquella parte”.
Resumiendo: disminución de población, abandono del hogar por hombres y mujeres, gran número de huérfanos, bajo índice de natalidad, son las características sobresalientes que nos revela el censo de 1813.

Causas de la decadencia
En realidad expulsados los jesuitas, faltaron los resortes espirituales y materiales para mantener en obediencia y prosperidad a aquellos “eternos niños”
Pero es un testigo presencial de esta decadencia, el ya citado Diego de Alvear, el que expone claramente las causas del desastre: “Vimos el lucido pie en que pusimos los jesuitas estas Misiones con su buen régimen y particular economía en el manejo de caudales. Cuando la expulsión el año 1767, por más cuidado que se puso, y por más estrechas que fuesen las providencias que se tomaron para evitar los desórdenes, padecieron los pueblos notablemente: ya por el destrozo casi universal e inevitable de las tropas, ya por el de los mismos naturales, que, mal aconsejados y sin inteligencia alguna de la suprema disposición de S. M., entraron los primeros a derrochar cuanto había, a diestro y siniestro, sin miramiento ni atención, como en campo enemigo”.
Y más abajo declara explícitamente “Paro del todo la agricultura, descuidándose las chacras y las estancias, se ahuyento el ganado de estas, ceso el calor de la comunidad, se perdieron sus muebles y aun muchas alhajas de las iglesias, y desatendidos los indios y la educación de la juventud, se ausento y la mitad de ellos a los montes a buscar de comer, abrazando su antiguo genero de vida, y dejando muchas doctrinas casi desiertas”.
Con posterioridad, las cosas no mejoraron. En 1817, varios pueblos de Misiones fueron arrasados por las huestes de general Chagas.  José Fontanella.
En mi opinión, es una oportunidad que la Secretaria de Turismo de la Provincia de Misiones, que está trabajando bastante bien, motive a los municipios para que coloquen una carcelería o monolito con respecto a sus orígenes. Es una manera de tender la mano recuperando nuestro pasado.

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