El almacén posadeño que resiste al paso del tiempo

Domingo 22 de septiembre de 2019 | 23:15hs.
Por Sonia Benítez
Comerciales@elterritorio.com.ar

Estela se acomoda su pulóver rápidamente porque no quiere salir mal en la foto. Pide que le alcancen un peine para arreglarse algunos cabellos rebeldes que no quieren quedarse en su lugar. No puede moverse mucho, así que sus familiares la ayudan a atender a los clientes que van llegando y a acomodar algunas cosas. Y es que los años pasaron y las rodillas comenzaron a doler, ya no es sencillo recorrer el almacén, que tiene unos cuantos metros de ancho.

Falta alguien para sacarse la foto, Mario Sanguina no está detrás del mostrador. “Él está viejito y hoy decidió descansar, hace un tiempo tuvo una enfermedad y desde ahí le cuesta hacer algunas cosas. Hoy está haciendo reposo, pero siempre estamos los dos acá sentaditos atendiendo a la gente”.

La señora que lo cuida salió de la habitación y comentó que estaba todo bien, que su presión estaba en 12, como debe ser, pero “es mejor que descanse un poco”.

Mario Sanguina tiene 86 años y llegó a Posadas desde Paraguay a instalar su taller de cortes y tijeras en un local de la Bajada Vieja, cuando la calle todavía era de tierra. Los años fueron pasando y Mario, sastre de profesión y que hizo a medida centenares de trajes para ejecutivos de la región, decidió mudarse junto a su esposa Estela Anunciación Caballero Larramienda a la esquina de Pedernera y Roca. Trece años permanecieron en esa esquina y luego se mudarían definitivamente al espacio actual, donde todavía está el almacén y, al lado, las persianas cerradas de lo que fuera la sastrería.

La apertura del negocio se registra en 1961 bajo la denominación de ramos generales, actividad que sigue en pie. La Municipalidad de Posadas declaró a Estela y Mario “Personalidad Destacada” por “su activa participación y solidaridad brindada a la comunidad”, y también la Dirección Nacional de Migraciones de 2007 reseña la “grandeza” y la “gratitud” del matrimonio nativo de la localidad paraguaya de San Francisco de Yuty.
 
“Cuando comenzamos todos los negocios eran de ramos generales. Yo hacía tortas, 47 años trabajé haciendo tortas, hasta los 74 hice y ahora ya tengo 80”, recuerda Estela, que también comentó a El Territorio cómo fueron los inicios de este histórico almacén.

“Cuando nosotros empezamos el negocio no había luz eléctrica, tampoco agua corriente, nos arreglábamos con lámpara a kerosene y comprábamos agua en la municipalidad. Teníamos un aljibe grandote, o si no acarreábamos el agua”.

“Antes todo se vendía suelto: arroz, harina, yerba, azúcar, almidón... un cuarto de kilo, medio kilo, así vendíamos y después ya vino el empaquetado. Esa lata grande de ahí -señala detrás de sí- era de masitas, que vendíamos sueltas también”.

Mantenerse en pie por 58 años no es una tarea fácil y Estela contó cuál es el secreto para ser uno de los almacenes más antiguos de Posadas: “Yo creo que es saber tratar a los clientes, porque acá mis clientes son mis amigos y mis amores. Tengo clientes que les conozco desde la panza de la mamá y ahora ya conozco sus nietos”, dice sonriendo, como siempre, la almacenera con más años de trayectoria de la ciudad.

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