"Dolió mucho leer algunos comentarios, nosotros no quisimos enfermarnos"

Domingo 7 de junio de 2020 | 06:00hs.
Miriam y Luis buscan volver a la normalidad. | Foto: Norma Devechi
Los primeros pacientes recuperados de Puerto Iguazú fueron los que más tiempo permanecieron internados en la provincia, debido a que en los sucesivos testeos seguían teniendo el virus. Hoy, tanto Luis Franco como Miriam González, su madre, gozan de buena salud, aunque reconocen que la enfermedad les dejó secuelas.
En la tranquilidad de su hogar recibieron a El Territorio y contaron lo que les costó enfrentar al coronavirus. Luis fue el segundo contagiado en la provincia y se infectó cuando realizaba tareas en la cabecera del puente de Iguazú, con los argentinos que llegaban desde distintas partes antes de que cierren las fronteras y a su vez contagió a su madre, la paciente tres.
“A Luis le detectaron primero, cuando él dio positivo toda la familia fue examinada y todos resultamos negativos. Dos de mis hijos ya habían sido diagnosticados con dengue. Al día siguiente del resultado negativo empecé a sentirme muy mal. Tuve mucha fiebre, dolor en el cuerpo y un poco de tos, pensé que era dengue. Le dije a mi nuera que me iba a encerrar y que me prepare hoja de mamón para bajar la fiebre pero nada me hacía sentir mejor. Entonces a la noche avisamos y me vinieron a buscar con la ambulancia y me aislaron, al otro día me informaron que era positivo para coronavirus y desde ahí no me acuerdo nada, es como que mi cerebro bloqueó todos mis recuerdos”, relató Miriam.
La noticia del resultado positivo de su mamá fue como un balde de agua fría para Luis, quien se sintió culpable de que su madre estuviera alejada del resto de la familia, pero durante todo el tiempo de internación trató de ayudarla a mantenerse de buen ánimo, ya que cualquier cambio en su humor se reflejaba en su estado general, teniendo en cuenta que Miriam tiene enfermedades como hipertensión y diabetes.

Discriminados
Los primeros días de internación Miriam y Luis se sintieron muy discriminados, leían mensajes en los grupos de WhatsApp del barrio donde la gente pedía que se fueran de allí. “Eso me afectó muchísimo. Soy muy sensible y somos vecinos de muchos años, dolió mucho leer algunos comentarios. Nosotros no quisimos enfermarnos y jamás se nos ocurriría perjudicar a nadie. Estas cosas me afectaron tanto que hace más de un mes tengo el alta y salí de mi casa una sola vez. Evito salir porque no sé cómo me sentiría si me dan vuelta la cara o me tratan mal por haber contraído la enfermedad”, se sinceró Miriam.
Durante la internación los médicos debían monitorear bien de cerca el avance de la salud de la mujer, ya que algunos medicamentos alteraban su ritmo cardíaco. Pero eso no fue todo, el hostigamiento social fue lo que más los afectó.
Así, los pacientes vivieron cosas que los hicieron sentir culpables, como la casi detención del padre de Luis y esposo de Miriam. “Mi marido es sereno, viene los fines de semana a casa. Él no estaba enterado bien a fondo de lo que estaba pasando, cuando llegó a casa mi hija le contó pero se olvidó de decirle que no podía salir a ningún lado porque estaban aislados y como yo no tenía crédito él fue a un negocio a cargar crédito para el celular y cuando volvió vino la policía y lo quiso llevar detenido, fue horrible porque nosotros estábamos en el hospital sin poder ayudarlo”, comentó la mujer.
Haciendo referencia a la cantidad de hisopados que debieron practicarle los médicos para determinar que estaban recuperados, Luis explicó que su madre fue testeada desde el primer resultado positivo, ocho veces más. “Mamá estaba bien, de buen ánimo y cuando llegaba el resultado y seguía dando positivo se desmoronaba. Ahí venían los médicos a estabilizar su presión y la medicaban y yo me encargaba de ayudarla a sentirse mejor, cada nuevo positivo era un golpe para ella”, expresó el joven.
Y siguió: “Le decía Dios ¿por qué mi mamá? Tratá conmigo pero dejala sana a ella. Le pedí todos los días a Dios que ella se sane. El día que fue dada de alta me sentí feliz porque estaba curada, pero triste porque yo seguía internado”.
El joven indicó que tuvo tos durante 20 días y que hasta el día de hoy se agita al hablar mucho. “Tanto mi mamá como yo tenemos dolor en los pulmones, sobre todo del lado izquierdo”, agregó.
Y cuando se le pidió una reflexión, expuso: “La gente tiene que tomar conciencia, este es un virus que vino para quedarse”.
Los dos, ya recuperados, tratan de hacer vida normal, tomando todos los recaudos necesarios. Luis fue el que en varias oportunidades salió a hacer compras. “Hay personas que me reconocen y reaccionan bien. Otros se asustan al verme, trato de que esas reacciones no me afecten, porque nosotros fuimos dados de alta con la seguridad que estamos recuperados”, finalizó.

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