Desgarrador testimonio de una mujer que fue secuestrada y logró escapar

Miércoles 6 de noviembre de 2019 | 07:00hs.
Por Daniel Villamea

Por Daniel Villamea Corresponsalía Oberá

“Él dormía con el arma debajo de la almohada, todo el tiempo me tenía amenazada y me obligaba a tener relaciones. Estábamos cerca de una laguna, decía que me iba a matar y tirar a las pirañas. Que mis hijos nunca más iban a saber nada de mí”, recordó Rosalí Lourdes Viera (35) sobre el calvario que padeció a manos de Irio Pless (50), quien llegó a juicio imputado por el secuestro de la mujer.

Ayer, en la primera jornada del debate oral, la víctima testificó ante el Tribunal Penal Uno de Oberá y ratificó la acusación en duros términos.  
Envuelta en lágrimas, la mujer detalló de qué forma cruzaron al Brasil por un paso clandestino para evitar el control de las autoridades, el maltrato, la manipulación y las amenazas a las que fue sometida por Pless, como así también su fuga y el posterior plan que posibilitó la detención del sujeto.

La causa está caratulada como privación ilegítima de la libertad agravada y tiene como coimputados a William Pless (20) e Ivonilda Queiroz (57), hijo y ex concubina de Irio Pless, el único de los tres que llegó a juicio tras las rejas.

En tanto, los otros dos imputados estuvieron un tiempo presos y luego fueron excarcelados, circunstancia que aprovecharon para desaparecer del radar de las autoridades, por lo que fueron declarados en rebeldía y en algún momento deberán responder ante la Justicia.
Viera fue secuestrada el 12 de mayo del 2016 en el paraje Portón Viejo, Pozo Azul. Tres meses más tarde logró escapar, para lo que contó con el apoyo de un hermano y la cuñada de Pless, quien recién fue capturado en marzo del 2017.

Transcurridos más de tres años del hecho, las secuelas persisten y en la víspera la víctima pidió declarar sin la presencia del imputado en la sala, lo que fue concedido por el Tribunal.

Maltrato y amenazas

Actualmente, Viera reside en San Pedro con sus dos hijos y su concubino, a quien conoció con posterioridad al secuestro. 
“Estoy intentando rehacer mi vida, pero no es fácil. Gracias a Dios mis hijos están conmigo”, subrayó. 

Relató que antes de conocer a Pless trabajó para su madre como empleada doméstica en la localidad de Santo Antonio, Brasil, durante un mes.
Como ganaba poco y estaba lejos de sus hijos, decidió renunciar y el último día “apareció Irio y se ofreció para llevarme a Pozo Azul. Fue la primera vez que lo vi. Después me invitó para ir a un baile en San Antonio (del lado argentino), y como yo no tenía pareja acepté”.

La mujer mencionó que es madre soltera y en ese entonces afrontaba problemas económicos, por lo que aceptó ir a vivir con Pless junto a sus hijos. 
“Un mes más o menos estuvo todo bien, hasta que empezaron los maltratos, primero de palabra. Me decía que era una haragana, que mis hijos eran vagos y pensé que eso no era para mí. Yo me acompañé para que mis hijos estén mejor y no así”, indicó.

Pero cuando manifestó su intención de marcharse fue peor: “Me dijo que si yo no era de él, no iba a ser de nadie. Me amenazaba con un arma de fuego y con machete. Fue de terror, pero al otro día se fue a trabajar y me escapé”.

De todas formas, reconoció que “por miedo volví con él, porque amenazaba con lastimar a mis hijos. Estuvimos poco tiempo, seguía siendo agresivo y me volví a escapar”. 

El secuestro

Las amenazas persistieron y regresó por tercera vez, tal como declaró ayer. Pless vendió una chacra para comprar un auto y se mudaron a la localidad de Andresito, donde se dedicaron a la venta de cigarrillos de contrabando.

Lejos de recapacitar, Viera aseguró que el imputado continuó con su accionar violento y en una ocasión la llevó por la fuerza a un pinal con la intención de matarla, pero ella rogó por su vida. También aseguró que trató de atropellar a uno de sus hijos y a uno de sus hermanos.
La última vez se juramentó que no regresaría, a pesar de las continuas amenazas.

Fue así que el 12 de mayo del 2016, alrededor de las 15.30, Viera y su mamá, Isaurentina Cunha, caminaban rumbo a su casa por picada Portón Viejo cuando fueron abordadas por el imputado y otro sujeto al que no lograron identificar.

Las intimidaron con armas de fuego y se llevaron por la fuerza a la víctima, tras lo cual su mamá corrió en busca de ayuda. 
“Me llevaron por un pinal, donde estaba la moto, y de ahí por un monte hasta una chacra en Colonia Paraíso, donde estuvimos tres días”, detalló. 
Y agregó: “Pless llamó por teléfono a su ex mujer (Ivonilda Queiroz) para que nos busque con remís. De ahí fuimos a San Antonio, me hizo bajar antes de la aduana y pasamos a Brasil por un pique (paso clandestino) para desviar el control”. 

Aliados y fuga

En Santo Antonio reside la madre del imputado, donde se refugiaron en primera instancia.
De ahí pasaron a la casa de un hermano del imputado, donde la víctima permaneció casi tres meses, siempre bajo la vigilancia de su captor. 

Los dueños de casa comenzaron a sospechar de la situación y terminaron aliándose con Viera. Un día aprovecharon que el captor viajó a San Pedro para buscar plata y fue su propio hermano quien trasladó a la mujer hasta Bernardo de Irigoyen, donde la esperaba una hermana con la Policía, ya que avisó que volvía. 
Pero el calvario no terminó con la liberación, ya que Pless continuaba amedrentándola por teléfono, confiado en que podría volver a doblegarla.

A esta altura ya intervenía el personal de la Secretaría de Apoyo para Investigaciones Complejas (Saic), quienes diseñaron un plan para dar con el captor. 
En ese marco, Viera le manifestó que estaba de acuerdo en retomar la relación y acordó un punto de encuentro, pero el sujeto envió a su hijo, quien quedó detenido y ligado a la causa.

“Ahí (Pless) quedó más loco y le llamó a mi hermana para decir que le íbamos a pagar”, indicó la víctima. 
Finalmente, tras una paciente investigación que duró varios meses, el 9 de marzo del 2017 fueron detenidos Pless y Queiroz.

Los testigos y el silencio de Pless

Isaurentina Cunha, la madre de la víctima, fue testigo directo del secuestro y quien dio aviso de lo sucedido. La mujer padece severos problemas auditivos, por lo que su aporte en la víspera fue acotado y se incorporará por lectura lo que declaró en la instrucción. Rogelio Viera (29), hermano de la víctima, recordó que fue el primero que asistió a su mamá el día del hecho. “Estaba tan asustada que apenas podía hablar”, recordó. Otro hermano, Juan Viera (32), fue quien radicó la denuncia por el secuestro perpetrado por Pless y un cómplice desconocido. Ante el Tribunal, el testigo recordó que en un primer momento pensaron lo peor, habida cuenta la violencia desplegada por el imputado. También prestó declaración Luis Schafer (42), propietario de la chacra en colonia Paraíso donde Pless y la cautiva permanecieron los primeros tres días posteriores al secuestro. El colono contó que llegaron en moto, que Pless le dijo que Viera era su mujer y aseguró que no notó nada raro. Mencionó que el mismo día viajó a Eldorado y al regresar los encontró tomando mate y conversando. Schafer reconoció que es amigo del imputado, al tiempo que incurrió en contradicciones con relación a su declaración en instrucción. A su turno, para conocimiento personal del Tribunal, Pless precisó que es brasileño nacionalizado argentino, con residencia en el país desde los 15 años. También confirmó que durante varios años fue pareja de la imputada Queiroz, pero no tuvieron hijos. Luego se abstuvo de declarar por recomendación de su defensor, Guiller Itatí Jones. Para hoy se aguardan los alegatos y la posterior sentencia del Tribunal presidido por Francisco Aguirre, quien es secundado por Lilia Avendaño y José Pablo Rivero.

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