De crear un museo en Italia al arte ecológico en San Vicente

Martes 3 de diciembre de 2019 | 07:00hs.
Una de sus obras realizadas en hierro. | Foto: Carina Martínez
Giorgio Vicariotto (72) es de Vicenza, Italia. Después de haber sido rehén en Angola, África, y crear el mayor museo de crustáceos fósiles en Italia, el destino quiso que disfrutara el encanto de la naturaleza misionera.

Dueño de una capacidad creativa envidiable y un don para trabajar el hierro que sorprende, replica su arte de forma armónica reutilizando latas viejas para concientizar sobre el reciclado y cuidar así el medioambiente, al tiempo que embellece espacios en  la reserva privada Yaguaroundí, un área natural protegida (ANP) en cercanías a la localidad de San Vicente. 

Su vida en Italia fue muy dura. Nació en el seno de una familia campesina y desde muy pequeño comenzó a trabajar, motivo por el que siempre estudiaba por la noche, inclinándose en un principio por la ornitología. Sin embargo, ninguno de los pasares tristes de su existir le impidieron soñar y crear, con la habilidad de hacerle frente a los desafíos más difíciles. Es así que encontró su talento realizando arte con el hierro, uno de los metales más difíciles de manipular. 
Cuando apenas tenía 13 años comenzó a trabajar en una tornería, etapa que le fue muy difícil por lo forzoso del oficio para un niño. A medida que el tiempo pasaba pasó por varios empleos, trabajó en el sector  público y se dedicó a la agropecuaria criando ganado. Esos años de esfuerzos se fueron de la noche a la mañana cuando sufrió la pérdida de 22 animales en un robo del que no logró recomponerse, situación que lo obligó a buscar otra alternativa laboral.

En aquel momento, a partir de 1985, comenzó a encontrarle el gusto al trabajo con hierro, primero haciendo muebles y reparaciones en su propia vivienda -como un hobby- y así logró grandes obras. “Hice muchas esculturas y piezas de hierro, comencé haciendo algunas cosas en mi casa después ayudando a un amigo, fue ahí donde noté que tenía una habilidad especial para trasformar pedazos viejos del duro metal en obras, no fue y no es algo que me deja dinero, muchas de mis obras fueron donadas”, relató en una entrevista con El Territorio.  

Cómo llegó a Misiones

Una de vez que se jubiló, decidió viajar como voluntario en 1995 a Zambia, África.

“Llegar a Zambia fue terrible para mí, estaban pasando por tres años de sequía, me enamoré mucho de ser voluntario allá, después fui a Malawi, Uganda, Luanda, Burundi, Kenia, Camerún, Guinea Ecuatorial y Angola, donde construimos dos escuelas y como la guerra había destruido todo inventamos una nueva mezcla para construir compuesta de tierra, arena y cemento, y hoy se usa en toda África”, sostuvo Giorgio.  

Una noche fue secuestrado junto a un sacerdote voluntario   en Uganda. Los secuestradores -miembros de un grupo extremista cristiano- les hicieron caminar un día entero sin descanso por el medio de la selva. Una vez liberado, decidió viajar a Brasil, en el año 2000. Allí edificaron una casa refugio para madres solteras, niñas y niños en abandono. Ese viaje a Brasil fue el inicio de su venida a Misiones.

Estando en el vecino país, escuchó hablar de la reserva privada Yaguaroundí y como una de sus pasiones son las aves -gusto que plasma en fotografías- decidió conocer el lugar sin pensar que se convertiría en su hogar.
“Llegué acá y me encantó, primero me quedé por un mes y Martín el dueño de la reserva me habló de la posibilidad de construir una casita, yo no tenía plata pero con muy poco la construimos. Martín hizo mucho, es un grande, que no mide por la plata sino por la persona, y con esto estoy muy agradecido porque encontré más que un hermano”, valoró con orgullo.

Casi como contraparte a tanta gentileza, el autodidacta comenzó a notar que existía por la zona una enorme cantidad de materiales que podían fácilmente ser reciclados para tornarse piezas únicas que le dieran un toque decorativo a distintos espacios de la reserva. 
Con mucho esfuerzo, salieron las primeras obras, casi todas aves hechas con un silenciador de tractor, con un tubo de escape, herramientas como picos, piezas de camiones y automóviles y mariposas de restos de heladera, todas recubiertas con pintura para evitar el deterioro.

En la reserva existe un pequeño taller donde los hierros viejos se transforman al pasar por las manos de Giorgio. Este trabajo requiere mucho más tiempo de lo empleado en Italia porque no cuenta con la misma tecnología, pero en el sacrificio redoblado está la magia de lograrlo.

“Una particularidad es que las ideas me nacen en el momento, veo algo y digo: ‘Esto saldría así’. Elegí el hierro porque es el material más difícil de trabajar, y cuando tienes un martillo en la mano, es tu mano la que puede o no hacer, no es el martillo, y todo lo aprendí viendo. En Italia trabajaba exponiendo el hierro el calor pero acá es todo calor humano, se demora mucho más, pero cuanto más difícil más me gusta hacer”, afirmó.

“Estar acá en este maravilloso lugar para mí es vida, si uno va estar vivo para no hacer nada, por mirar solo la tele, ¿qué haces? La vida es para mí estar haciendo siempre algo más aparte de lo cotidiano, y en este caso darle vida a algo viejo de forma ecológica es muy significativo”, reflexionó. 

El museo en Vicenza, Italia

Si bien cada una de las obras realizadas con hierro le remiten algún tipo de satisfacción, Giorgio es el fundador del museo G. Zannato Montecchio Maggiore, en Vicenza, Italia. El lugar recreó los sitios con piezas fósiles de crustáceos que datan de cuarenta millones de año. “Encontramos cosas increíbles, habían barcos, cerámicas de veinte millones de años, descubrí una gruta de lobos y así infinidades de fósiles. El museo para nosotros es vida, está en constante cambio y movimiento, cada tanto se cambian las colecciones y se ofrece algo nuevo muy distinto a lo que ocurre en Argentina”, comentó Giorgio. La colección paleontológica está formada por más de 4.000 especímenes principalmente del Cenozoico. La mayoría de la colección está representada por crustáceos fósiles del Eoceno y el Oligoceno con más de 150 holotipos y está compuesta por más de 3200 muestras.

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