Criticaron a Trump por su retórica racista

Domingo 12 de agosto de 2018
Un año después de culpar a “ambos bandos” por los choques violentos entre supremacistas blancos y sus críticos, Donald Trump sigue coqueteando con las palabras de matices raciales y recibe escasas críticas de los dirigentes republicanos por ello.
Líderes negros y demócratas sostienen que el tono y las medidas de Trump en materia racial empeoraron en los meses transcurridos desde la violencia en Charlottesville, Virginia.
El resultado es un escenario político dividido en el que la retórica racista recibe escaso castigo y a veces una clara recompensa. Los demócratas apuestan a la movilización de izquierdistas y minorías, negros en particular, para recuperar la mayoría en el Congreso.
A su vez, los republicanos esperan contener la oleada demócrata mediante una fuerte participación de los votantes blancos de derecha que ayudaron a elegir a Trump y lo alientan en su disposición a sumergirse en asuntos candentes con matices raciales.

Muerta y heridos
La manifestación de nacionalistas blancos hace casi un año en Virginia, que dejó a una mujer muerta y decenas de heridos, resultó ser decisiva, tanto para el movimiento de extrema derecha como para la propia ciudad.
Desde entonces, muchos residentes dicen que las heridas no se curaron y la violencia evidenció diferencias sobre cuestiones más profundas, de raza y desigualdad económica, y que es necesario resolverlas. James Fields, un residente de Ohio, embistió con su auto a una multitud que protestaba contra una marcha de supremacistas blancos en  Charlottesville. En el hecho murió Heather Heyer, una asistente legal de 32 años.
“Una de mis mayores quejas con la gente de este pueblo el año pasado fue que la gente, en su mayoría blanca, seguía diciendo ‘Esto no es Charlottesville’”, dijo Brenda Brown-Grooms, activista local. “Me pregunto en qué planeta viven. Esto es exactamente lo que somos”.Brown-Grooms nació en Charlottesville, en el sótano segregado del hospital de la Universidad de Virginia. Asegura que la supremacía blanca estaba presente allí  mucho antes del mitin de hace casi un año y que es el “elefante en el cuarto” con el que la ciudad debe lidiar ahora.
Desde el mitin fatal del 12 de agosto, los activistas presionaron a los líderes para que se ocupen del pasado de racismo y esclavitud de la ciudad, sus crisis de viviendas y la relación de la policía con la comunidad negra. El evento fue una de las congregaciones más grandes de nacionalistas blancos y extremistas de extrema derecha en una década. Se vistieron como si se dirigieran a una batalla, gritaron insultos racistas y se enfrentaron con la gente que se les oponía.

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