Crimen de la sargento: detenido con el arma dijo que la compró - El Territorio Misiones

Crimen de la sargento: detenido con el arma dijo que la compró

Martes 23 de junio de 2020 | 07:08hs.
Carlos Cardozo

Por Carlos Manuel Cardozo fojacero@elterritorio.com.ar

El último de los implicados por el homicidio de la sargento Romina Beatriz Rodríguez, detenido en su casa con el arma homicida días después del crimen, fue trasladado ayer ante la Justicia para completar una audiencia indagatoria, según detallaron fuentes del caso a este medio. 
Sin embargo, el joven aún no fue imputado por el asesinato, sino por la tenencia del arma y vehículos robados en su casa. Es que mientras las autoridades del Juzgado de Instrucción Dos no reciban el informe de balística, que hasta ayer no había sido incorporado al expediente, no hay nada que lo relacione con el crimen. 
No obstante, este medio pudo averiguar que ante el juez Juan Manuel Monte, Guillermo P. (23) decidió declarar y expresó que compró la 9 milímetros a un tercero, aunque sin señalar a alguno de los cuatro detenidos que tiene el caso. También dijo que una de las motos incautadas en su domicilio no era de él. 
Las fuentes no brindaron mayores detalles para preservar la investigación por el crimen. Como ya informó este medio, el joven será también imputado por el delito homicidio agravado por el uso de arma de fuego, en poblado y en banda y la expectativa está en que en esa audiencia también decida aportar lo que sabe por este hecho. 
Los otros cuatro implicados del caso hasta el momento son Adelio “Sacachispas” W. (28), Braian B. (18) y Claudio O. (19). Se cree que los dos primeros fueron quienes ingresaron a la vivienda de la sargento para perpetrar un robo, mientras que el restante ofició de “campana”.
El cuarto detenido es el hermano de uno de ellos, que también estuvo con el grupo la noche del crimen. En la audiencia indagatoria todos decidieron abstenerse de declarar aunque eso podría cambiar debido a que ya se detectaron conflictos de intereses, al punto que los hermanos y los otros dos detenidos tienen tres defensores diferentes.  
El allanamiento en la casa de Guillermo P. (23), ubicada sobre la avenida Alberto Roth del barrio Ñu Porá, se hizo el 10 de junio y estuvo a cargo de la Dirección de Homicidios e Investigaciones Complejas de la Policía. La Browning incautada, que tenía un proyectil en la recámara y número de serie 242.988, estaba escondida en una “doble pared”, según lo detallado por fuentes que estuvieron en el lugar. 
Se determinó rápidamente que no se trataba del arma de la víctima, aunque sí había sido robada a un policía el año pasado en Posadas. En el lugar los uniformados también incautaron dos motocicletas que habían sido denunciadas como robadas en Garupá y El Soberbio. 
En el inmueble, señalado como un aguantadero, también había un joven de 16 años que quedó a disposición de la Justicia de Menores y luego fue entregado a sus tutores.  
El asalto ocurrió en horas de la mañana del 2 de junio, después de que el marido de Rodríguez saliera hacia su trabajo. Los vecinos oyeron tres detonaciones y la autopsia terminó confirmando que la víctima sufrió tres impactos de bala: uno en la panza, otro en la cabeza -que atravesó su muñeca- y el restante en el dedo pulgar. 
Los pesquisas creen que la mujer intentó cubrirse el rostro con el celular en la mano, ya que el aparato quedó destruido por uno de los proyectiles. La mujer dormía en la habitación con su hijo de 6 años, quien habría presenciado todo y avisó a su hermana, que vive en un departamento al fondo del terreno, de la secuencia. 
Los asesinos utilizaron la 9 milímetros incautada y periciada, además de una calibre 22 que aún no fue encontrada.  
La hipótesis principal arroja que el grupo sabía que la mujer tenía dinero y su arma en la casa y fueron por ambas cosas. La plata, cerca de 50.000 pesos en efectivo, fue hallada escondido en una segunda requisa en el lugar de los hechos, mientras que el arma no apareció. 
Fuentes del caso mencionaron que hay una posibilidad mínima que aún esté en el inmueble, debido a que compañeros de trabajo y familiares coincidieron en que la sargento era muy celosa del lugar donde guardaba su reglamentaria. En este sentido, se tiene que decir sobre le pedido de los abogados para una inspección en el lugar. 
Más allá de eso, todo indicaría que fue sustraída y que está siendo “enfriada” hasta que pueda venderse o utilizarse ilegalmente.

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