Cerro Corá resurge y ya no es sólo un recuerdo de Misiones

Domingo 12 de agosto de 2018
Victoria Bergunker

Por Victoria Bergunker interior@elterritorio.com.ar

El pueblo del olvido, le decían. Ubicado al Sur de la provincia de Misiones, Cerro Corá fue fundado en el año 1894. Hasta comienzos del siglo XX fue un vivo retrato de sus mágicos paisajes, la inmensidad de su serranía, y lo más importante: el trabajo no faltaba. El tabaco y la caña de azúcar eran dos enormes fuentes de trabajo para los colonos y sus familias. Pero vinieron los años de decadencia y declive económico de los que casi nadie pudo escapar. La densidad de la población cayó notablemente debido a la migración de los colonos a la ciudad.
Hoy este pueblo, que parecía haber quedado en el olvido para siempre, vuelve a soñar. Cerro Corá es parte de un programa denominado ‘¿De qué va a vivir mi pueblo?’, impulsado por la Agencia de Desarrollo Económico de Misiones (Ademi) que después de un sondeo determinó que era un lugar propicio para el turismo, por su historia y sus paisajes.
Se sumó a la iniciativa la Municipalidad del pueblo, el Ministerio de Turismo y la Universidad Nacional de Misiones (Unam). Esta última brindó a los pobladores una capacitación de Operador Turístico Territorial (OTT) en la cual se profundizó en la historia y geografía del lugar para poder brindar a los turistas un recorrido completo. A partir de allí se trazaron los senderos y los principales atractivos del casco histórico. Fue así que en julio de 2017 se hizo una prueba piloto gratuita, y este último domingo fue el tercer evento turístico que brindaron los cerrocorenses.
Actualmente trabajan en el proyecto alrededor de diez familias,  pero esperan que se sumen cada vez más generando así fuentes de trabajo para mejorar la calidad de la oferta.
El recorrido por ahora cuenta con un paseo por el centro del pueblo, donde se visitan los lugares más antiguos e icónicos como la escuela, la Municipalidad, la tabacalera y la iglesia, entre otros. Además se realiza una caminata por el cerro hacia la Virgen de los Pobres, y culmina en la granja El Pajarito, donde se almuerza. También la idea es incorporar una visita a la casa de Norma, una de las apicultoras del pueblo, para que cuente los procesos de producción de la miel, pero por la época invernal todavía no está en el circuito.
Verónica Fonzalida es una de las senderistas que se formó en el programa. “La gente no conoce Cerro Corá, incluso muchas veces lo asocian con Paraguay”, comentó. “Acá hay mucho por conocer, la idea es ir incorporando de a poco más senderos y actividades, queremos hacer cabalgatas y recorridas en bicicleta, avanzamos de a poquito”, dijo entusiasmada y ansiosa por el recorrido que estaba a punto de comenzar.
Los turistas, en su mayoría misioneros, se encontraban emocionados por la experiencia. Chiqui Rivero, obereña, se enteró por Facebook de la propuesta y fue acompañada de una amiga. “Me parece una experiencia fantástica para aprovechar los lugares que tiene la provincia. Para hacer una locura tenés que buscar otra loca, -dice mientras se ríe y mira a su amiga- porque tenés que levantarte temprano, un domingo… hay que hacer un sacrificio, pero vale la pena. Se vuelve como un vicio, uno después dice: ‘¿Qué puedo hacer ahora?’”.

Los cerrocorenses
Marta Sosa es la encargada de brindar los desayunos, que se realizan en la plaza 20 de Junio, punto de partida del circuito. Tiene un negocio de panadería, rotisería y heladería, que lleva adelante junto a sus dos hijas, y que construyó hace tres años con el sudor del esfuerzo. El servicio que brinda a los turistas es más que completo y bien misionero: mate cocido o café con chipas, facturas, reviro y tortas fritas, más un jugo; todo casero. Mientras amasaba las chipas, acomodaba las facturas y mostraba orgullosa su cocina, charló con El Territorio.
“Para el emprendedor que quiera trabajar y busca una salida laboral, esto es muy importante. En mi caso aumentaron las ventas e ingresos, mejora tu calidad de vida. Además de esta forma mostrás tu lugar y valoramos más lo que tenemos, que muchas veces ni nosotros sabemos. Gracias a Dios me está yendo muy bien”.
Pero Marta es sólo una de las tantas que forman parte del programa. Andrea Maciel es una joven de 22 años que se desempeña como senderista, y cree que “esto ayuda a valorizar lo que cada uno tiene como región, es lo más importante, poder resaltar lo que hay en cada pueblo”.
El mismo caso es el de Griselda Gusmán, quien acompañó el recorrido a la Virgen de los Pobres junto a su compañera María Maciel. “Recién arrancamos pero se va encaminando. Siempre que tengamos un buen cupo de personas que quiera venir, estamos, aunque no sea domingo. Es muy difícil conseguir trabajo acá, la mayoría opta por irse a las fuerzas o a la Policía”, recalcó María.

Virgen de los Pobres
Cuenta la historia que una señora llamada Irma Figueredo, oriunda de Cerro Corá, soñó una noche con una Virgen que le pedía ser llevada a un lugar específico dentro del cerro. La señora Irma, muy religiosa, no se lo tomó como un sueño más y decidió hacer carne este pedido, entendiendo que alguna razón tenía.
La mañana siguiente, le pidió a su marido que la acompañara. Dicen los pobladores que caminaron largas horas por el cerro, hasta que encontraron el lugar que la virgen le había indicado para ser depositada. Fue un momento de enorme satisfacción, pero había un pequeño problema: Irma no sabía de qué virgen se trataba, o mejor dicho, no sabía cómo representarla. Fue así que buscó incansablemente, y finalmente encontró su imagen en alguna parte del Brasil.
La denominó Virgen de los Pobres, y mediante una ordenanza se aprobó que fuera depositada donde actualmente se encuentra, con su respectivo santuario. Cuentan que la señora era muy solidaria, y organizaba meriendas para los chicos siempre que podía. Falleció hace tres años, pero su recuerdo está intacto y hoy representa un atractivo turístico que vale la pena conocer. Todos los 17 de enero, se hace una celebración en conmemoración al día en que fue llevada.

Casco histórico
El centro del pueblo representa una vertiente de historias que asoman en cada edificio. Uno de ellos es la primera escuela, que durante muchos años fue solamente primaria, y fue construida en el primer Plan Quinquenal de Perón.
El juzgado fue edificado donde antiguamente fue la casa de Clemente Pereyra, el curandero del pueblo. Dicen que era un “operador mental”, y que curaba a los enfermos de una manera muy extraña: los hacía pasar a una piecita, y él se encerraba en otra, donde se escuchaban ruidos “como de una máquina”. Luego de eso, les decía cuál era su diagnóstico, y con solo tocarlos ya estaban curados.
La iglesia es otro hito, ya que fue construida toda de madera, que fue donada por Atanacio Meza, quien fue dueño del cerro.

El final del recorrido
La granja El Pajarito, de la que es dueño Miguel Sosa, es el último punto del circuito. Allí se conocen los criaderos de chivitos, ovejas y cerdos, y se disfruta de un almuerzo digno del recuerdo. “Hacemos comidas típicas de la influencia que tenemos nosotros como familia, mitad paraguaya y mitad brasilera. En esta oportunidad brindamos un arroz con gallina casera y una feijoada con chancho”, explicó.
La familia Sosa trabaja en la granja, su actividad principal es la cría de chivitos y ovejas, aunque también se dedican a la apicultura, al desmonte y la producción de carbón. Sin embargo, Sosa sostuvo que esta última actividad está en decadencia, y que el turismo viene a suplirla “es una entrada más”.
Además destacó que “nosotros principalmente estamos poniendo todo el esfuerzo en atraer a la gente, con precios moderados y brindando un servicio lo más personalizado posible”.
“Esto es parte de animarse, recibir gente, aunque todavía no tengamos todas las condiciones”, agregó y en cuanto al evento del pasado domingo concluyó que “salió muy lindo y el día ayudó, y lo más importante es que la gente se fue contenta y le gustó el lugar".

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