Candelaria: el predio de la reducción jesuítica pasará a manos de la comuna

Viernes 12 de octubre de 2018 | 07:47hs.
Esteban Bueseck

Por Esteban Bueseck interior@elterritorio.com.ar

La Reducción Jesuítica de Nuestra Señora de la Candelaria fue declarada en 1943 Lugar Histórico Nacional y asignada al Servicio Penitenciario Federal, a través de la Unidad Penal 17 con asiento local, para su resguardo, mantenimiento, conservación y custodia. Sin embargo, en los últimos años el Ejecutivo local inició gestiones ante la Nación para obtener el traspaso de ese predio. En ese marco ayer, se desarrollaron reuniones en esta ciudad y en la Capital Federal y se logró avanzar en ese punto. Así, estiman que el predio pasará a manos del municipio antes de fin de año.
“Se avanzó en la recuperación y está todo encaminado para que se concrete antes de fin de año”, precisó a El Territorio Atilio Cantalupi, director de Turismo local.
Por estas horas apuran la firma del traspaso por parte de la Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y de Bienes Históricos que preside Teresa Anchorena, dado que existe un crédito internacional aprobado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para poder recuperar el espacio. “Si no se firma esa resolución el crédito se cae”, afirmó Cantalupi, aunque estimó que la firma se dará en el corto plazo porque “todos en la reunión estuvieron de acuerdo en el paso a manos de la localidad”. Con ese dinero prevén comenzar los muros perimetrales para iniciar la salvaguarda del espacio.
 En tanto, al salir del encuentro en simultáneo que se concretó en Buenos Aires y del que participaron el Secretario de Cultura de la Nación, Pablo Avelluto; el director general de Penales Federales, Juan Carlos Lafuente; y autoridades de la Comisión Nacional de Bienes Históricos, el intendente local, Daniel Luna, expresó: “Fue un día de intensas gestiones en el que pudimos presentar ante el el Secretario de Cultura documentación de cada gestión que se realizó ante distintos organismos provinciales y nacionales durante todo este tiempo”.
Se mostró confiado al decir “estoy seguro de que en muy poco tiempo la reducción pasará a manos locales. Así podremos comenzar los trabajos que son necesarios realizarlos con urgencia para preservar tan valiosa estructura histórica”.
Se supo que el martes se avanzará en nuevas reuniones y estiman que se conozca la novedad en breve. De pasar a manos locales, se activarán distintos programas que tiene la Provincia para el resguardo y puesta en valor de los monumentos, tal cual se trabaja en Corpus. Incluso se prevé que se pueda acceder a más líneas de financiamiento internacional que tienen el Banco Interamericano de Desarrollo o la Unesco para este tipo de patrimonios.
En la actualidad, la institución penal obra de custodio de la histórica edificación que correspondió a los talleres de la comunidad jesuítico-guaraní que habitó allí hace más de 400 años. No obstante, debido a la falta de adecuado mantenimiento, las paredes sufrieron un grave deterioro, al punto que una de ellas se derrumbó en febrero pasado, después que una tormenta azotó la zona. Este hecho había sido preanunciado por los equipos técnicos que realizaron estudios en el lugar.
Los trabajos también señalaron que el peligro de más derrumbes sigue latente y aumentando y éstos serán inevitables si no se toman acciones concretas y urgentes para realizar los trabajos de contención de lo que aún queda en pie.
“Una vez que logremos recuperarla, podremos accionar en beneficio de la preservación de tan importante sitio”, anticipó el alcalde.

Especialistas al rescate
Hace al menos tres años, Candelaria impulsó una investigación sobre el estado del patrimonio jesuítico, para lo que se contó con el trabajo de un grupo de arqueólogos y antropólogos y con el aporte de la Provincia. Este equipo entregó en julio de 2016 los primeros resultados del relevamiento del sitio. “El equipo técnico realizó un estudio de factibilidad del rescate y puesta en valor, entre los que trabajaron se encontraban antropólogos, abogados y varios profesionales más, el trabajo se hizo en conjunto con Cultura provincial y el informe lo presentamos a varios organismos para buscar apoyo en este proyecto de rescate del patrimonio histórico y cultural de los candelarienses”, señalaron.
De esas gestiones, en aquel momento, se recibieron respuestas favorables de varias instituciones interesadas en este rescate, como Turismo de la Nación y la Comisión Nacional de Bienes Históricos. Incluso la Provincia, a través del gobernador Hugo Passalacqua, comprometió su respaldo.
“Falta un trabajo minucioso para sacar los árboles que crecieron entre las paredes del edificio en ruinas”, anticiparon con los primeros relevamientos.
Para ello se deben desarmar los muros en altura, enumerar piedra por piedra y una vez realizada esa tarea por profesionales, se deben rearmar las paredes exactamente como estaban, pero ya aseguradas para que no se desplomen.
Por el momento, todos los rescates están paralizados y a la espera de que llegue ese financiamiento para salvar la memoria guaraní jesuítica. Lo que más preocupa es el riesgo cierto de derrumbe que corren las reducciones.

La historia viva de las misiones pide ser salvada

Fueron los sacerdotes Pedro Romero y Roque González quienes fundaron el 2 de febrero de 1628 la reducción jesuítica de Candelaria del Caazapaminí, en un valle formado por los ríos Ijuy y Piratiní, ambos afluentes del río Uruguay, en la región conocida como El Tapé (hoy Brasil). En 1627 ya se había fundado una reducción bajo la advocación de la Virgen de la Candelaria, sobre la margen derecha del río Ibicuy, también afluente del Uruguay, la cual tuvo una vida efímera.
En 1637, la reducción de Candelaria decide mudarse debido a los insostenibles ataques de los bandeirantes. El primer destino fue el actual territorio de Paraguay, en  cercanías a la reducción de Itapúa.
No permaneció mucho tiempo del lado paraguayo y se realizó una nueva mudanza al lado argentino y se instaló sobre el río Igarupá (Garupá). Durante ese asentamiento provisorio se construyó el núcleo urbano definitivo que se ve hasta hoy en su actual ubicación, en Candelaria.
Los documentos de la época revelan que en 1665 el pueblo jesuítico-guaraní de Candelaria se instalaba definitivamente en su actual emplazamiento.
En el Cabildo de Candelaria, los religiosos a cuyo cargo quedaron las Misiones luego de la expulsión de los jesuitas en 1768, reconocieron a la Junta de Gobierno nombrada en Buenos Aires en 1810.
Por el Tratado de Comercio y Límites, firmado con Asunción en 1811, Candelaria, junto con otros cuatro pueblos paranaenses, quedó bajo custodia del Paraguay. Recuperados en 1815 por Andrés Guacurarí, en 1821 fueron tomados nuevamente por los paraguayos, en cuyo poder quedaron hasta 1865.
Así, los ruinas que se mantienen hoy a 300 metros de las orillas del Paraná componen un sugerente contexto paisajístico. Los restos en elevación que persisten corresponden a la sede del Superior y a los talleres, una edificación que presentaba una planta alta y, probablemente, un subsuelo.
Estos testimonios, los más monumentales, llegan a una altura que oscila entre los seis y siete metros.

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