Marcha de los Días
Riesgo Milei
La inesperada sorpresa fue lo sucedido esta semana en Paraguay. Millones de clientes se despertaron con la noticia de la intervención y el colapso operativo de Ueno Bank. Representó un episodio de extrema gravedad que causó la mayor inestabilidad económica e institucional de los últimos años en ese país. El Banco Central decretó la intervención de esa entidad crediticia al detectar un deterioro drástico en su solvencia e inconsistencias, entre otras irregularidades que llevó a congelar de manera temporal operaciones. Uno de los puntos graves es que la entidad administraba cuantiosos recursos del Estado, por lo que se decidió recurrir al fondo de garantía.
Los afectados se elevan a unos 3 millones de clientes y las repercusiones salieron de lo estrictamente financiero para recalar a lo político y terminar con la presidencia de Santiago Peña. Al dar a conocer su renuncia argumentó que era para preservar la estabilidad, la paz social y las instituciones democráticas del país. A su vez, Diputados votó por unanimidad el juicio político pese a la renuncia de Peña. Representa una sanción política, decisión que pasó también por el Senado.
Aunque se plantea como un caso aislado, pone a prueba el sistema financiero paraguayo que hasta el presidente Javier Milei lo destacaba como un modelo de estabilidad macroeconómica a seguir, rescataba el orden fiscal y la libertad de inversión, además de consolidar alianza con el ahora caído en desgracia Peña. Últimamente, como se verá, toda proximidad del presidente argentino, no está generando efectos positivos.
La extrema derecha se debilita
Al respecto hay que señalar que se registra en el mundo, una elevada frustración de la ciudadanía hacia la derecha más extrema, cuya bandera levanta Milei e impacta de lleno en las urnas. Los resultados están a la vista. La gran derrota en Estados Unidos de Donald Trump tras la histórica remontada electoral de Luiz Inácio Lula da Silva. Lo previo parece confirmar lo que decía Tom Jobim, uno de los referentes de la bossa nova, “Brasil no es para principiantes”, apuntando directamente a su competidor Flávio Bolsonaro. También es válido para aquellos outsiders como Milei, que llegó al poder con la promesa incumplida de recuperación económica y armó un gobierno de castas, cuando lo que prometía era eliminarlas.
La pérdida de paciencia y el malhumor de la ciudadanía va en aumento por estas figuras de la extrema derecha. “El principio del fin de cierta extrema derecha en el mundo” fue lo que anticipó con mucho acierto el consultor Gustavo Córdoba desde Estados Unidos, al evaluar -horas previas al resultado electoral- lo que parecía cantado, la derrota de Trump, aunque nadie imaginaba que iba a ser tan aplastante y contundente. Incluyó en su repaso a aquellos con similares ideologías.
Se suma otro factor, como ocurrió en las principales ciudades de Brasil: el progresismo e independientes volvieron a copar las calles, como hicieron los seguidores de Lula. La movilización es algo que a la derecha nunca le cayó bien, como sucede en la administración de Milei en Argentina, que instaló un sistema para reprimir cualquier tipo de manifestación popular.
Así como la derecha más extrema está perdiendo el control de las calles, también se les está escapando el control en las redes sociales. De hecho, el motor de la campaña armada por el reelecto presidente de Brasil fue a través del diputado izquierdista André Janones, quien convirtió un canal de WhatsApp abierto en un verdadero “Ejercito de Lula”, en el sentido de entusiastas militantes de esta época.
Por tal razón al diputado brasileño lo rebautizaron como el “general”. Es la estrella del momento en el ámbito político y fue recibido esta semana en Argentina por Cristina Kirchner y Sergio Massa. Para ambos dirigentes nacionales representó volver a compartir agenda, después de aquel reencuentro del 17 de octubre. Afirman que el “general” les detalló cómo avanzar en la construcción de un frente nacional anti-Milei, de cara al próximo proceso electoral en la Argentina.
Efectos negativos
Claramente lo sucedido esta semana y en forma previa es de muy alto impacto que amerita un análisis profundo. Como se indicó, el martes 3 de noviembre, mientras Estados Unidos votaba, el riesgo país de argentino se disparaba, bonos y acciones caían en la City y, al conocerse los resultados, llegó la confirmación de que los demócratas ganaron en forma contundente ambas cámaras. El jueves el riesgo país trepó a los 927 puntos básicos y cayeron los bonos y acciones.
Trump sufrió una dura derrota y con él, el principal aval político de Javier Milei.
La paliza electoral contra los republicanos es multicausal, pero claramente los problemas económicos a causa de la guerra con Irán impulsada por Trump, tuvo sus consecuencias. Desde el aumento histórico del combustible que utilizan las familias para moverse y el diesel para el agro, a los jóvenes que fueron su fuerte hace dos años, ahora lo abandonaron mayoritariamente. La inflación golpea el costo de vida, la política agresiva e inhumana contra los inmigrantes. Representan algunas de las causas de la aplastante derrota de Trump. No fue un hecho aislado. Como se dijo, en diez días, Lula ganó en Brasil por más de cuatro millones de votos, Flávio Bolsonaro terminó fugado en Miami y Benjamín Netanyahu ganó en Israel sin mayoría para formar gobierno, un triunfo pírrico. Los referentes del mundo ideológico de Milei cayeron casi todos a la vez.
Milei ató su política exterior a esos nombres, alineamiento automático con Trump y Netanyahu, apuesta a Bolsonaro, silencio y aislamiento continental ante el triunfo de Lula.
La subordinación de Milei con Trump le sirvió para los rescates de última instancia ante las necesidades financieras del gobierno libertario. Scott Bessent le dio a días de las elecciones del año pasado un swap de 20.000 millones de dólares y los 7.000 millones del Exim Bank. A partir de ahora, los rescates se complicarán, cada dólar para los libertarios será revisado por legisladores que ya anunciaron investigaciones a Trump.
Un plan económico que no cierra
Pero el problema no es sólo geopolítico. Los inversores miran un plan económico que no cierra en la calle, falta trabajo y hay pérdida de empleo, salarios y jubilaciones por debajo de la inflación, empresas que cierran, familias endeudadas para pagar comida y tarjetas, tarifas que suben todos los meses. La inversión real privada cae 7,6% en el año, según Orlando Ferreres, y los asalariados del Banco Provincia de Buenos Aires se quedan sin dinero, en promedio, el día 10. Se ajusta el consumo, nadie invierte, porque no hay quien compre. A eso se suma un Banco Central que no acumula reservas.
El gobierno dirá que la volatilidad es externa y pasajera, y que el orden fiscal y la baja de la inflación son logros genuinos. Lo raro es que sólo en Argentina sube tanto el riesgo país. El modelo beneficia a pocos sectores, mientras el bolsillo, el comercio, la producción, el empleo y la industria no mejora, el país no tiene sólo riesgo país: tiene riesgo Milei.
La llegada del Papa
El papa León XIV arribará al país el 8 de noviembre. Representará una visita histórica ya que pondrá fin a 39 años de ausencia papal en la Argentina, incluida la esperada y frustrada llegada de Francisco. La visita del Sumo Pontífice a la Argentina cobra una magnitud institucional, social y política extraordinaria. Se erige como un acontecimiento bisagra y se espera se reflejen las demandas más urgentes de la sociedad. Estará palpando la realidad frente a una visión oficial del gobierno de Milei que recorta la intervención del Estado y cuestiona la justicia social, cuando el mensaje del pontificado es que no puede haber paz sin equidad, educación, desarrollo, ni trabajo.
La expectativa de los movimientos sociales y sectores vulnerables es que la presencia del Papa funcione como un amplificador de la indiscutible crisis alimentaria y el sufrimiento que padecen millones de argentinos. Es decir que la presencia del máximo representante de la iglesia, permita visibilizar el costo de las políticas implementadas por el gobierno libertario.
En el plano institucional, está confirmada la presencia de la totalidad de los gobernadores provinciales, como lo ha hecho el gobernador misionero Hugo Passalacqua. Entienden que se abre un canal de diálogo interinstitucional sólido en medio de un escenario fiscal y político nacional asfixiante.
Obras que se diferencian de la Nación
En medio de los interminables recortes y paralizaciones generales de obras realizadas por el gobierno de Javier Milei, en Misiones la decisión política de la administración del gobernador Hugo Passalacqua es sostener el ritmo de construcciones que mejora el nivel de vida de los vecinos. Lo ejecuta con fondos provinciales y con ello marca una línea diferencial con la gestión nacional. Todo lo previo es posible a partir de una capacidad administrativa y previsibilidad fiscal.
Esta semana, en uno de los recorridos realizados por el mandatario provincial y tras hacer entregas de viviendas, se conocieron los resultados de los planes habitacionales en marcha, como sucede ya con las 431 viviendas entregadas en lo que va del año y otras 350 viviendas proyectadas hacia fin de año. No menos relevante es que la reactivación de la construcción de viviendas, como sucede en el barrio Itaembé Guazú, brinda mano de obras de unos 450 operarios y se proyecta que podría alcanzar a 1.000 puestos de trabajo directo. Una vez más queda en plena evidencia que las grandes obras representan un dinamizador de la economía, ante un enfriamiento de la construcción a nivel nacional.