2026-11-03

Una derrota de Trump representaría “el principio del fin de cierta extrema derecha en el mundo”

Es lo que plantea desde Estados Unidos el consultor Gustavo Córdoba. Entiende que un revés del presidente del país del Norte representaría el inicio del ocaso de las derechas duras. Habla del impacto en Argentina

Una derrota de Donald Trump en las elecciones de este martes 3 en Estados Unidos, podría resonar fuerte en la Casa Rosada. En esta entrevista exclusiva, el consultor político Gustavo Córdoba de Zuban Cordoba y Asociados, analiza cómo un revés electoral de Donald Trump debilitaría a los liderazgos de extrema derecha en el mundo. En tal contexto, entiende que dejaría al presidente de la Nación, Javier Milei en una situación de aislamiento internacional. Todo lo previo, enciende luces de alerta sobre la economía y la estabilidad política local.

Estamos ante una elección sumamente clave a nivel global. ¿Qué implicancias tendría un resultado adverso de Trump, no solo para Estados Unidos, sino de manera directa para la Argentina?

Es una elección histórica. Tiene implicancias internas profundas para Estados Unidos, pero por supuesto para todo el mundo y, obviamente, para la Argentina. Hay que pensar que no es lo mismo para Milei una nueva derrota de un aliado ideológico internacional de la importancia de Donald Trump.

Si repasamos el mapa global, perdió el presidente de Turquía (Recep Tayyip) Erdogan a principio de año, perdió (Flavio) Bolsonaro en Brasil y no terminó de perder todavía (Benjamín)Netanyahu en Israel, pero va en esa dirección. Así que, de producirse una nueva derrota, la de Trump, lo pone a Milei en una situación de debilidad internacional muy fuerte, lo que puede generar impactos en la Argentina en la idea de un problema de consistencia en el apoyo.

¿Cree que este golpe externo puede llegar a repercutir en el día a día de la gestión y en la gobernabilidad del gobierno libertario?

Absolutamente. Sus seguidores actuales, cuando vean y verifiquen la derrota de Donald Trump -que por otro lado aquí en Estados Unidos nadie discute, lo que se discute acá es eventualmente la magnitud de la derrota-, bueno, eso puede tener implicancias también para la gobernabilidad. Ni quiero pensar, ni lo quiero poner como tema central, pero bueno, es inevitable preguntarse: ¿Cómo va a abrir el riesgo país mañana (por este miércoles 4) en Argentina?

-Algunos analistas señalan que la derrota de Trump podría ser contenida, en principio, por el hecho de que mantenga o pierda poder en el Congreso. ¿Cómo ves ese contrapeso institucional?

Sí, pero fíjate que Trump en su primer mandato prácticamente no le dio importancia al Congreso. En este segundo mandato que tiene, incluso con mayorías relativas en las cámaras, terminó siendo un actor de reparto, uno más del montón.

Yo iría más allá. Creo que para Trump la victoria o la derrota formal terminan siendo casi irrelevantes en su método, porque de cualquier manera él va a tensionar el sistema político norteamericano y va a ir a fondo. Tiene un margen operativo hasta el 18 de enero con el actual Congreso, así que imagínate dos meses en el mundo actual; es margen más que suficiente para seguir generando fricción. Recién el 18 de enero asume el nuevo Congreso.

¿Y qué escenario se abre a partir de esa renovación legislativa?

-Allí sí lo que puede darse es una suerte de limitación o disminución del margen de maniobra que tiene la administración de Trump en algunos temas específicos. En otros, mantendrá el margen habitual, pero, por ejemplo, una ayuda extraordinaria a la Argentina -como la que le dieron en octubre del año pasado a Milei-, yo creo que eso entra dentro de los tópicos que van a tener menos margen y van a ser mucho menos probables. De cualquier manera, es Trump con su estilo y su manera de manejar el poder. Pero es innegable que estará más limitado, por ejemplo, para una asistencia como aquel salvataje financiero.

-Mencionabas el caso argentino. ¿Cómo ves parada a la economía local en este contexto de soledad internacional?

-Yo te diría que el gobierno de Milei nace fundamentalmente impulsado porque la economía estaba muy mal, y si bien tuvo un veranito de dos o tres meses de efecto victoria, después la imagen del gobierno y la economía argentina nunca arrancaron, nunca remontaron, nunca tomaron el envión necesario para mejorar. Así que encontramos hoy un presente en el cual la Argentina está complicada, y Milei se puede llegar a encontrar muy solo en el escenario pensando en lo que viene, que es una elección de mitad de término y la proyección hacia la continuidad de su gobierno.

-De producirse tal derrota y si extrapolamos para el crecimiento que venía teniendo este tipo de espacio. ¿Podríamos entender como una señal del principio del fin de cierta extrema derecha a nivel global?

-Exacto. Sería una suerte de mojón que marcaría que la derecha dura ha empezado a debilitarse, como ha ocurrido por ejemplo en Brasil. Podemos entender esto como una especie del principio del fin de cierta extrema derecha que no ha encontrado en la economía razones de peso para progresar.

Si vos me preguntás a mí cuál es el principal tema en Estados Unidos por el cual la gente va a votar en contra -es decir, el motor de un voto castigo al gobierno de Donald Trump-, sin duda es la economía. El precio del galón de combustible, que estaba a 2,70 dólares meses atrás, ahora está a 4,20 dólares. Imaginate. El norteamericano promedio vive arriba del auto, cada familia tiene dos o tres vehículos, y eso se hace sentir de inmediato en la economía cotidiana.

¿Hubo algún otro factor de peso que esté inclinado la balanza en el electorado norteamericano?

-El segundo elemento que yo te pondría sobre la mesa es un cambio rotundo en el voto latino. El votante latino representa prácticamente hoy cerca de 60 millones de personas; es una primera minoría muy extensa. En la elección presidencial anterior, los votaron masivamente a Trump, o en su gran mayoría. En esta elección, a raíz de la política migratoria, me parece que hay un quiebre. Muchos latinos terminaron votando en defensa propia. Posiblemente en algunos estados clave como Texas o Kansas, los demócratas tengan chances reales de ganar justamente por este cambio cualitativo en la dirección del voto latino.

Para salir de la macro y llevarlo a lo cotidiano. ¿Cómo vive un ciudadano estadounidense promedio las elecciones? ¿Hay pasión como en la Argentina a la hora de defender una postura?

No, no, para nada en las calles. Ahora, en las redes sociales tenemos la misma intensidad. Hay fake news igual que en Argentina, funciona exactamente igual. Te aparecen publicidades cruzadas, peleas, discusiones en plataformas digitales. En los medios de comunicación también se vive con mucha fuerza. Pero en la calle, vos caminás y podés decir “che, acá no hay elecciones”, porque no hay clima, no hay debate público en las esquinas, no está esa pasión o la intensidad a la que estamos acostumbrados nosotros. Puede haber algún cartelito pegado por ahí, pero olvídate de las gigantografías; eso no existe. Las pintadas en las paredes, mucho menos. En la calle decís “no hay clima electoral”, pero en las redes y en los medios la polarización es total.

Para cerrar, ¿qué lectura te deja lo que fue el impacto del resultado en Brasil?

Creo que nunca un resultado electoral en la región fue tan determinante para pensar en el equilibrio democrático. Además, hay un elemento que me parece central. La extrema derecha ve a la democracia puramente como una cuestión de resultados. Si ganan ellos, es democracia; si pierden, es fraude.

Fíjate que Trump hoy está hablando de fraude, literal. Milei hace exactamente lo mismo. Si no ganan ellos, es fraude. Entonces creo que hay que repensar un poco a estos sectores que son profundamente antidemocráticos. Debieran replantearse su rol respecto a la positividad de la alternancia, la división de poderes y la transparencia. Suena muy lindo pedir auditorías al Estado, pero también tenés que estar dispuesto a que te las hagan a vos.

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