2026-11-01

Construir y proyectar una identidad colectiva

La investigadora Beatriz Rivero destacó el valor patrimonial, el encuentro intergeneracional y el potencial turístico de las fiestas populares.

Las fiestas populares son mucho más que espacios de mero entretenimiento. Fortalecen la identidad colectiva, transmiten tradiciones y prácticas entre generaciones y permiten que una comunidad se reconozca en su historia pasada y en su presente, pero también que proyecte su futuro.

Así lo explicó Beatriz Rivero, doctora en Ciencias Sociales por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) e investigadora y docente de la Universidad Nacional de Misiones (Unam), al analizar el valor cultural y patrimonial de estas celebraciones.

“Las fiestas populares funcionan como espacios de cohesión, espacios colectivos en donde se trabaja por el reconocimiento y la construcción de la identidad colectiva de una comunidad a través de esa expresión”, sostuvo.

Estas manifestaciones, distinguió, permiten compartir saberes, tradiciones orales, prácticas gastronómicas y relatos sobre los orígenes (y la vida misma) de cada región. “Las fiestas reorganizan temporalmente la vida: al día siguiente todo será como antes, pero durante el tiempo de la fiesta se derriban las barreras culturales o sociales”.

En ese sentido, remarcó la importancia del encuentro intergeneracional, que posibilita acercar a las juventudes prácticas culturales a las que, de otra manera, no podrían acceder. La investigadora también separó las fiestas populares de los espectáculos organizados con un fin principalmente empresarial. Aunque pueden incluir actividades económicas y financiamiento, consideró que su función central es fortalecer los vínculos comunitarios, preservar la identidad y promover el uso compartido del espacio público.

Como ejemplo en Posadas mencionó la Estudiantina. También resurgen en el calendario otros encuentros tradicionales como la Fiesta de San Juan, los Carnavales y fiestas productivas.

Turismo y protagonismo comunitario

Respecto de la posibilidad de incorporar estas celebraciones a la oferta turística, Rivero consideró que pueden convertirse en activos culturales sin perder su sentido, siempre que se respete la participación de quienes las organizan. “Es totalmente posible y deseable”, afirmó sobre el desarrollo como atractivo turístico. “Es muy importante mantener ese equilibrio entre la participación comunitaria como protagonista en la fiesta y esa transformación en un espectáculo, es decir, no romper esa ecuación”, valoró.

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