2026-11-01

El maestro rural en la agenda setting

La peor de las noticias. La peor de todas, la que nadie quiere seguir escuchando, ni leyendo ni viendo en los canales de televisión. El cuerpo de Nanci Estela Godoy (52), la docente de Corrientes que estaba desaparecida desde hacía al menos 19 días fue encontrado en un bañado de una zona de monte unos quince kilómetros al este de la Escuela N° 626 del Paraje El Malezal, dentro de la estancia El Curupí, donde la víctima trabajaba como maestra suplente. Su desaparición disparó un fuerte operativo de búsqueda y varias detenciones. Y mientras el caso iba ocupando lugar en la agenda setting (agenda pública), algunas preguntas se transformaron en temas de conversación y debate entre familiares, amigos, colegas.

He participado en varias charlas de ese tenor que me llevaron a reflexionar sobre cuánto se desconoce el trabajo del maestro en contexto de ruralidad cuyo reconocimiento figura en los recibos de sueldo bajo el ítem de “zona desfavorable”. Un interrogante me resultó inquietante, por supuesto no revelaré la fuente. “¿Con qué necesidad va a trabajar en esas condiciones, a ese lugar?”

La responsabilidad no recae en la maestra por desempeñarse en una zona rural; eso está fuera de discusión. No es negociable discutir ese punto. Pero la consulta en contexto coloquial deja en evidencia el desconocimiento del sistema educativo y la realidad de muchas provincias argentinas. No saber no supone una condena en este caso; los ciudadanos no estamos obligados a saber todo pero sí debemos interpelarnos e indagar.

La educación rural no es exclusiva de Corrientes, sus esteros y sus pantanos. La comparación con Misiones, sus picadas, sus parajes, es inevitable. Y ahí surge la necesidad de poner en valor al maestro rural. La Ley de Educación Nacional debe garantizar la escolaridad en zonas con necesidades y particularidades. En ese marco contempla la modalidad plurigrado, es decir, un mismo docente atiende en simultáneo, en una misma aula, a estudiantes de distintas edades y grados.

En la tierra colorada, según datos oficiales de este año, hay 3.000 estudiantes estudiando en escuelas rurales, 200 extensiones rurales y 700 docentes en la modalidad.

Son cientos de historias que merecen admiración. Hay nombres y apellidos por montones. A mí me viene a la memoria la maestra del caballo, que se hizo visible en El Territorio en 2016. Edy González Lemos (47) era docente de la Escuela 898 en el paraje Alegría, en la localidad de San Antonio. Primero iba a pie los 20 kilómetros que separan al pueblo de la colonia. Pero luego había optado por un medio de transporte más adecuado para la picada. “Voy a caballo para llegar a tiempo; y hay otros chicos que caminan ocho o diez kilómetros. Es una escuela común, pero hay chicos especiales, con muchas necesidades, con hambre, y a muchos les resulta imposible ir hasta el pueblo”, había manifestado en aquel momento.

De una noticia triste, como la de Corrientes, a la reflexión de una profesión busca imponerse en la agenda: el maestro rural. Caminando o a caballo, el educador debe llegar a su escuela, que termina siendo su hogar, para atender a un grupo de chicos que, sin ese docente, no tendría acceso a la educación.

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