El mundo está loco…loco…loco…(LV)
Por Roberto Abínzano Profesor Emérito Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales (Unam)
Es imposible no ocuparnos de lo ocurrido en la asamblea general de la ONU (9/2026). Hasta hoy el mundo sigue examinando los discursos, las entrevistas y las reuniones bilaterales, que tuvieron lugar de manera simultánea. Es cierto que, más allá de lo declarado en cada intervención, existe un nivel más profundo que no sale inmediatamente a la luz. Quizá lo más significativo sea la evidente crisis de la organización, que, cuestionada o negada por los diferentes participantes, muestra, sin dudas, una crisis nunca vista antes. Crisis quiere decir en griego juicio. Y la ONU está siendo juzgada. Tiene fiscales y defensores. Todo esto en medio de guerras que parecen cada vez menos solucionables por medio de la diplomacia. EEUU ha mostrado, como ningún otro país, desconocer el derecho internacional. Ellos mismos lo han dicho, y el discurso de Trump fue, en ese sentido, diáfano, porque son “el país más extraordinario de la historia”; “porque poseen el ejercito más poderoso”; “porque tienen derecho a intervenir en cualquier parte, donde para ellos, exista un peligro a su seguridad, su economía, etcétera”.
Nunca un estado con un alto grado de hegemonía se atrevió a declarar con tanta crudeza su vocación imperial, su aspiración a ser el “patrón de la vereda”. Rechaza la multipolaridad, que es, creo, inevitable. Trump debe ser quien más cuestiona a la ONU, porque lo obliga a una sujeción que entorpece sus estrategias geopolíticas. También Bukele cargó contra la inoperancia de la institución. Por su parte, el ministro de relaciones exteriores de Rusia realizó planteos diferentes y apostó a la posibilidad de potenciar a la organización y confiar en el Consejo de Seguridad, incluyendo más miembros permanentes, entre ellos, a Brasil.
El canciller Lavrov no se ocupó de la guerra de Ucrania, salvo de una manera algo confusa. Fue una polémica con acciones silenciosas en la concurrencia que salía de la sala según el orador. Netanyahu sufrió la humillación de un vacío protagonizado por 77 delegaciones. Y Milei habló con la sala casi vacía. El discurso del presidente de Irán fue duro, pero mucho más moderado que el de Trump. Intransigente y desafiante, destinado posiblemente a lograr apoyos de los concurrentes y los medios. Si la ONU se empantana ante la situación actual, ¿qué va a pasar con las relaciones internacionales y las leyes respectivas? Es probable que todo se salga de cauce y surja alguna transformación inimaginable por ahora.
Lo cierto es que el Consejo de Seguridad ha sido una traba infranqueable para democratizar a la ONU. Unos pocos países, los más poderosos, poseen el derecho a vetar resoluciones que surgen del debate de la mayoría de la Asamblea.
Digamos que, aun siendo favorables a la continuidad de la Organización, se ha mostrado inoperante ante situaciones muy graves. Algunas de las organizaciones que forman parte de la mayor: OMS, Cepal, Unicef, Unesco, han realizado importantes aportes en todo el mundo. Y eso es necesario que continúe, porque, al menos, estaremos informados de los problemas mundiales. Lo mismo ocurre con la Corte Penal Internacional de La Haya, que es ignorada por algunas potencias.
Si repasamos algunos casos en particular vemos que las resoluciones de la ONU no han sido cumplidas en muchos casos de la mayor gravedad. Los argentinos sabemos muy bien que la resolución para que el tema Malvinas fuera resuelto mediante una negociación entre Inglaterra y Argentina nunca se cumplió por parte de Inglaterra, potencia que tiene el poder de veto en el consejo de seguridad. Pero, si analizamos un proceso muy actual, que parece no tener fin, como es el de Israel y Palestina, observamos que desde la creación del Estado de Israel (1948) nunca pudo efectuarse la creación de dos estados en un territorio. Esto hubiera evitado todas las guerras que acontecieron a partir de la negativa a cumplir la resolución de la ONU de 1947 (partición de Palestina). El fracaso se debió a la negativa de Israel de abandonar su proyecto histórico de gobernar sobre el territorio que le corresponde por un mandato divino, algo que estamos viendo ahora con mucha claridad y, por otra parte, también obedece a la oposición de los grupos islámicos más radicalizados que no aceptan la existencia misma del Estado de Israel y que han adoptado estrategias terroristas. También, es necesario destacar que en ambos bandos hay grupos negociadores, en minoría, y hay muchas injerencias externas que oscurecen el panorama. Hasta la próxima.