2026-10-29

Norma y Alberto celebran 60 años de amor en Capioví

Una historia que comenzó en un baile de Navidad en 1963 y que, seis décadas después, sigue creciendo en Capioví. Norma Graef y Alberto Schmidt celebraron sus 60 años de matrimonio rodeados del cariño de sus hijos, nietos, bisnietos, familiares y amigos

Una fiesta inolvidable para celebrar el don de la vida compartida. La unión de Norma Graef y Alberto Schmidt en Capioví es, sin duda, un acontecimiento especial. La pareja festejó sus bodas de diamante, al cumplir 60 años de vida matrimonial, y lo hizo junto a sus seres queridos.

Ambos son oriundos de Capioví y se conocieron en un baile de Navidad en 1963. Casi tres años después, en octubre de 1966, decidieron casarse. Tienen cuatro hijos, tres varones y una mujer. Además, la familia se agrandó con siete nietos, cuatro nietas, dos bisnietas y un bisnieto. Al momento de contraer matrimonio, Alberto tenía 25 años y Norma, 20. Desde entonces, llevan seis décadas caminando a la par.

Varios familiares y amistades estuvieron presentes en el festejo realizado en Capioví. Para Alberto, compartir ese momento con sus seres queridos fue una gran satisfacción. Sentir el abrazo de cada uno de ellos lo convirtió en una jornada inolvidable. 

"Gracias a Dios llegamos a esta edad juntos. Claro que uno espera llegar a los 60 años juntos, pero hay que llegar y con amor, cuidándose, estando feliz en vez de pasar nervios. Todo suma", expresó el capiovisense.

Norma tuvo una gran sorpresa al momento de comenzar su vida matrimonial. El día de la boda, Alberto la llevó a la casa que él mismo había construido con sus propias manos, el mismo hogar donde permanecieron durante todos estos años y donde viven actualmente. Nunca se fueron de Capioví: ese es el lugar en el mundo para ambos y guarda los recuerdos más gratos, tanto para ellos como para sus hijos, nietos y bisnietos.

"Cuando vine a la casa, que yo no conocía, me encantó el lugar desde un primer momento", recordó Norma.

En el rubro de la carpintería, Alberto trabajó durante poco más de dos décadas. Pero también fue el fundador y pionero en toda la provincia del Servicio Schmidt, dedicado a la preparación de asados para eventos especiales. El primero fue en una fiesta en la colonia San Alberto, de Puerto Rico, y la actividad continuó desde 1971 hasta el año 2000, con su presencia permanente. Luego dejó a dos de sus hijos a cargo del emprendimiento, aunque siguió acompañándolos en algunas ocasiones.

La pareja siempre se caracterizó por el trabajo en equipo. Alberto se encargaba del asado y Norma preparaba las ensaladas para el servicio. Esa pasión también se transmitió a quienes trabajaban junto a ellos.

"Tuvimos un hermoso plantel a nuestro lado, gracias a Dios con buenas personas, y así nos podíamos organizar para estar en distintas localidades", contó Alberto. Tener dos eventos durante un mismo fin de semana era algo habitual, aunque en algunas ocasiones llegaban a realizar hasta tres o cuatro fiestas.

A estas dos facetas de la vida laboral de Alberto se suma su tarea como agricultor, una actividad que aprendió desde niño junto a sus padres y en la que también contó siempre con el acompañamiento de su esposa.

Después de 60 años juntos, Norma y Alberto se siguen eligiendo. Quieren continuar adelante, cuidándose y ayudándose mutuamente. Rodeados del cariño de sus seres queridos, representan un ejemplo de compañerismo y amor.

Lo que comenzó en un baile de Navidad de 1963, donde se conocieron, se selló con el "sí, quiero" que pronunciaron ante el altar en octubre de 1966. Seis décadas después, construyeron una gran historia de amor que todavía tiene muchos capítulos por escribir.

En un rincón de Capioví, donde nació y creció esta historia, permanece la casa y también los muebles que Alberto construyó con sus propias manos, sin las maquinarias ni la tecnología actuales, pero con la firme convicción de compartir la vida junto a su amada. En ese mismo hogar vieron crecer a sus hijos y hoy reciben con mucho amor a sus nietos y bisnietos. Es un cariño que sigue vigente y que se enriqueció con las alegrías compartidas y las dificultades que supieron superar, siempre unidos y luchando a la par.

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