Entre el recuerdo y la búsqueda de respuestas, a un año de la tragedia del Yazá
Este lunes se cumple un año de la tragedia del arroyo Yazá, en Campo Viera, uno de los siniestros viales más dolorosos de la historia reciente de Misiones.
El impacto fue inmenso en la provincia y trascendió las fronteras por la magnitud del hecho, provocado por un automovilista alcoholizado que se cruzó de carril, se cree, de manera intencional. Tras chocar, el colectivo, con decenas de pasajeros, la mayoría estudiantes que regresaban a sus casas, de desplazó sin control y cayó al cauce del arroyo desde la altura del puente, dejando en total 9 personas muertas y 29 heridas.
El siniestro ocurrió durante la madrugada del 26 de octubre de 2025. El Ford Focus iba al mando del comerciante obereño Rafael Gonzalo Ortiz Jordán (34), quien murió en el acto. Entre los pasajeros del colectivo, fallecieron Gabriela Paola García (26), Magalí Lilén Belén Amarilla (22), Katia Bupvilofsky (24), Ángelo Tadeo Alpuy (19), Elian Natanael Alvez (25), Jonás Luis Dávalos (20), Enzo León (19) y Brian Hobos (19). Otras 29 personas resultaron heridas, pero sobrevivieron.
En medio de la oscuridad y la dificultad de trabajar junto al arroyo, se organizó un amplio operativo de asistencia y rescate. Bomberos, policías, rescatistas, personal de salud y otros equipos trabajaron de manera coordinada para buscar y socorrer a las personas atrapadas, trasladar a los heridos y asegurar la zona. La emergencia movilizó también a vecinos y voluntarios, mientras los testimonios sobre lo vivido en el puente y en el agua comenzaron a conocerse.
Las pericias toxicológicas determinaron que Ortiz Jordán manejaba con 3 gramos de alcohol por litro de sangre, seis veces más que el límite permitido para automovilistas particulares. El test de alcoholemia al chofer del colectivo, Nicolás Tarnowski, dio negativo. También se incorporaron a la investigación audios que Ortiz Jordán habría enviado a un amigo poco antes del choque. En uno habría dicho: "Haceme el aguante, por favor. Me acabo de separar, la mandé a la puta a mi mujer. Peleé con toda la familia. No sé dónde puta estoy. Estoy yendo como a 180 parejo en la ruta". En otro afirmó: "Voy a 180, 190… recién mordí la banquina y casi me pegué un palo", y luego, en un mensaje en el que parecía llorar, habría expresado: "Me quiero pegar un palo más o menos, no sé. Se va a la puta todo. Te juro que tengo unas ganas de morirme, boludo. Se fue a la puta todo, vieja". Los audios generaron profunda indignación y fueron incorporados al expediente de la causa.
Sobrevivientes
Con apenas 12 años, Alejandro Aquino todavía lucha con los recuerdos de aquella madrugada, que a veces vuelven en sueños y otras veces como “ganas de llorar”. Viajaba con su padre y recordó: “Subimos al cole y agarré el celu. Cuando íbamos llegando al puente me estaba durmiendo, y en eso sentí el choque o la frenada del colectivo y choqué contra el asiento del frente”. También contó: “Mi papá me cubrió con su cuerpo y me abrazó, volcamos. Me desmayé y me desperté al rato, con los gritos de unos chicos de atrás. Era todo oscuro, una desesperación”.
Gustavo Báez atravesó una prolongada recuperación física y emocional. “La recuperación fue bastante favorable. Ni bien salí del Hospital Madariaga me recetaron rehabilitación con kinesiólogos. De no mover nada la mano, ahora con kinesiología comencé moviendo dedo por dedo, lo cual me dio fuerzas para seguir. Me dieron rutina de ejercicios para recuperarme”, relató.
Con el apoyo de su familia y sus compañeros comenzó a retomar la vida universitaria: “Quedaron algunas secuelas, pero nada que me impida la movilidad. La idea es seguir adelante con la carrera”. Yazmín, quien lo asistió en el arroyo, describió la caída: “Chocamos con el auto, después nos fuimos a la banquina, directamente nos estrellamos y caímos 15 metros”. “Nos caímos y a los dos segundos se llenó de agua, el agua me empujó hacia afuera, fui expulsada del colectivo”, recordó. Al ver a una persona arrastrada por la corriente, se lanzó a ayudarla: “No lo iba a soltar y no lo iba a dejar ir”.
A un año, los testimonios siguen multiplicándose y dan cuenta de una recuperación que continúa para los sobrevivientes, de familias que conviven con el dolor y de quienes todavía esperan conocer toda la verdad. Hace una algunos días El Territorio publicó un informe, que vuelve a poner disponible para sus lectores.
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