2026-10-07

Dia 2 del juicio contra gendarme acusado de matar a su expareja

“Pasaron 25 años para la familia de un calvario que no se cerró”

Testigos señalaron que Carlos Ramón Gómez (66) ejercía constante violencia hacia María Esther Barreda, a quien asesinó con su arma reglamentaria en diciembre de 2001.

En la mañana de ayer, en el Tribunal Penal Dos de Posadas continuó el debate oral contra el exgendarme Carlos Ramón Gómez (66), acusado de homicidio calificado por matar con su arma reglamentaria a su expareja, María Esther Barreda (36), el 9 de diciembre del 2001.

Minutos antes de las 9, se dio inicio al juicio con la ronda de testigos. En total, fueron cinco los que se presentaron en la segunda audiencia, entre peritos y allegados a la víctima. El primero en dar su declaración fue Juan Antonio Galuppo, forense que realizó la autopsia.

En su breve declaración, Galuppo -quien se jubiló en 2019 luego de 27 años de profesión- explicó que con la lectura al expediente se puede advertir “tres heridas de bala por arma de fuego. Entiendo que no fallece en la inmediatez”, agregando que dos de las heridas eran “grandes, a la altura del abdomen y el tórax, de forma descendente”.

La segunda perito en declarar en el debate fue la profesional en psiquiatría de adultos Norma Lapuente, quien mencionó que durante su entrevista psiquiátrica notó que Gómez tenía rasgos de grandeza y exaltación, especialmente a la hora de hablar de “la condición de género y profesional. Hablamos mucho de su profesión, porque era algo muy importante para él”.

Luego de su declaración, el fiscal Vladimir Glinka planteó que podría existir una indefensión por parte de los defensores del acusado -Olga Anahí Tabacchi y Mauricio Vergara-  ya que “pasaron testigos y la defensa se rehúsa a realizar preguntas”.

Ante esto, Vergara respondió, rechazando esa acusación y diciendo que es una postura tomada, ya que “esta causa no debería ser más juzgada, es un acto legalmente inexistente”.

Novio de la víctima

En tanto, el tercer testigo fue Ramón De Olivera Moreira, quien era la actual pareja de la víctima cuando fue perpetrado el crimen y quien mantuvo una pelea después de que Gómez disparara a la mujer en el domicilio del testigo.

Sobre la relación con la víctima, recordó que la conoció en un baile y que después se fue viendo de a poco durante un año, hasta que empezaron a ser una relación más seria y ella le presentó a sus hijos y él a sus padres.

“Ella me comentaba que estaba saliendo de una relación con su exmarido, que tenían muchos problemas de separación y que él era una persona hostigadora”, indicó el testigo, quien agregó que sabía que era gendarme.

En esa línea, mencionó que lo vio una vez antes del hecho, en una cena que hubo en la casa de una amiga de María Esther. “Esa noche él se me cruzó con un auto, bajó, nos miró y después se fue”, detalló.

Sobre el día del asesinato, De Olivera contó que cuando volvió de jugar al fútbol, María Esther le llamó y dijo que quería hablar porque había un problema.

“Yo volvía de jugar a la pelota y cuando llegué a mi casa, ella se sentó en la cama para hablar y yo le dije que me iba a bañar. Cuando estaba en el baño escuché tres disparos, por lo que salí de bañarme rápido, como estaba y vi que el hombre me apuntaba con el arma”, continuó relatando.

Ante esta situación, el testigo expresó que trató de cubrirse para luego lograr enfrentarlo, manteniendo una pelea fuera del domicilio.

Ante el forcejeo “se cayó el arma y él quedó tirado en el suelo. Ahí volví hacia ella, pero él apareció de vuelta atrás mío y volvimos a pelear. Le pegué con un caño y quedó noqueado”, señaló.

De esta forma, el testigo volvió a la casa y lo dejó tirado, aunque cuando salió de nuevo, el gendarme ya no estaba.  En relación a qué fue lo que hizo al ver a su pareja baleada, el hombre recordó que “no llegamos a hablar y la llevé rápido al hospital. Después de un tiempo me dijeron que ella falleció”, lamentó.

Luego de su relato, la defensa sostuvo la postura de no hacer ninguna pregunta al testigo.

Otra de las testigos que ayudó a reconstruir la relación que tenía Gómez con su expareja fue Elena, una amiga de la familia.

Sobre María Esther, la testigo recordó que cuando la conoció era ama de casa y que después puso un negocio de bijouterie, por lo que se relacionaron un poco más.

Respecto del vínculo con Gómez, Elena expresó angustiada que “según lo que me contaba ella, él era violento y una persona que no le daba el lugar de mujer”, añadiendo que “pasaron muchos años, hice terapia para transitar todo, porque los hijos de ella quedaron solos y él estaba preso. Hasta que la hermana se hizo cargo, yo tuve que estar con ellos y no pensé que tenía que recordar todo esto”.

Ante la consulta del fiscal sobre a qué se refería con la expresión de que “no le daba el lugar de mujer”, Elena profundizó con que “no podía tomar decisiones, estaba sometida a las decisiones de él”.

Otra de las cuestiones que dejó en evidencia sobre el maltrato del acusado, es que había persecución por todos lados. “Cuando se enteraba que ella salía, él la perseguía, por eso se mantenía en su casa y salía poco”, recordó.

Por último, manifestó que María Esther trató de armar nuevamente su comercio y que después del imputado, ella no le había presentado a otra pareja, aunque  “sí me dijo que había empezado otra relación, con autorización de Gómez y con la condición de que ese sujeto no tenga vínculo con los hijos”.

Relato crudo

En tanto, quien cerró la ronda de testigos fue Fernanda -hermana de María Esther-, quien a través de una videollamada se explayó sobre los distintos episodios de maltratos que su hermana padeció desde que ella llegó a Posadas, en junio del año 2000, cuando fue invitada en representación de la familia que vivía en Salta para festejar el cumpleaños 15 de su sobrina Jésica -una de los tres hijos que la pareja compartía-.

“Yo tenía 20 años y fui a la casa de mi hermana, vi que su matrimonio parecía estable, pero al pasar varias semanas comencé a ver el trasfondo”, relató la mujer, quien mencionó que María “me hizo saber que ese año tuvieron problemas, debido a que salió a la luz que él tenía un hijo con la misma edad que el hijo mayor de los dos”.

En ese marco, manifestó que por las infidelidades del acusado hubo una discusión que se tornó a más violenta ya que su hermana fue golpeada, episodio que fue denunciado. Pero “con su cargo de gendarme él pretendía callar o esconder lo que sucedía en la casa ante las autoridades donde él trabajaba”.

En tanto, analizó “que él se haya enterado de la relación de mi hermana con De Olivera habrá tocado su ego, porque era manipulador, psicópata, un depredador”, describió la testigo, quien agregó que sus discusiones por más de un año fue por la manutención de los tres hijos y después por la relación amorosa que ella estaba comenzando.

En esa línea, expresó que en una ocasión tuvo que intervenir porque “él la estaba golpeando”.

Horas previas

Sobre el domingo 9 de diciembre, la testigo alegó que realizaron un almuerzo familiar por la visita de un sobrino que llegó de Salta, reunión en la que él estaba. “Cuando terminamos de comer, ella se fue rápido a la habitación y él se metió para empezar a discutir, hasta que escuchamos golpes”, rememoró.

Lo siguiente que contó fue que su hermana salió de la habitación y le dijo a Gómez que al día siguiente se iría a Gendarmería para contar todo, porque estaba cansada, advertencia que hizo que el imputado se retirara enojado.

Ese día María Esther tenía que hacer una cobranza de su negocio y también le dijo que quería ver a su novio. “Le dijimos que se cuidara, que tomara otro rumbo, que fuera por otra calle”, relató la testigo con voz quebrada y sostenida, remarcando que la víctima se despidió de ella y sus hijos. “’Si llama Carlos, digan que estoy durmiendo o que no estoy’ nos dijo y se fue”.

Esa fue la última frase que tanto su hermana como los hijos escucharon de María Esther, ya que en horas de la noche “cuando mi sobrino llegó de jugar a la pelota, atendió una llamada y escuché que gritó ‘no, no, la mató, la mató’”, sostuvo.

Asimismo, la testigo recordó que también mantuvo una breve comunicación con Gómez, quien le dijo “‘andá a buscar a tu hermana que la maté, está en la casa del novio. Lo único que te pido es que te hagas cargo de tus sobrinos, porque yo me voy a pegar un tiro’”.

Ante esto, Fernanda se dirigió con sus dos sobrinos más grandes a la casa de Ramón De Olivera. Al llegar, ya observaron a los patrulleros en el lugar y ya estaba de camino la ambulancia al hospital. “Pasaron 20 minutos y nos dijeron que ella había llegado sin vida”, indicó ante una primera mirada seria del imputado, quien durante mayor parte del relato de su excuñada la miraba con una mueca de sonrisa y distendido.

Por último, describió a su hermana como una madre de familia, esposa, empresaria, emprendedora, que era víctima de una manipulación “que él ejercía sobre ella en lo económico, en poder”.

“25 años esperamos por esta oportunidad, en su momento no fuimos escuchados, nadie investigó. Él pudo haber tenido sus períodos de estar preso. Pasaron 25 años de condena para la familia y amistades. 25 años de un calvario que nunca se cerró”, lamentó la mujer, añadiendo que “quiero dejar en claro que a Carlos lo perdoné, pero este dolor se tiene que cerrar y necesita ser condenado”.

Luego de su declaración, el juicio entró en un cuarto intermedio hasta las 8.30 de hoy, jornada en la que se espera se expongan los alegatos de las partes y se conozca la sentencia dictada por el tribunal. 

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