Un taller pensado para desconectar de tecnología
Realizarán un taller de elaboración de máscaras para jóvenes y adultos
En una época atravesada por la presencia permanente de las pantallas, el tiempo cotidiano parece quedar cada vez más condicionado por celulares, tabletas, computadoras y dispositivos que ocupan buena parte de la atención. La problemática no se reduce únicamente a la cantidad de horas frente a una pantalla: también alcanza la manera en que las personas se relacionan, juegan, conversan y construyen vínculos. En particular, niños, niñas y adolescentes encuentran en los dispositivos una fuente constante de estímulos, entretenimiento e interacción que puede desplazar otras experiencias vinculadas con el encuentro cara a cara, la imaginación y el juego compartido.
Menos pantalla, más juego
Frente a este escenario, recuperar espacios donde sea posible crear con las manos, experimentar sin la mediación de una tecnología y encontrarse con otros aparece como una alternativa para volver a poner en el centro la experiencia humana. Con esa perspectiva, proponen un taller de elaboración de máscaras que recupera el juego y la creatividad como herramientas para abrir una pausa en esa dinámica cotidiana dominada por las pantallas.
La propuesta no busca plantear una oposición entre tecnología y arte, sino generar un territorio diferente: un lugar donde la atención pueda concentrarse en el proceso creativo, en la conversación y en la posibilidad de imaginar junto a otros.
Será en Tanta Tinta y los facilitadores Carli Bastarrechea y Raúl Gallardo acompañan a los participantes en un recorrido que comienza con el juego y se transforma progresivamente en una experiencia de creación.
La elaboración de máscaras funciona como disparador para explorar formas, colores, texturas y personajes, pero también para habilitar preguntas acerca de aquello que cada persona quiere expresar. El taller recupera así una dimensión lúdica que muchas veces queda relegada frente al consumo inmediato de contenidos digitales: tocar materiales, probar, equivocarse, modificar una idea y volver a empezar. En ese proceso, la máscara deja de ser solamente un objeto para convertirse en una herramienta de expresión.
Libertad para experimentar
El acompañamiento de Bastarrechea y Cayetano propone un hacer compartido, donde la creatividad no aparece como una habilidad reservada para quienes poseen conocimientos artísticos, sino como una capacidad que puede desplegarse cuando existen tiempo, materiales y libertad para experimentar. Mientras las manos trabajan sobre cada pieza, también se construyen vínculos: se intercambian ideas, se observan las producciones de los demás y se comparten decisiones. El taller recupera, de este modo, el valor de estar presentes, mirar al otro y participar de una actividad colectiva que no necesita de una pantalla para producir interés, sorpresa y disfrute.
Expresión creativa y salud
El resultado de la experiencia se expresa finalmente en cada máscara terminada, pero también en todo aquello que sucede durante su elaboración. Cada pieza adquiere una identidad propia a partir de las elecciones de quien la crea: colores, formas, detalles y personajes convierten un conjunto de materiales en una producción singular. La máscara permite entonces hacer visible una idea, una emoción o una fantasía y ofrece una forma concreta de transformar la imaginación en un objeto artístico. En ese pasaje del juego a la creación aparece una de las claves de la propuesta de Tanta Tinta: frente a una cultura atravesada por imágenes producidas y consumidas a gran velocidad, el taller recupera el tiempo lento de hacer, mirar, pensar y construir.
Fortalecer vínculos
La experiencia plantea que la creatividad puede convertirse en una forma de encuentro y que el arte ofrece un espacio para fortalecer vínculos a partir de una actividad común. Así, la máscara terminada funciona como huella de un proceso colectivo e individual a la vez: es el resultado visible de haber imaginado, probado y creado con las propias manos. En un contexto donde las pantallas ocupan cada vez más lugar en la vida cotidiana, propuestas como esta abren una pausa para volver al juego, al contacto con los materiales y, sobre todo, al encuentro con los demás.
Dirigido a jóvenes y adultos, se realizará los viernes de 17 a 20 durante los meses de octubre y noviembre.
Condición: ropa cómoda y venir con ganas de jugar y relajarse.