Descripciones desde el alma
Inocente responsabilidad
A través de cada uno de los años vividos, ciertamente, vamos sumando múltiples experiencias; vivencias que aportan un importante y enriquecedor abanico de aprendizajes, cada paso, con una más firme y nítida conciencia.
Progresivamente, ratifico el concepto de que la vida nuestra, tal como la percibo, resulta ser una eterna paradoja, iniciada ya en nuestra misma concepción, sin asumir con esto, que sea una decisión conciente. Porque futuros padres no siempre planifican una familia estrictamente: número de retoños, no existen tiempos ideales o perfectos, etcétera. No en todos los casos. A partir de la concepción de una vida, lo inesperado e involuntario sucede repentinamente, ¡una y otra vez!
A partir de la misma concepción, una cadena de circunstancias de todo calibre va determinando el perfil de esa maravillosa creación divina que, como sabemos, va tomando forma a través de su gestación, la cual sigue creciendo y madurando con el transcurrir del tiempo y los infinitos factores que nos van delineando. ¡Y cómo! Por eso los hijos son todos tan diversos al margen de su origen común. Y muy a pesar de que los padres los formamos bajo el mismo techo y con similares posibilidades, los circunstanciales de lugar, tiempo, modo, etc imprimen su sello de rigor sumado a la genética propia de nuestra humanidad, sin descartar el protagonismo del caudal emotivo siempre presente.
Cuando recorro mentalmente ciertas imágenes jóvenes y frescas cargadas de inconciencia y apuro en la inmediatez, observo algunos inapropiados reclamos y pases de factura de hijos a padres como corolario de irrealizaciones personales y/o desaciertos en la toma de decisiones y actitudes frente a situaciones vitales cotidianas.
Con la madurez en progreso, más fuertemente nos cercioramos de que cada una de nuestras respuestas, resoluciones, actitudes, dependen pura y exclusivamente de nosotros mismos in situ, el cual está determinado por ingredientes particulares, originales, irrepetibles que conciernen a nuestro universo único y singular de tal instancia que nos pertenece en su casi totalidad... ¡de ahí las respuestas, gracias a Dios!