Puertas adentro del campo misionero: experiencias para vivir el turismo rural
En la Casa de Misiones en Buenos Aires se presentó esta semana el Mapa de Turismo Rural de la provincia, una herramienta elaborada por el Instituto Provincial de Estadística y Censos (Ipec) junto a la Subsecretaría de Turismo. El trabajo georreferencia 108 emprendimientos agropecuarios distribuidos en las cuatro zonas turísticas de Misiones —Norte, Centro, Alto Uruguay y Sur— que, además de producir, abren sus puertas a quienes quieren conocer de cerca cómo se vive y se trabaja en el campo misionero.
La iniciativa busca ordenar una oferta que hasta ahora estaba dispersa: estancias, agrocampings, establecimientos yerbateros, propuestas vinculadas al té, museos de campo y granjas educativas, entre otras experiencias, ahora quedan reunidas en un mismo mapa pensado para que agencias de viaje y turistas puedan planificar sus recorridos con información concreta sobre dónde queda cada lugar y cómo llegar.
Frente a semejante variedad, en esta nota nos proponemos algo puntual: recorrer los primeros dos destinos que aparecen en el mapa. No es un ranking ni una selección de los "mejores"; es apenas un recorte posible, elegido por una cuestión de espacio, para empezar a conocer de cerca esta Misiones que se descubre puerta adentro de las chacras.
Estancia Santa Inés (Garupá)
A pocos minutos de Posadas, tomando la ruta 12 y doblando luego hacia la ruta 105, el monte empieza a rodear el camino y el aire cambia: se vuelve más fresco, más cargado de verde. Unos cinco minutos después de dejar el asfalto aparece la primera construcción, una edificación antigua y algo deteriorada que a primera vista genera dudas: ¿es este el lugar? En realidad se trata de los restos de la vieja yerbatera familiar, no de la casona principal, que todavía queda unos metros más adelante.
La casa fue levantada en 1903 por Pedro Núñez, yerbatero y amante del monte, y hoy la mantienen en pie su nieta y su bisnieta, quienes reciben a los huéspedes. Curiosamente, lo que hoy funciona como entrada era originalmente la parte trasera: el frente real de la estancia —el más cuidado, rodeado de vegetación— daba antes a un camino que conectaba con Santo Tomé, Corrientes.
Puertas adentro, la casona conserva intacto el espíritu de principios del siglo XX: aberturas altas pensadas para ventilar en los días de calor misionero, muebles y ventanas de maderas nativas, y una biblioteca particular en la que Núñez, fascinado por los distintos pesos y texturas de la madera, transformó cada especie del monte en un libro tallado. Hay también una colección de armas antiguas que nunca se usaron para cazar —el dueño original prefería observar la fauna antes que perseguirla— y un pequeño bar de época, con barra y mesas de 1900, que todavía se usa en ocasiones especiales.
Afuera, el patio es el gran protagonista: amplio, con pileta y espacio para armar una carpa, permite organizar eventos como casamientos o fiestas de quince, aunque siempre con grupos reducidos —no más de ochenta personas— para no perder la tranquilidad que define al lugar. Esa misma calma explica visitas poco convencionales: una familia de monos carayás suele acercarse por las tardes a curiosear, sin interactuar nunca con los huéspedes.
La estadía no tiene una duración fija: se puede reservar por una tarde, un día completo o varios, con la posibilidad de pensión completa a cargo de la dueña de casa, que además usa hierbas y frutas de la huerta propia en la cocina. Todo eso —el silencio, el monte, la arquitectura conservada— convirtió a la estancia también en locación audiovisual, entre otras producciones, para contenidos conmemorativos del propio diario El Territorio.
Viva la Pepa Campo (Parada Leis, Garupá)
Sobre la calle Basilio Harapchuk en Parada Leis, Viva la pepa, campo familiar, ofrece algo distinto al recorrido guiado: acá el visitante entra y camina por donde quiere, sin cronograma fijo. La propuesta apunta directamente a las familias que buscan un día completo al aire libre, sin necesidad de trasladarse muchos kilómetros desde la ciudad.
El predio está pensado para la experiencia de “día de campo”: hay pileta, juegos para los más chicos, un espacio de recreación deportiva y la posibilidad de meterse de lleno en las tareas rurales, como darle de comer a los animales o cosechar verduras directamente de la huerta. Para quienes quieran algo más activo, también se ofrecen paseos a caballo por el predio.
La gastronomía tiene su propio protagonismo: el campo cuenta con un quincho equipado para hacer un asado a la estaca o a la parrilla, y con freezer y horno disponibles para quienes prefieran cerrar la tarde con chipa recién horneada y mate. La estadía puede ser de un día o extenderse a un fin de semana completo, ya que el lugar también dispone de cabañas para grupos de entre seis y ocho personas.
Viva la Pepa forma parte, además, de una propuesta más amplia: junto con otros emprendimientos de la zona sur —como Haras Itapé, en Fachinal, a unos 50 kilómetros de Posadas— integra el circuito conocido como Camino de los Cerros, que conecta distintas chacras y campos de la región bajo una misma identidad de turismo rural comunitario.
Estos recorridos son apenas una muestra de lo que ofrece el Mapa de Turismo Rural: quedan más de cien emprendimientos por descubrir, repartidos en las cuatro zonas de la provincia.
La herramienta presentada por el Ipec y la Subsecretaría de Turismo queda ahora disponible para quien quiera planificar su propio recorrido, más allá de estos cinco destinos elegidos para esta nota. El resto del mapa, con sus estancias, agrocampings, rutas del té y establecimientos yerbateros, sigue ahí, esperando a que cada lector arme su propia selección.
Granjas para aprender
La Granja San Víctor funciona como espacio educativo y no recibe público en general: trabaja exclusivamente con salidas programadas para instituciones escolares, de nivel inicial y primario. Los grupos que la visitan participan de talleres de huerta, elaboración de pan casero y contacto directo con animales de granja en corrales seguros, además de un recorrido en trencito por el predio y actividades junto a la laguna. La propuesta también incluye talleres productivos poco convencionales para una salida escolar, como la elaboración de ladrillos, abono, compost y carbón, pensados para que los chicos vean de cerca procesos que después trabajan en el aula. Están en Garupá, al borde de la costanera.