2026-09-11

El cuadro apertura de la Fiesta del Inmigrante recupera la historia de la primera escuela de Oberá y une a generaciones en el escenario

La propuesta nació a partir de un trabajo de investigación sobre los primeros inmigrantes y los espacios que fueron dando forma a la comunidad, especialmente la escuela, que aparece como un lugar significativo dentro de ese proceso.

Cada noche, el escenario del Parque de las Naciones se transforma para presentar el cuadro apertura de la 46ª Fiesta Nacional del Inmigrante, una propuesta que reúne a jóvenes representantes de las distintas colectividades para contar, a través de la danza y la actuación, parte de la historia de los primeros años de Oberá.

La propuesta nació a partir de un trabajo de investigación sobre los primeros inmigrantes y los espacios que fueron dando forma a la comunidad, especialmente la escuela, que aparece como un lugar significativo dentro de ese proceso.

La idea y la investigación estuvieron a cargo de Daniela Meza y Belén Lemes, mientras que la puesta en escena y coreografía fueron desarrolladas junto a Maxi Ott y Sandro Pereira. El trabajo contó además con la musicalización de Fabio Ojeda y el aporte audiovisual de Andrés Córdoba.

El proyecto, denominado “Donde nacen las palabras”, fue seleccionado entre alrededor de una docena de propuestas presentadas para la apertura. El eje elegido fue la escuela como espacio de encuentro y construcción de la comunidad. En ese sentido, la Escuela 84 de Oberá ocupa un lugar central en el relato porque allí confluyeron niños provenientes de familias de inmigrantes de diferentes nacionalidades y también familias criollas. La puesta incorpora además la figura de Aurora Solís de Barnatán, docente de la primera escuela de la ciudad, quien tuvo que desarrollar su tarea docente en ese contexto diverso, acompañando a alumnos con distintas historias, lenguas, costumbres y tradiciones. 

Aurora Solís de Barnatán, representada por “Kitty” Ponce y Keyla Fontana.
La figura de Aurora aparece representada en distintas etapas de su vida. La docente jubilada María Amelia “Kitty” Ponce interpreta a la docente en su etapa adulta, mientras que la joven bailarina obereña Keyla Fontana representa a Barnatán en su juventud. La elección de ambas intérpretes permite mostrar al personaje desde diferentes momentos y, al mismo tiempo, establecer un vínculo entre generaciones.

La elección de Kitty Ponce para interpretar a Aurora también está vinculada con su propia historia dentro de la Fiesta. Durante muchos años participó desde detrás de escena y acompañó el crecimiento de la celebración, además de registrar y contar parte de su historia. Su llegada a Oberá, el 29 de marzo de 1960, también forma parte de ese vínculo personal con la ciudad. Para Kitty, representar a Aurora significa encontrarse con una historia que la conmueve, especialmente por lo que pudo haber significado para aquella docente trabajar con niños de familias de diferentes procedencias y en una comunidad que todavía estaba en formación.

Keyla Fontana transita su primer año como estudiante de danza clásica en el Parque del Conocimiento y forma parte de una generación de jóvenes bailarines que encontró en esta propuesta la posibilidad de acercarse a un episodio de la historia de Oberá. Su participación fue destacada por el equipo artístico por su talento, compromiso y proyección.

Historia y cultura, de la mano de una suma de voluntades
Para llevar adelante el cuadro fue necesario sumar voluntades. Los jóvenes participantes llegaron inicialmente convocados por sus respectivas colectividades, pero con el desarrollo de los ensayos comenzaron a involucrarse con la historia que debían representar.

Uno de los elementos que adquirió especial importancia durante el proceso fue la bandera de la escuela. No formaba parte de la idea original, pero la historia de cómo se confeccionó la primera bandera a partir de pequeños retazos de tela aportados por las familias fue incorporada posteriormente a la puesta. El relato llegó al equipo a través de una joven de la colectividad paraguaya cuya madre participa en el museo de la escuela.

La bandera terminó convirtiéndose en uno de los símbolos centrales del cuadro. Alrededor de ella, los bailarines representan el encuentro de distintas historias y procedencias, hasta conformar una imagen final en la que las colectividades aparecen como una gran familia.

Antes de cada presentación, los jóvenes se reúnen con Kitty Ponce y escuchan historias vinculadas con Aurora, la escuela y los primeros años de Oberá. Para los responsables de la puesta, ese intercambio también forma parte de la experiencia: no se trata solamente de aprender una coreografía, sino de conocer una parte de la historia y las tradiciones que dieron origen a la ciudad.

El proceso demandó ensayos semanales y una coordinación permanente entre los tres responsables de la coreografía y la puesta en escena. Las diferencias en la experiencia de los bailarines se transformaron en parte del desafío, al igual que la necesidad de integrar participantes provenientes de distintos espacios.

La participación de dos bailarines de malambo de Jardín América es otro ejemplo de esa integración. Ambos se sumaron al proyecto y permanecieron en Oberá durante varias semanas para poder participar de los ensayos y presentaciones.
Para Maxi Ott, quien participa por primera vez de la Fiesta, la experiencia significó además un acercamiento a la diversidad cultural que caracteriza al encuentro obereño. “Hoy me voy con el folclore mundial”, resumió al referirse a todo lo aprendido durante el proceso.

La propuesta adquiere además un significado especial en el contexto del Día del Maestro. Daniela Meza, quien también es docente, destacó el valor de transmitir parte de la historia de nuestra comunidad a través de lo que significa la educación.

De esta manera, el cuadro apertura no se limita a dar comienzo a cada jornada de la Fiesta Nacional del Inmigrante. A través de la escuela, la figura de Aurora, los jóvenes de las colectividades y la historia de la primera bandera, la puesta propone recuperar una parte de la memoria de Oberá y mostrar cómo, en un territorio marcado por la llegada de inmigrantes y la presencia de familias criollas, el encuentro entre distintas culturas fue construyendo una identidad común. La escuela fue entonces un lugar donde comenzaron a encontrarse personas de historias y procedencias diferentes.

Más de cien años después, ese encuentro continúa de otra manera en el Parque de las Naciones. Se expresa en las colectividades, en sus casas, en los escenarios, en las comidas, en las danzas y, sobre todo, en las generaciones que siguen compartiendo y transmitiendo aquello que recibieron de sus mayores. Esa esencia es la que todavía se siente, se percibe y se vive en cada edición de la Fiesta Nacional del Inmigrante en Oberá.

Te puede interesar