Dina y Oscar, los maestros que enseñaron a puro pulmón en Cataratas
Dina Otilia Brítez, junto a su esposo Oscar Zarza, dejaron la tranquilidad de Corpus para desembarcar en Puerto Iguazú y ponerse al frente de la Escuela Nacional N.º 168 "Campos Salles", que funcionaba en el área de Cataratas. Al llegar encontraron un escenario poco alentador: la estructura se encontraba en estado de abandono, con techos vencidos, paredes desgastadas, sin luz eléctrica y con letrinas al fondo, porque los baños estaban clausurados. Tampoco contaban con partidas presupuestarias para comedores ni lujos.
La alentaban a seguir los más de 50 niños de familias humildes que residían en el lugar. El establecimiento contaba con aulas múltiples donde la docencia se ejercía a puro pulmón: Dina enseñaba de primero a cuarto grado —incluyendo el entrañable Primero Inferior— mientras Oscar, desde la dirección, asumía quinto y sexto.
"Los chicos conocían el lápiz recién en la escuela, pero venían con unas ganas inmensas de aprender. Tenían un comportamiento dócil, un respeto sagrado por los mayores y por la institución. Para ellos, hasta limpiar el aula era la tarea más hermosa del día", rememora Dina con emoción.
Vivir en Cataratas implicaba estar aislados: contaban con dos frecuencias diarias de colectivos y con un solo vehículo, propiedad del jefe del viejo aeropuerto, quien siempre estuvo a disposición ante emergencias médicas.
"La vida en Cataratas era tranquila, hogareña. Las reuniones entre vecinos transcurrían en el barcito de Doña Leonarda o en la fonda de Doña María —famosa porque allí se filmó una película de Isabel Sarli y Armando Bó—. La única luz que iluminaba la noche era la del camping de Hoppe, un pionero que había logrado generar su propia red eléctrica aprovechando la fuerza del agua", recuerda la docente.
Las necesidades de mejorar el establecimiento eran urgentes. Entonces, cuando se anunció la visita del presidente de facto Alejandro Lanusse al Hotel Cataratas, Oscar Zarza consiguió una chaquetilla de mozo, se coló en el protocolo y le sirvió al mandatario, le comentó sobre la escuela y le entregó una carpeta con todo lo relacionado al edificio escolar. Lanusse lo escuchó y, al despegar, sobrevoló la "Campos Salles" para comprobar su estado. Quince días después, una comisión del Consejo General de Educación desembarcaba con los fondos para refaccionar la estructura y construir baños dignos.
Ya con la casa en orden, los maestros convirtieron la escuela en un faro comunitario. Sembraron identidad enseñando folclore e impulsando las actividades deportivas, poniendo especial atención a las fiestas patrias, a las que concurría toda la familia.
La historia de la escuela atravesó momentos difíciles: una orden nacional dispuso que Parques Nacionales donara tierras al municipio a cambio de reubicar a las familias que vivían dentro del área protegida, lo que dejó a los niños sin posibilidades de seguir asistiendo a su querida escuelita de Cataratas. Fue allí donde apareció la solidaridad de un empresario, Don Agustín Arrabal, que puso a disposición un colectivo para los alumnos. No obstante, años después el establecimiento cerró.
A pesar del cierre del edificio, la verdadera escuela nunca estuvo en los ladrillos. Vive hoy en los profesionales, deportistas, empresarios, guías y trabajadores que pasaron por sus aulas.