2026-08-26

Entrevista a Erica Kehl, coach y grafóloga oficial

“La grafología no trata de adivinar: ve cómo actúa el cerebro y el impulso vital”

Entre la precisión del trazo y la potencia de la música, combina ciencia y arte como formas de habitar la emoción humana. Las innovaciones del campo de la grafología y los polémicos mitos

“Hago de todo, tengo como cinco personalidades”, se define entre carcajadas. Su rol profesional como coach organizacional y grafóloga se teje, también, con su faceta artística. Erica Kehl (40), además de enseñar grafología, lidera Terraza, una banda de rock que se nutre del estilo ‘Catupecu’ y de Eruca Sativa para hablar de los vaivenes de la vida misma.

En la tranquilidad de su casa, nos recibió con una sonrisa y con mucho arte alrededor, con vocablos en inglés garabateados en el pizarrón, rastros de la última clase que dictó en el aula y que dan cuenta de su vocación docente, que defiende con orgullo.

Para esta entrega de Charlas con El Territorio, Kehl compartió los saberes y campos en los que puede utilizarse la grafología. Una ciencia objetiva y medible en la que se formó en 2009 y que, desde hace 12 años, enseña en la única academia de grafología de Misiones.

¿Qué es la grafología y cómo llegaste a ese campo?

Es el estudio de la personalidad a través de los trazos escriturales. Los dibujos, la escritura y todo lo que proyectamos sobre una hoja reflejan nuestra concepción del universo y de nuestra psiquis. Es en esa hoja donde proyectamos nuestro espacio vital.

Por ejemplo, quien tiene ansiedad de verse rodeado de gente puede tener una letra más apretada, mientras que quien necesita más espacio puede escribir con una letra más espaciada o más grande. También se observa si la escritura es más o menos presionada. Así se pueden identificar no solo rasgos de personalidad, sino también el temperamento, que es aquello estructural, con lo que nacemos y que traemos de nuestra familia, y cuestiones más ambientales o temporales.

La escritura “es donde proyectamos nuestro espacio vital”.  Foto: M. Rodríguez

 

Si hoy particularmente estás teniendo un día triste, estás deprimido, estás más animado o muy contento, todo eso también puede reflejarse en la escritura. A partir de ahí uno puede dedicarse a distintas áreas de la grafología, como recursos humanos o el ámbito educativo.

¿Cómo llegaste a elegir esta formación?

Yo soy docente y me pasaba que, cada vez que escribía en el pizarrón, los alumnos me decían: “Teacher, no entiendo nada de lo que decís, no sé lo que dice”. Yo veía que la verdad era que mi letra era muy fea, muy ilegible, y me preguntaba por qué. Cuando empecé a estudiar grafología en 2009, me encontré con todos estos rasgos que realmente me resonaron y me identificaron.

Tuve primero un camino de amigarme con eso que era y, a partir de ahí, poder mejorarlo. Yo escribía de manera muy acelerada porque soy acelerada. Siempre hice cinco cosas a la vez. Entonces, mi letra coincidía con eso: se atropellaba.

A partir de ahí empecé a trabajar en el ritmo y a entenderlo. También me empecé a esforzar por escribir mejor. Nunca escribí mejor, igual, pero por lo menos sé ahora por qué y a qué responde eso (cuenta entre risas).

Ahí fue como se bifurcó tu formación como profesora de inglés y te encontraste con el campo de la grafología

Hice las dos cosas. Mientras trabajaba como teacher, con cinco trabajos, estudiaba grafología. Cuando empecé a estudiar, la gente me decía: “¿Y eso para qué estudiás?”. Y cuando dije que iba a dar clases de grafología, me decían que nadie va a ir, que siguiera con inglés, que nadie sabía qué es.

Así empecé, acá, en esta aula. Después alquilé una casa al lado y nos trasladamos. Este año abrimos dos sedes: una en Tierra del Fuego y otra en Buenos Aires, además de la extensión virtual. Todos los años fuimos haciendo cosas para crecer.

¿Cómo surgió la idea de armar la Academia?

Creo que mi vocación desde chiquita es la docencia. Enseñar. Cuando entendí que ya sabía bastante de grafología, yo daba clases de inglés y fue mi profesora de grafología, que falleció hace unos años, la que me dijo: “¿Sabés qué, Erica? Vos tenés que hacerlo. Yo te voy a dar toda mi cartera de alumnos y hacelo vos. Yo me voy a dedicar a otra cosa. Empezá vos acá, en Posadas”.

Fue así. Me pasó todos los números de sus alumnos, más los que ya me preguntaban, y así arranqué a hacer lo que realmente quería. A mí me apasiona compartir y dar clases, y también me apasiona la grafología, que tiene mucho de psicología y de entender el cerebro humano.

No se trata de adivinar nada. Tiene que ver con cómo actúa el cerebro, el impulso vital, todo el sistema neuromotriz y cómo esos pequeños impulsos energéticos llegan al gesto. Todos esos pequeños temblores, cortes y movimientos significan algo.

¿En qué actividades profesionales se utiliza hoy la grafología?

Yo, por ejemplo, trabajo con mi consultora en el área de recursos humanos. Hago selección de personal a través de la grafología. La empresa me pide un puesto puntual a cubrir, me traen los candidatos y, en base a las competencias que estamos buscando, analizo si una persona sabe trabajar en equipo, si es detallista y demás, y armo el perfil.

Una colega trabaja en peritaje criminalístico y en el área judicial y forense. Acompaña pericias psicológicas a personas imputadas de algún delito y trabaja todo lo relacionado con la parte criminal.

También se puede utilizar en educación, para acompañar al gabinete psicopedagógico con estos test y con los cuadernos de los alumnos. La escritura permite ampliar el diagnóstico. Además, se trabaja mucho en el ámbito del desarrollo personal. Mucha gente viene y me dice: “Quiero conocerme y saber cómo puedo mejorar en tal área”, y se le hace un informe.

También soy coach organizacional, entonces trabajo mucho con cuestiones laborales: tus características, cómo mediar conversaciones en tu trabajo. Hacemos orientación vocacional, por ejemplo. Con todas las características que tenés y tus intereses elaboramos un informe sobre cuáles son las áreas en las que te podría ir mejor o cuáles podrían ser tus dificultades.

¿Te pasó que tu círculo familiar empezara a pedirte que los analizaras?

Olvidate. Cuando estudiás grafología, todo el mundo te pide que lo analices. Después uno se llena de escritos que no termina de analizar en profundidad.

¿Trabajás con alguien más en la academia o la dirigís y sostenés sola?

Somos dos directoras: está Viviana Ojeda, que es licenciada en criminalística y quien vino a dar cursos más actualizados. Ha trabajado mucho con todo lo relacionado con inteligencia artificial, que interesó mucho porque, si no, la grafología puede quedar muy vieja como método. Ella lleva todo eso al ámbito digital.

También está la encargada de la sede de Tierra del Fuego, y en Buenos Aires está Valeria Fernández, que también es perito criminalística y grafo y se encarga de los alumnos virtuales.

Hacer esto como una cooperativa es importante: si ganamos, ganamos en todo; si perdemos, perdemos todo. Creo que delegar es el camino, es la forma de crecer. Uno no puede hacerlo solo, hay que confiar.

Este año empezamos a trabajar también con la Cámara Argentina para la Formación Profesional y Capacitación Laboral. Es una certificación extra que le damos al alumno: ellos evalúan nuestro programa, lo acreditan y, después, cuando el alumno egresa, entra en una bolsa de trabajo. Por ejemplo, si alguien de Neuquén necesita un grafólogo, puede contactarse con vos. Eso está bueno.

¿Con qué idea llegan quienes se suman a grafo?

Antes creían que era una especie de astrología y llegaban para descubrirse a sí mismos. Hasta que veían que, en realidad, es una pericia caligráfica en la que tenés que manejar el instrumental, el microscopio, medir y demás. Se encuentran con que es una ciencia objetiva y medible.

¿Qué rol está jugando hoy la IA en este campo?

Utilizamos inteligencia artificial como todos. Hoy el grafólogo también la utiliza para poder redactar informes, porque antes pasaba que uno caía en palabras muy técnicas que el cliente no entendía. Para los informes es genial porque permite sistematizar datos. Siempre el dato y el input lo ponés vos y el prompt te ayuda a que tu informe sea lo más ajustado a lo que necesitás.

¿Qué opinás del mito de que ‘la grafología puede predecir el futuro’?

No, jamás. Como mucho, yo te puedo orientar y decir qué tendencias de personalidad tenés.

Ni siquiera puedo garantizar algo en un juicio. Por ejemplo, si tengo una letra, puedo darte indicios de que una persona tiene rasgos de agresión y violencia, pero jamás puedo aseverar que cometió o no un delito. La comisión de un delito tiene que ver con un montón de factores.

Lo que hacemos es hablar de tendencias y sumar elementos al perfil psicológico.

La grafología, ¿se encuentra también con tu faceta artística?

Obviamente. Creo que mi fuerte es la creatividad, buscar nuevas cosas, y eso se aplica en todo lo que hago. Cuando se me ‘termina el librito’, creamos: nuevos cursos, nuevas formas de hacer llegar y difundir la disciplina. También tiene mucho de creatividad, de encontrarle la vuelta y de adaptarte.

Siento que tengo una gran sensibilidad para ver por dónde puede ir y qué necesita la gente. Esa intuición, por supuesto, también se encuentra con el arte y con la música.

El 19 de septiembre lanzamos nuestro EP con tres canciones. A mí me hace muy feliz hacer música en banda. Habitar los solos de guitarra, la batería... Es algo mágico.

¿Cuál es el próximo proyecto?

Ahora quiero trabajar el humor, que también es una parte muy importante de mí. Quiero llevarlo a una obra de teatro y después convertirlo en un libro.

Perfil

Erica Kehl (40)
Grafóloga oficial

Profesora de inglés, grafóloga oficial y directora del Instituto Insight de grafología. Además, es consultora y coach organizacional.

Desde el 2020 integra, junto a tres amigos, Terraza, una banda de rock-funk que en septiembre de este año lanzará un nuevo EP.

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