2026-08-15

Descripciones desde el alma

El amor

Por Mercedes Griselda Romero Docente, licenciada en Inglés

¿Cuánto y de qué manera se ha dicho, escrito y filmado sobre el amor? ¡Amén del caudal de emociones, sensaciones, actitudes, sabores, olores, etcétera que vivenciamos al vivirlo!

Es que el amor, en mayor o menor grado, indefectiblemente está en cada uno de nosotros, los humanos, sin distinción de género ni edad cronológica y se manifiesta en una amplia diversidad dependiendo de múltiples e incontables factores, algunos conocidos y conscientes como también tantos no identificados, inconscientes e involuntarios. La complejidad misma del ser humano se expresa en manifestaciones de amor, las cuales no resisten análisis ni reclamos porque caeríamos entonces en la ausencia de genuinidad. San Agustín, hijo de Santa Mónica de Hipona, lo decía así: “Ama y haz lo que quieras...”. En el film Love Story se proclamaba en aquellos años “Amar es nunca tener que pedir perdón”. Numerosas frases de Teresa de Calcuta, pero elijo una: “Amor es entrega...”. Asimismo, cada hogar esgrime su propio sello de amor. Con muestras físicas cariñosas, abrazos, provisión de logística, tiempo, energía durante las muchas etapas de la vida de nuestros hijos. Hay hogares más espontáneos, impulsivos y libres en su perfil en este orden de cosas. Personalmente, comulgué con un estilo disciplinado, más estricto y riguroso donde los “hechos de amor” constituían el modelo a seguir y, en verdad, jamás necesité cuestionar si eso fue o no amor, porque confío de lleno en que todo lo que mis padres nos brindaron e hicieron, nos colmaron de lo mejor que ellos intentaron, en las circunstancias y el contexto en que nos tocó vivir. ¡Agradecida infinitamente, siempre!

Siguiendo esta apreciación muy personal, la aplico inexorablemente cada uno de mis días conmigo misma y con todas las personas que me rodean, con todas mis imperfectas limitaciones.

Cuando amamos estamos en permanente construcción. Edificamos proyectos, nos damos confort y paz y eso trasciende y los demás lo huelen, saborean y disfrutan. Ciertamente, vivimos altibajos y esa línea sube y baja, el equilibrio no resulta fácil, pero es lo que debiera primar, para que la armonía reine. Finalmente, pero no menos importante, sigamos la impronta de Santa Teresa (a todos nos viene bien recordarla): “Si juzgamos a las personas, no tendremos tiempo para amarlas”.

Te puede interesar