Por Malvinas, por el Diego, por la última de Leo
“No te lo puedo explicar, porque no vas a entender”, decía la canción que se hizo himno en Qatar. Sinceramente creo que es difícil comprender, si no sos argentino, qué nos genera el fútbol. “Por Malvinas, por el Diego, por la última de Leo”, es la nueva canción de los hinchas argentinos en la Copa del Mundo.
La Scaloneta fue más, mucho más, que Inglaterra. Con fútbol, porque a este juego hay que ganarlo con el corazón, con la cabeza, pero por sobre todas las cosas con fútbol. Al campeón del mundo le pueden pegar, lo pueden poner contra las cuerdas, pero siempre tiene una más.
Inglaterra intentó, pero hizo gala de su historia y no pudo. Argentina también hizo gala de su historia y este equipo de su sello. Hay maneras y maneras de ganar, de encarar la vida. La Selección representa mucho de eso. Nos pegan y nos levantamos, ponemos la otra mejilla y vamos, pero no de cualquier manera, con la cabeza en alto.
El domingo Argentina jugará una nueva final, después de sortear otra final adelantada, como casi todas las que le tocó jugar a Argentina en esta Copa del Mundo. Messi y compañía van por más, porque al parecer nunca se cansan de competir. Porque cuando faltó fútbol hubo coraje, hubo cabeza y hubo corazón.
Contra los ingleses fue fútbol, también fue paciencia en los momentos más complicados. Fue entender que no había que desesperarse y que en Atlanta no se jugaba un partido más. Era contra los ingleses, con el recuerdo siempre de lo que pasó en Malvinas en 1982. Es sólo un partido, es cierto, pero también es mucho más que eso.
Es el recuerdo siempre latente de Diego Maradona, de esos goles en el estadio Azteca de México. Argentina, sin el brillo futbolístico de Qatar 2022, va. Atraviesa tormentas y va. Se complican las circunstancias y va. Y ahora quiere más.
Hay que sufrir y jugar
El arranque fue muy cortado en el mediocampo. Inglaterra buscó presionar y Argentina, cuando pudo, tener la pelota. Cuando uno se equivocaba, falta. Era de esperarse que en esos primeros instantes sea Inglaterra la que tratara de provocar un error rival.
Ambos dejaron claro que no era un partido más. Todo roce tuvo algo más, toda dividida tuvo su cuota extra de intensidad. Paredes cortó abajo y se lo gritó casi como un gol a Bellingham. Así se vivió, así se jugó.
Pero también hay que jugar y ahí estuvieron las diferencias en las formas. Argentina puso la pelota contra el piso y buscó que el tridente Paredes-Mac Allister-Enzo Fernández sea el eje para tratar de buscar un pase que rompa la defensa que propuso el conjunto europeo.
Los británicos, por su parte, intentaron ser más directos. Dos o tres pases rápidos para abrir y tirar un centro. A diferencia de otros juegos, los de Tuchel tuvieron que lateralizar más, ya que la Scaloneta entendió que por el medio no tenían que pasar.
Perder la pelota en la mitad de la cancha significaba dejar mal parada a la defensa y a los ingleses de frente para encarar. Hasta la pausa de hidratación, Argentina controló bien a Bellingham, pero después el jugador de Real Madrid se las ingenió para generar faltas cerca del área del Dibu Martínez.
La Sacloneta contestó con fútbol. Primero con una apilada de Messi y después con el control, con pases de un lateral al otro. La Scaloneta tuvo, con en gran parte del ciclo, paciencia para esperar a que aparezca el espacio justo para lastimar.
Párrafo aparte para Giuliano Simeone, quien tuvo una doble función: complementarse con Nahuel Molina en defensa y ser opción de descarga para atacar y llegar hasta la línea de fondo. De área a área. El de Atlético Madrid cumplió, peleó y jugó.
En los arcos pasó poco. Dibu Martínez descolgó un par de centros y Pickford prácticamente no tuvo trabajo, más allá de un remate de Enzo Fernández que pasó lejos y que provocó la estirada del inglés.
El inicio del complemento fue parecido: Argentina tuvo la pelota e Inglaterra esperó para, en dos o tres toques, llegar al área rival. En uno de los pasajes de toques de la Scaloneta pegaron los británicos. Se juntaron Kane y Rogers y le llegó el centro para que Gordon le ganara la espalda a Molina y rompa el cero.
Nada de caer. La Scaloneta volvió a agarrar la pelota y a presionar a una defensa que a lo largo del Mundial demostró no ser de las más confiables. Argentina empezó a ser mucho más desde el juego, pero todavía carecía de un último toque para igualar.
El ingreso de Nicolás González por Paredes pretendió eso, una opción más en ataque. Mac Allister y Enzo Fernández pasaron a comandar la mitad de la cancha y la Scaloneta arriesgó. Era lo necesario para poder igualar.
Scaloni mandó a la cancha a Lautaro Martínez, a Otamendi por el amonestado Lisandro Martíne, a Rodrigo De Paul y a Montiel. Piernas frescas para buscar la igualdad. Una pelota en el palo y las manos de Pickford evitaron lo que la Selección largamente merecía.
Jamás hay que desconfiar de un campeón del mundo. Porque cuando podía empezar a tirar centros sin motivos, la Scaloneta quiso jugar, siempre quiso jugar. Enzo probó y Pickford se lo negó, pero tuvo revancha. Como cuando jugaba en las inferiores de River buscó ponerla donde quiso. No fue un remate, fue un pase a la red para el 1-1 que desató la locura en Atlanta y en cada rincón de la Argentina.
En el fútbol no siempre gana el mejor. Ser más, intentar más, no es sinónimo de lograr el objetivo. Argentina fue, como cuando lo empató con Egipto, por más. Este equipo no se conforma, ni siquiera en el partido. Buscó y encontró. Lautaro Martínez venció a un ya desgastado Pickford y le puso justicia al resultado.
En el campo de juego del Mercedes Benz Arena de Atlanta, los jugadores se abrazaron y cantaron. Cantaron por Malvinas, por el Diego y por la última de Leo.