2026-07-15

Muestra el crecimiento de la irregularidad entre 2015 y 2025

La UCA especifica el avance de la informalidad en Argentina

De acuerdo a lo que se explica en el documento, esta problemática sostiene los bajos índices de desempleo en el país que celebra el actual gobierno nacional.

La tasa de desocupación en el Gran Posadas fue del 4,7% en el primer trimestre de 2026, la más baja del Nordeste argentino y una de las más bajas del país, donde el promedio ronda el 7,8%. Sin embargo, los mismos datos de la Encuesta Permanente de Hogares elaborada por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) y el Instituto Provincial de Estadística y Censos (Ipec) revelan que detrás de ese número favorable se acumulan señales de deterioro en la calidad de los empleos que se generan.

La informalidad laboral entre los asalariados trepó del 34% al 43% en un año. El empleo no calificado fue el que más creció, con 7.400 puestos nuevos que representan hoy el 20% del total. El cuentapropismo aumentó y el empleo asalariado cayó del 71% al 66% del total de ocupados. La subocupación, que mide a quienes trabajan menos de 35 horas semanales y quieren trabajar más, subió del 7,3% al 9%. Y el 32% de los posadeños trabaja más de 45 horas semanales.

El director de Metodología y Reordenamiento Estadístico del Ipec, Darío Ezequiel Díaz, presentó los datos en una charla con radio República a finales de junio. Allí resumió el cuadro, diciendo que “el empleo que más creció, cuando uno hace el análisis por calificación, fue el no calificado. Creció en 7.400 puestos. Hoy es el 20% del empleo”.

Y sobre la informalidad precisó que “creció la informalidad. Ese es un dato también interesante. La informalidad entre los asalariados pasó de cerca del 34% del año pasado al 43%”.

La paradoja

Lo que ocurre en Posadas no es un fenómeno local ni una anomalía estadística. Es la expresión territorial de un proceso que el Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la Pontificia Universidad Católica Argentina acaba de documentar en un informe titulado “Deterioro y resquebrajamiento de la estructura social del trabajo en la Argentina (2010-2025)”, publicado en junio de 2026.

El documento, elaborado por los investigadores Ramiro Robles, Alejo Giannecchini y Valentina Ledda, propone una hipótesis central para entender lo que muestran los números de Posadas. La economía argentina sostuvo niveles relativamente bajos de desocupación no porque generara empleo de calidad, sino porque fue absorbiendo fuerza de trabajo a través de lo que los autores denominan una “absorción laboral regresiva”. Más participación y más ocupación, pero con mayor peso de inserciones microinformales, precarias y de bajos ingresos.

“La baja desocupación relativa no constituye, en este sentido, un indicador suficiente de integración laboral, sino una clave para comprender el modo específico en que se procesó el deterioro, menos por expulsión abierta del mercado de trabajo que por degradación de las condiciones de inserción, protección e ingresos”, señala el informe.

El caso de Posadas es un ejemplo directo de ese mecanismo. La ciudad no expulsa trabajadores, pero los absorbe en empleos más precarios, menos calificados y con menor protección social.

El sector microinformal

El informe de la UCA describe cómo, a lo largo de los últimos quince años, el sector microinformal -compuesto por cuentapropistas no calificados, empleados de microempresas de hasta cinco personas y trabajadoras domésticas- fue ganando peso en la estructura del empleo. En 2010 representaba el 46,4% de los ocupados urbanos. En 2025 llegó al 48,3%, con el trabajo no asalariado como el componente de mayor crecimiento.

Ese proceso tiene una correlación directa con los datos de Posadas, donde el cuentapropismo aumentó y el empleo asalariado cayó. Para los investigadores de la UCA, esa dinámica no refleja un movimiento voluntario hacia el autoempleo, sino una estrategia defensiva ante la falta de oportunidades en el sector formal.

“La movilidad laboral reciente no opera principalmente como canal de integración o ascenso ocupacional, sino como mecanismo de ajuste defensivo frente a la insuficiencia de empleos formales, regulados y mejor remunerados”, indican. Los datos también muestran que quienes trabajan en el sector microinformal tienen entre un 30% y un 40% menos de ingresos que el promedio del conjunto de ocupados, y que el 66,5% de ese sector se encuentra en el segmento de empleo precario, frente al 29,1% del sector formal privado.

Más horas, menos calidad

Otro rasgo que el informe académico describe y los datos del Ipec confirman en Posadas es la expansión simultánea de la subocupación y la sobreocupación. El 32% de los posadeños trabaja más de 45 horas semanales, mientras que el 9% trabaja menos de 35 horas y quiere trabajar más. Ambos fenómenos coexisten porque el mercado no ofrece condiciones de trabajo plenas para todos los que las buscan.

El comercio, hoteles y restaurantes concentran el 27% del empleo, y los servicios el 30%, lo que significa que casi 6 de cada 10 trabajadores posadeños se desempeñan en ramas de alta absorción laboral pero baja productividad relativa y mayor vulnerabilidad a los ciclos económicos.

El informe de la UCA sostiene que “el resquebrajamiento de la estructura social del trabajo no se reduce a la expansión del sector microinformal ni al aumento de la precariedad tomada aisladamente. Se trata de un proceso de desarticulación entre estructura productiva, instituciones laborales y trayectorias ocupacionales”.

Ninguno funcionó

Ninguno de los tres gobiernos que pasaron por el período estudiado por la UCA logró resolver el problema del empleo de calidad.  Ni Mauricio Macri, ni Alberto Fernández ni Javier Milei lograron instalar medidas que ayuden a generar empleo de calidad.

Yendo al actual período, el dato más revelador es el que consigna el propio informe del ODSA-UCA que dice que entre 2023 y 2025, por primera vez en décadas, el empleo registrado total cayó mientras el PBI crecía.

La elasticidad empleo-producto fue negativa. El crecimiento se concentró en sectores de alta productividad y baja absorción laboral como energía, finanzas, servicios empresariales, mientras las ramas intensivas en trabajo orientadas al mercado interno se contrajeron.

Javier Milei llegó al gobierno con la promesa de generar empleo de calidad. Y lanzó varios paquetes de medidas con se suponía resolvería las necesidades del trabajador informal. Pero nada funcionó, hasta hoy. El DNU 70/2023 fue frenado judicialmente. La Ley de Bases flexibilizó el período de prueba y redujo multas por informalidad, pero no generó registración. La informalidad subió. El empleo público cayó 3,4 puntos porcentuales en dos años. El sector microinformal absorbió la fuerza de trabajo que el sector formal y el Estado dejaron de demandar. El cuentapropismo no calificado creció como refugio, no como emprendimiento.

Y así la informalidad, una vez más, se volvió la opción de supervivencia para buena parte de la población laboralmente activa, tal como viene sucediendo desde hace una década. 

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