Juegos por la Paz será el eje del semestre
No Más Violencia refuerza su labor en escuelas y plazas
Desde hace trece años, la Fundación No Más Violencia desarrolla en Posadas distintas propuestas orientadas a promover una cultura de paz y fortalecer la convivencia. A través de talleres en instituciones educativas y actividades recreativas en espacios comunitarios, la organización busca generar ámbitos de reflexión sobre la identidad, la autoestima, los vínculos y la resolución de conflictos desde una mirada preventiva.
En ese marco, Estrella Rotela, integrante de la fundación, explicó que la organización llegó a la capital misionera en 2013 luego de que referentes locales conocieran al equipo nacional de la entidad. Desde entonces, el voluntariado llevó adelante el programa No Más Violencia va a la Escuela en establecimientos públicos y privados, hogares de día y centros para adultos, además de Juegos por la Paz, una iniciativa que reúne a familias, niños y adultos en plazas y otros espacios comunitarios para trabajar valores como el respeto, el perdón, la solidaridad y la humildad.
“En Posadas comenzamos en 2013, cuando nuestros pastores conocieron al equipo nacional de la fundación durante un encuentro. A partir de ese vínculo surgió la posibilidad de implementar el programa en la ciudad, recibimos la capacitación correspondiente y desde entonces sostenemos el trabajo de manera ininterrumpida”, recordó Rotela.
Actualmente, la sede local reúne entre 20 y 30 voluntarios que se desempeñan como promotores de paz. La fundación nació en una comunidad de fe y, por ese motivo, quienes se suman al voluntariado deben compartir esa base espiritual. Más allá de ese requisito, aclaró que no existen límites de edad para participar.
“Entendemos a las personas desde una mirada integral, que incluye lo biológico, lo psicológico, lo social y lo espiritual. Para nosotros es fundamental creer en Dios y en Jesús como Príncipe de Paz, porque valores como el perdón, la solidaridad, la humildad y la posibilidad de dar son los principios que buscamos transmitir en cada actividad”, afirmó.
Desde su llegada a la provincia, la principal herramienta fue No Más Violencia va a la Escuela, un programa que alcanzó establecimientos primarios, secundarios, nocturnos, hogares de día y espacios destinados a la educación de adultos, tanto de gestión pública como privada. Paralelamente, el equipo impulsó Juegos por la Paz, una propuesta recreativa desarrollada en el barrio Fátima, el Jardín Botánico, Yacyretá y San Gerardo.
“Juegos por la Paz se realiza al aire libre y propone distintas dinámicas para acercar a adultos y niños mientras se trabajan valores como el amor, el perdón, la humildad y la solidaridad. En cambio, el programa en las instituciones educativas nos permite generar un vínculo mucho más sostenido porque son ocho encuentros, una vez por semana, durante aproximadamente dos meses o dos meses y medio”, explicó la voluntaria.
En Posadas, las acciones se concentraron en las dos propuestas que la fundación logró sostener en el tiempo. De acuerdo con Rotela, el programa desarrollado en las instituciones educativas dejó el mayor impacto por la continuidad del trabajo, mientras que las actividades comunitarias permiten llegar a muchas familias, aunque con un contacto más breve.
“En las escuelas se genera un vínculo con los alumnos, los docentes y la institución. Como nos ven una vez por semana durante varios meses, podemos seguir abordando temas, acompañar procesos y fortalecer esa relación. En Juegos por la Paz, en cambio, compartimos un momento puntual de dos horas y media o tres horas, por lo que después es más difícil evaluar las consecuencias o mantener ese contacto con las familias”, expresó.
“Primero trabajamos todo lo relacionado con la persona. Cuando muchas cuestiones no están resueltas o faltan aprendizajes vinculados a los valores, eso termina generando conflictos y formas de relacionarse que después naturalizamos”.
A partir del contacto permanente con niños en edad escolar, el voluntariado observa que determinadas conductas agresivas se incorporan con naturalidad desde edades tempranas. Esa realidad, afirmó Rotela, refuerza la necesidad de generar espacios de diálogo antes de que esas prácticas se consoliden como formas habituales de convivencia.
“Hoy vemos que muchas situaciones se resuelven desde la agresión, ya sea física o verbal, y eso termina pareciendo normal. Por eso creemos que estos temas deben trabajarse de manera permanente, para reconocer esas conductas y cortar ese ciclo antes de que se convierta en una forma cotidiana de vincularnos”.