2026-07-12

Las bandas criminales acentúan su poder en la región

América Latina concentra las urbes más peligrosas del mundo

América Latina y el Caribe concentran 41 de las 50 ciudades más violentas del mundo. ¿Por qué las tasas de homicidio son tan altas en la región?

América Latina y el Caribe vuelven a quedar expuestas como el epicentro mundial de la violencia urbana. Según la clasificación más reciente de la organización mexicana Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal, 41 de las 50 ciudades más violentas del planeta se encuentran en la región, un dato que confirma el fracaso de buena parte de las políticas de seguridad aplicadas durante los últimos años y la creciente capacidad del crimen organizado para disputar territorio, controlar economías ilegales y penetrar estructuras estatales.

El ranking coloca a Puerto Príncipe, capital de Haití, como la ciudad con mayor tasa de homicidios del mundo en 2025, con cerca de 198 asesinatos cada 100.000 habitantes. El dato refleja el colapso casi total del Estado haitiano, donde bandas armadas controlan barrios, rutas, accesos estratégicos, puertos, mercados y zonas rurales.

Innumerables grupos criminales realizan un importante reclutamiento de niños y luego los utilizan como sicarios.

 

La violencia dejó de ser exclusivamente urbana y se expandió hacia áreas productivas, corredores logísticos y comunidades enteras sometidas a secuestros, extorsiones, masacres y desplazamiento forzado.

Ecuador y México, a la cabeza

El mapa regional muestra además una concentración alarmante en Ecuador y México, dos países que reúnen buena parte de las 20 ciudades más violentas del mundo. El caso ecuatoriano es especialmente grave porque revela la velocidad con la que un país relativamente seguro puede transformarse en un centro de violencia extrema cuando confluyen narcotráfico, puertos estratégicos, debilidad institucional, cárceles capturadas por bandas y expansión de cárteles internacionales.

Ecuador pasó en pocos años de ser una de las naciones con menores tasas de homicidios de la región andina a convertirse en uno de los países más violentos de América Latina. La disputa por rutas de salida de cocaína hacia Estados Unidos y Europa, especialmente desde puertos del Pacífico, convirtió a ciudades como Guayaquil, Durán, Manta, Machala y otras zonas costeras en escenarios de guerra entre bandas locales articuladas con organizaciones extranjeras.

En México, la violencia sigue marcada por la fragmentación del crimen organizado, la expansión de carteles hacia nuevas actividades y la disputa permanente por plazas.

Ya no se trata únicamente del tráfico de drogas. Las organizaciones criminales diversificaron sus negocios hacia extorsión, cobro de piso, secuestro, trata, minería ilegal, robo de combustible, control de mercados, transporte, comercio informal y captura de municipios. Esa diversificación multiplica los focos de violencia y vuelve insuficiente cualquier respuesta limitada al combate tradicional contra el narcotráfico.

Especialistas de InSight Crime señalan que las disputas territoriales por rutas de cocaína continúan siendo una de las principales causas de la violencia homicida en la región. Pero el fenómeno se volvió más complejo: la captura o muerte de líderes criminales suele producir atomización de bandas, guerras internas y competencia entre facciones. Es decir, los golpes espectaculares contra jefes narcos no siempre pacifican; muchas veces abren un período más violento por la sucesión del mando y el reparto de negocios.

La expansión de economías ilícitas también explica la persistencia del fenómeno. La cocaína sigue siendo el eje central, pero a ella se suman el mercado de metanfetaminas, los préstamos ilegales “gota a gota”, la minería clandestina, la tala ilegal, el tráfico de personas, el contrabando y el robo de combustibles. Cada economía ilegal genera control territorial, corrupción policial, captación de jóvenes, compra de protección política y violencia contra competidores o comunidades que resisten.

La militarización aparece como una respuesta recurrente de los gobiernos latinoamericanos, pero sus resultados son ambiguos. En algunos casos permitió recuperar temporalmente calles o cárceles; en otros produjo violaciones a derechos humanos, desplazamiento de bandas hacia nuevas zonas y adaptación criminal.

Los estados de excepción, por sí solos, no resuelven las causas de fondo si no se combinan con inteligencia criminal, justicia efectiva, control penitenciario, persecución financiera, recuperación territorial y políticas sociales sostenidas.

El dato de las 41 ciudades latinoamericanas entre las 50 más violentas del mundo es mucho más que una estadística. Es una advertencia sobre el deterioro de la seguridad, la debilidad institucional y la consolidación de poderes criminales que ya no solo trafican drogas: gobiernan territorios, condicionan elecciones, imponen economías y desafían al Estado.

América Latina sigue siendo una región rica en recursos, alimentos, energía, minerales y talento humano. Pero mientras sus ciudades sigan dominadas por organizaciones criminales, ninguna promesa de desarrollo será plenamente viable. La seguridad dejó de ser un tema policial: es una condición básica de soberanía, inversión, democracia y futuro.

En cifras

198

Puerto Príncipe, la capital de Haití, registra la mayor tasa de homicidios del mundo con 198 asesinatos por cada 100.000 habitantes.

Rosario, de ilustre a la más peligrosa

Rosario, la tercera ciudad más grande de Argentina y durante décadas conocida por ser la cuna de algunas de las figuras más destacadas de la historia argentina, como el Che Guevara o Lionel Messi, y epicentro del simbolismo patriótico, ya que allí está el Monumento a la Bandera, en los últimos años fue dejando atrás su fama ilustre para convertirse en la ciudad más peligrosa del país.

Una violencia que se ha acrecentado en los últimos años con asesinatos a sangre fría por sicarios. Son varios los informes que muestran que Rosario tiene la mayor tasa de homicidios de Argentina. En 2023, el Centro de Estudios Latinoamericanos sobre Inseguridad y Violencia de la Universidad de Tres de Febrero determinó que en 2020 hubo 16,4 personas asesinadas cada 100.000 habitantes.

Se trata de una tasa superior a la de la “villa miseria” más peligrosa de Buenos Aires, la Villa 31 de Retiro, donde la cifra de muertes violentas fue de 12,9 el mismo año.

Según el Observatorio de Seguridad de la empresa Verisure, en el año último Rosario también fue la ciudad que más hechos delictivos registró en el país.

 

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