2026-07-11

Descripciones desde el alma

¿Estrategia? ¿Fe? ¿Calidad?

Argentina vs Egipto en octavos de final. Cómo calificar este enfrentamiento, singular e increíble, por lejos. Tan único como difícil por la ferocidad de los contrincantes tanto como por el aparente desconcierto de nuestros muchachos. Diverso y raro como pocos: pleno de situaciones adversas e inesperadas para un equipo en lucha que debió remarla contra la corriente, durante unos 78 minutos.

Primero, Yasser Ibrahim marcó el primer gol egipcio, exactamente a los 15 minutos del inicio del partido. Ya con el partido 1-0 una falta de Hassan, le brinda a Argentina la chance de un penal, el que halló la resistencia del arquero, siendo el segundo penal fallido por nuestro capitán en la presente edición del Mundial 2026. Como si esto no fuera suficiente, un segundo gol de Egipto invalidado por una falta del equipo sobre un jugador argentino.

Sin embargo, escasos minutos después, un nuevo gol egipcio, los coloca 2 a 0 frente a nuestros guerreros ya atribulados y un poco torpes frente a demasiada inconveniencia sin recambio de aire. Es entonces, cuando pisando los 78 minutos del partido, con un casi irreversible 2-0, un cabezazo del Cuti Romero devuelve al pueblo argentino el inicio de una feliz esperanza de continuar en competencia, y el broche del ansiado empate lo produce la varita de nuestro Messi. Es Lionel quien, como genio de la lámpara, emerge inesperadamente convirtiendo ese gol que cada argentino del planeta tierra lo gritó con el corazón, vibrando el mismo suelo, sin discriminación de credos ni pronósticos. Mas la frutilla del postre no tardó en llegar. Enzo apareció con un cabezazo más que oportuno a los 91 minutos, tras un brillante pase de Lautaro Martínez, coronando así la instancia con 3-2 increíblemente logrado.

La inquietud es entonces absolutamente clara: ¿cómo se logra remontar un partido de este calibre? ¿Cuál es el secreto de semejante triunfo cuando las nefastas circunstancias se encadenan una tras otra?

Mi padre solía decirnos: “Al saber lo llaman suerte”. ¿Son los cambios de estrategia parte de la respuesta a este interrogante? ¿Se podría dar crédito a la fe? Fe en el Altísimo como fe y confianza en cada uno de los protagonistas entre ellos, pero también en sí mismos. ¿Depende de la calidad de equipo?

Presumo que todos estos elementos juntos responden esa pregunta antes formulada. Existe, sin embargo, un rasgo no menor que me resulta prioritario mencionar. Sin dudas, todo es una épica construcción que sólo se obtiene través de un arduo esfuerzo disciplinado y constante de un grupo de hombres que unidos férreamente en un equipo se sostienen en reciprocidad y total entrega, porque de otra manera, esta hombrada fuera de serie, no hubiera ocurrido.

Por Mercedes Griselda Romero
Docente, licenciada en Inglés

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