Kiricocho, papelitos en el freezer y la ciencia detrás de la cábala más argentina
Camisetas que no se lavan hasta terminar el torneo, sillones que nadie puede ocupar durante los partidos, papelitos escondidos en el freezer con el nombre de un rival: cada Copa del Mundo activa en los hinchas argentinos una batería de rituales que se transmiten de generación en generación.
La palabra que los nombra, cábala, tiene un origen mucho más antiguo y una explicación psicológica que ayuda a entender por qué la gente sigue recurriendo a ellos partido tras partido.
De la mística judía al folclore futbolero
El vocablo cábala nació dentro de la tradición mística del judaísmo, donde designaba un cuerpo de enseñanzas sobre el sentido oculto de las letras hebreas, los números y el propio universo, desarrollado especialmente en la Provenza y Cataluña a partir del siglo XII. Con el tiempo, ese significado original se fue diluyendo en el habla cotidiana argentina hasta convertirse en sinónimo de ritual de la buena suerte, un terreno que el fútbol adoptó como propio y multiplicó hasta el infinito.
Una conducta que viene de mucho antes que el fútbol
El psicólogo conductista Ignacio Suárez ubicó el origen de estas prácticas en los orígenes mismos de la especie humana. Para el especialista, una cábala aparece cuando una persona le adjudica un efecto real a una acción que en verdad no tiene ninguna relación causal con lo que desea que suceda.
Esa asociación entre gesto y resultado, explicó Suárez, tuvo en algún momento un valor evolutivo concreto: frente a un sonido extraño entre la vegetación, a los primeros humanos les convenía más huir suponiendo un peligro que quedarse a confirmar si el riesgo era real.
El verdadero objetivo no es ganar el partido, sino calmar la ansiedad
Durante un Mundial, el hincha desea un resultado que no puede controlar de ninguna manera, y ahí es donde entra en juego la cábala. Según Suárez, la ansiedad se vive como una emoción molesta, y aunque el ritual no incida en lo que pasa dentro de la cancha, sí modifica el estado emocional de quien lo realiza.
El especialista consideró que la superstición cumple una función psicológica genuina, porque produce una sensación inmediata de alivio y control. Ese mismo mecanismo, agregó, también atraviesa a los propios jugadores profesionales.
Cuando el ritual se vuelve un asunto de familia
En la Argentina, estas costumbres rara vez quedan en lo individual. Hay hogares donde nadie se mueve del lugar donde vio ganar al equipo, grupos que repiten el mismo menú en cada partido y personas que evitan pronunciar en voz alta un resultado por miedo a "mufar".
Suárez remarcó que una cábala vivida con liviandad también funciona como excusa para el encuentro, porque convierte al ritual en un momento compartido más allá de lo que termine pasando en la cancha.
El caso Bilardo y el origen de Kiricocho
Ningún nombre representa mejor el cruce entre el fútbol argentino y la cábala que Carlos Salvador Bilardo, campeón del mundo en 1986, que prefería llamar "costumbres" a sus propias supersticiones. Una de sus historias más recordadas tiene como protagonista a Juan Carlos, un hincha de Estudiantes de La Plata apodado Kiricocho, al que se le atribuía mala suerte cada vez que se acercaba a los entrenamientos. En lugar de alejarlo, Bilardo lo puso a saludar a los rivales antes de los partidos, y esa anécdota terminó instalando una expresión que hoy se escucha incluso en canchas europeas.
Suárez sostuvo que el título logrado bajo la conducción de Bilardo terminó de consolidar la cultura cabulera que caracteriza al hincha argentino hasta hoy.
No toda repetición es una cábala
Suárez trazó una diferencia clave con la rutina, que también implica repetir gestos pero cumple otra función: ordenar la conducta y favorecer la concentración, sin que la persona crea que el resultado depende mágicamente de ese acto. La frontera está en la creencia: si alguien sabe que puede jugar bien aunque rompa el ritual, se trata de una herramienta de concentración; si cree que sin ese gesto todo va a salir mal, la cábala puede transformarse en una fuente de angustia.
Cuándo ayuda y cuándo empieza a pesar
Las cábalas cumplen su función mientras alivian la ansiedad y refuerzan el sentido de pertenencia, pero pueden volverse un problema cuando generan sufrimiento o la sensación de una obligación imposible de eludir. Para Suárez, la clave pasa por cómo cada persona interpreta su propio ritual: si lo vive sabiendo que no define el resultado, puede disfrutarlo sin sobresaltos.
Con el Mundial 2026 en marcha, las viejas cábalas familiares conviven con rituales nuevos nacidos en las redes sociales, aunque todos persiguen el mismo objetivo, ordenar la espera y transformar la ansiedad en una forma de participación, aunque el resultado se termine definiendo lejos de cualquier sillón.