Dolor, desesperación y milagros entre los escombros del terremoto en Venezuela
La tierra no dio tregua. En poco más de una hora, la noche del miércoles 24 de junio, dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 sacudieron Caracas y los estados La Guaira, Miranda, Aragua, Carabobo y Falcón con menos de un minuto de diferencia entre ambos.
El saldo oficial asciende a 188 muertos, más de 1.500 heridos y 157 desaparecidos. Pero detrás de los números hay rostros, voces y escenas que no se olvidan.
"Antonio, mamá está aquí"
En medio de los trabajos de rescate, una mujer clamaba por su hijo. Entre lágrimas, desesperada, gritaba su nombre: "¡Antonio, mamá está aquí!" Le temblaban las manos. Caminaba de un lado a otro sin saber adónde ir.
A su alrededor, vecinos y funcionarios de Protección Civil intentaban sacar posibles sobrevivientes sin maquinarias, apenas con un par de plantas eléctricas para iluminar el lugar. "Necesitamos tobos para cargar y mover los escombros. Hay gente viva", gritaban.
Tres hermanos sacados con vida
Un video registró uno de los momentos más conmovedores de la tragedia: el rescate con vida de tres niños entre los escombros de La Guaira. La grabación muestra a vecinos y rescatistas que intentan tranquilizar a los menores apenas logran sacarlos de la estructura colapsada.
"Aquí acabamos de salvar un bebé. Vente, mi niño, vente para acá, ven", dice el hombre que registra la escena. Instantes después aparece una segunda menor y enseguida un tercero. Cuando alguien les pregunta si son hermanos, uno de los chicos responde: "Sí, somos tres".
El argentino que buscaba a su familia.
Lucas Trejo, defensor cordobés de 38 años que juega en el Club Sport Marítimo de La Guaira, estaba concentrado con su equipo en Caracas para disputar la primera jornada de la Copa Venezuela cuando supo lo que había pasado. El edificio en el que vivía junto a su esposa e hijos en Playa Grande se había derrumbado. Desesperado, compartió en Instagram una fotografía junto a sus seres queridos y difundió sus identidades para facilitar cualquier información.
"Nuestro edificio en Playa Grande se derrumbó. No sé nada de mi familia. Por favor, oren por ellos y difundan este mensaje por si alguien los vio. Quiero creer que no estaban ahí", escribió.
Su concuñado Eduardo Ardiles habló desde Córdoba con algo de esperanza: "Como el hijo de Trejo jugaba a la pelota en una escuela de fútbol en el momento de los terremotos, tenemos la esperanza de que no hayan estado ahí. Tenemos la esperanza de que la familia haya salido".
Trejo había confesado en una entrevista años atrás que Venezuela era el país donde más feliz había sido en su vida: "Nunca en otro país del mundo fui tan feliz como hoy lo soy acá. Este lugar marcó mi vida".
"No tenemos nada, ahorita no tenemos nada, ni siquiera fuerza, ni valor para meternos ahí, imagínate tú", dijo Larry Rojas, de 49 años, parado frente a un edificio derrumbado bajo el que estaba atrapada su familia. Era una de las tantas personas que esa noche esperaban junto a los escombros sin poder hacer otra cosa que rezar.
La dimensión del desastre
Miles de personas amanecieron con el horror de ver edificios completos convertidos en piedras y polvo. La falta de señal de telefonía celular en partes del país agravó la angustia de muchas familias, en particular de quienes tienen seres queridos entre los más de 7,7 millones de venezolanos que debieron abandonar el país durante su prolongada crisis.
La Argentina expresó su solidaridad y ofreció ayuda humanitaria a través de la Cancillería. La ONU también se movilizó de inmediato: "La solidaridad internacional está llegando. Necesitamos que todos colaboren", señaló Tom Fletcher, responsable de ayuda humanitaria de emergencia del organismo.