A 40 años del título en México 86
YO ESTUVE AHÍ: la conquista en tierra azteca
“Che, cumpa, vamos al Mundial”, lanzó Claudio sin vueltas. “No, no, no sé cómo vamos a ir”, fue la respuesta con cautela de Nicolás. “No sé, yo me voy”, sentenció el primero, sin saber de dónde sacaría el dinero y tampoco sin contar con su hoja de ruta. Sin embargo, sobraba decisión para volar a México, sede del Mundial de Fútbol del 86, que coronó a la selección argentina de Diego Maradona y Carlos Bilardo, logro del cual se cumplen 40 años.
Claudio Chávez repasa casi de memoria y de forma cronológica cómo se gestó el viaje a la máxima cita del fútbol, época en que no sobraban muchos pesos (o australes), había que regatear y a su vez descubrir un lugar nuevo, ya que era “la primera vez” que salía de Misiones a un “lugar tan lejos”. Hoy, afloran las anécdotas, pero también la satisfacción de haber asistido a una fiesta “única”, que le regaló la coronación de la selección y ver al Diego con un desempeño “superlativo”.
Partieron el 24 de mayo desde Buenos Aires, “no tenía la guita y él (su compadre) me prestó 800 dólares. Llegamos el 25 a México de madrugada y no teníamos idea dónde íbamos a ir, porque no teníamos entrada ni alojamiento, nada. Fuimos a un hotel la primera noche y empezamos a averiguar dónde alojarnos, comprar las entradas. Y ahí nos encontramos con otros argentinos, ellos paraban en un hotel más chico y había lugar”, recordó Chávez.
Asistieron al partido inaugural en el estadio Azteca, “una monstruosidad”, -recordó- y “le vimos a todos los jugadores de la selección: Passarella venía abrazado con Maradona”, lo que grafica que todavía había buen vínculo entre el Diez y el Kaiser. “Las entradas a veces comprábamos en boleterías o en oficinas. No eran caras, ellos vivían un proceso inflacionario y había como un veranillo con el dólar para nosotros”, repasó para luego contextualizar sobre lo deportivo.
“El primer semblanteo que nos llamó la atención era que había cuatro candidatos para los mexicanos y uno de esos era Argentina porque tenía a Maradona. También estaban Alemania e Inglaterra; ellos estaban preocupados por el terremoto (del 85), que volviera a pasar. A su vez querían ser hospitalarios y nos sentimos cómodos… había espectáculos toda la tarde en la plaza. Llovía casi todos los días, el gran problema que tuvimos fue la altura”.
Pasó el debut contra Corea del Sur en el estadio Olímpico (triunfo 3-1), “le patearon a Maradona con tomas de karate, de todo…” y el segundo con Italia se jugó en Puebla (finalizó 1-1): “Fuimos en ómnibus desde el DF y comprábamos en ventanilla como la de Guaraní (Antonio Franco), íbamos el día antes del partido. Ese partido Maradona le hace un gol con un guante (a Giovanni Galli) y lo echaron a Garré. Al italiano que lo bailó a Garré lo agarró Ruggeri con un patadón y lo apagó”. Hasta ese momento la hinchada de México era neutral, “no estaba tanto con nosotros”, los barras ya se hacían ver y entre cada espacio había momento para conocer las bondades de tierra azteca. En las recorridas percibieron que el mexicano se mostraba “cordial, amable”. Podían comer por un dólar y se sumaban a las fiestas en El Zócalo con los mariachis y otros artistas, ocasión en que se animaban con algún zapateo criollo.
A todo esto, el gran candidato de los anfitriones, Brasil, jugaba en Guadalajara y empezaban a hacer los cálculos sobre el camino de la Albiceleste en octavos. “Con Bulgaria (triunfo 2-0) la selección empezó a mostrar jerarquía. Y la organización de Bilardo, yo lo veía atrás del arco: la tarea de (Ricardo) Giusti fue poco reconocida pero casi no tuvo imprecisiones”.
¿A partir del tercer partido se empezó a hablar de Argentina candidata?, fue el interrogante. “Teníamos miedo que íbamos a quedar en octavos, cuartos… Vino el partido con Uruguay por octavos en Puebla (1-0). Ese día se largó una lluvia torrencial, durante el partido… hizo el gol (Pedro) Pasculli, íbamos ganando y el técnico de Uruguay lo pone a Rubén Paz, que jugó una barbaridad. Terminó el partido con la hinchada de México alentando por Uruguay. Era un clásico, Uruguay tenía un muy buen equipo, fue un partidazo, emocionante”.
A la par de las selecciones, se hablaba de las principales figuras, “eran Zico, Platini, Maradona y ellos estaban con Hugo Sánchez. Maradona estaba siendo conocido pero la actuación fue tan descollante que terminó siendo el jugador del Mundial… El dicho de Bilardo ‘denle la pelota a Maradona’ es cierto, porque se hacía cargo del equipo. El adversario sabía que era el mejor, Diego fue muy guapo, se bancó patadas, siempre entrando con sus cábalas, con los cordones desatados, fue único… y ya empezamos a ilusionarnos”.
El quiebre
Llegó un rival que no fue uno más. Fue “El partido”, como se definió en los últimos tiempos (a través del libro del periodista Andrés Burgo o el documental basado en la misma obra). El propio Chávez lo subrayó: “El partido con los ingleses fue bisagra, porque Inglaterra era el rival a vencer, no sólo por el futbol sino por Malvinas. Y el tema de Malvinas estaba muy instalado, era como que íbamos a la guerra y por supuesto, no estábamos en ninguna guerra. Y esa emoción interna la teníamos todos, había que ganarle a los ingleses. El triunfo ese significó un empujón para arriba”.
Fue una batalla... una parte de la hinchada argentina robó una bandera a los ingleses y la quemó en el propio estadio, lo que alimentó la tensión. “Ese hecho no le gustó a los mexicanos, fue repudiado… pero estaba Malvinas adentro. Y a la salida hubo escaramuzas. Ellos (los hooligans) le pegaban a cualquiera que tuviese la camiseta”.
El partido con Inglaterra (2-1) fue “infernal, el gol con la mano –yo estaba detrás del arco- no vi, la mano no vi. Diego se dio vuelta en el córner para ver si lo había cobrado, y el mejor gol del Mundial fue una cosa apoteósica, aplaudió todo el estadio. Fue una obra de arte, como dijo Víctor Hugo (Morales)… la forma en que apiló a todos”.
Ya en semifinales, con Brasil eliminado (“fue decepcionante” para el Mundial, recordó) empezó a aparecer la figura del Diego y de la selección como candidata, no en su totalidad porque tenía que jugar con Bélgica y Alemania. Con Bélgica fue “hermoso”, compartió; “Diego en su plenitud. El arquero de ellos era el mejor del Mundial y Diego le dio así (en referencia al segundo gol en la victoria 2-0), casi cayendo, al otro palo. Los movimientos estéticos de Diego fueron superlativos… si no estaba no ganábamos ese Mundial”.
Con la selección en las puertas de la gloria, ese día previo a la final “no podíamos dormir prácticamente, estaban los fantasmas ‘si no salíamos campeones’. Otros arengaban, ‘sí, sí, vamos a salir’. A las 7 de la mañana ya estábamos listos para ir a la cancha, ese día fue interminable, inolvidable. Fuimos al Zócalo a festejar, la gente estaba argentinizada, nos felicitaban”. Acerca del encuentro decisivo, remarcó que “la final fue con mucha tensión, yo había hablado con mi compadre: ‘me voy a meter a la cancha’ (al final no pudo hacerlo). Parecía que el partido se iba a resolver, cuando viene corriendo Burruchaga yo tenía un cagazo y con qué espíritu metió un gol, fue una locura, estábamos afónicos, nos saludamos con cualquiera”.
Fútbol e historias singulares se conjugaron en una aventura que lo marcó a fuego a Chávez. De toparse con un cachorro de puma en pleno colectivo en un paseo hasta simbolizar con un guiso la marca argenta en la playa de Acapulco. Tiene claro que fue un acontecimiento “único e irrepetible, de tanta felicidad y emoción y extraordinario, porque verlo al Diego en ese momento, en la cúspide. Con el tiempo te das cuenta, decís ‘pensar que estuve ahí en ese momento, no te olvidás nunca más’”.
Además de México 86, disfrutó de las citas de Francia 98, Brasil 2014, Rusia 2018 y el último de Qatar. El de México “fue un campeonato más para la gente, Qatar fue más para el show, aparte de la opulencia. Me quedo con el fútbol del 86, era un fútbol más auténtico”.