En medio del desfinanciamiento y el conflicto por la Ley de Financiamiento Universitario
Universidad pública, historias que respaldan la importancia de su rol
En los últimos tres años encabezados por el gobierno de Javier Milei, las universidades públicas argentinas pasaron a ser un ámbito atravesado por tensiones presupuestarias periódicas, siendo uno de los focos centrales del conflicto político y social del país. Lo que comenzó como un proceso de deterioro sostenido por la inflación derivó, con el cambio de gestión nacional, en una crisis más profunda marcada por el desfinanciamiento, la pérdida salarial y la creciente dificultad para sostener el funcionamiento básico del sistema. Entre ajustes, protestas y debates sobre el rol del Estado, el modelo de universidad pública históricamente asociado a la gratuidad y el acceso masivo- atraviesa hoy uno de sus momentos más críticos en décadas. Actualmente la lucha de toda la cadena universitaria está puesta en el incumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario. En este contexto, El Territorio dio con historias de primeros egresados de sus familias del sistema público, estudiantes que atravesaron diversos contextos y hoy destacan su título como una herramienta fundamental que consiguieron gracias no solo gracias a su esfuerzo y perseverancia sino también a la universidad pública.
La primera egresada de su familia
Rodríguez tiene 27 años, es la mayor de seis hermanos y logró recibirse de profesora de Letras en la Universidad Nacional de Misiones (Unam). Salió de colonia Alegría, y finalizó sus estudios secundarios en la Escuela de la Familia Agrícola. Posteriormente en 2017 se mudó a Posadas, con todos los cambios que eso implica, pero con el firme propósito de estudiar lo que soñaba: el profesorado en Letras. En ese entonces, según relató, consiguió un alquiler que económicamente se ajustaba a lo que sus padres podían pagar. Recordó que pagaba por una habitación unos $7 mil pesos.
Contó que para ella fue un enorme desafío llegar a una ciudad desconocida lejos de su familia. "Fui la primera hija en mudarse de la chacra a una ciudad desconocida, eso generó miedo a un principio", contó Lorena y se refirió a los desafíos: "Para mi familia fue la cuestión económica y para mí la cuestión académica con todo que implica ingresar a la universidad. El primer año me costó muchísimo, después ya el segundo me adapté y pude terminar, con mucha alegría y satisfacción".
En medio a la incertidumbre, el estar distanciada de su familia por más de 250 kilómetros y la pandemia de por medio, que obligó a la familia a disponer de servicios de conectividad inalámbricos para que pueda concluir la cursada, supo valorar el esfuerzo que hacía sus padres y la oportunidad de la Universidad Pública para egresar en tiempo y forma. "Gracias a la universidad pública y al apoyo de mis padres, lo pude hacer. Para los jóvenes de la zona rural es una herramienta casi indispensable cuando se quiere un futuro mejor", reconoció.
Luego de que egresó, motivó a una de sus hermanas a seguir el mismo camino. "El haberme ido a otra ciudad abrió muchas puertas. Hoy mis papás se sienten más seguros, entienden la importancia de tener un título universitario. Una de mis hermanas está ahora cursando el tercer año de Contador Público en la Unam", detalló.
Sobre el contexto que atraviesa a las familias de las zonas rurales donde muchos jóvenes no tienen la posibilidad de estudiar y deben ayudar a sus familias emigrando hacia Brasil, la profesora expresó: "Me duele, me moviliza mucho el hecho de que alumnos de cuarto o quinto dejen la escuela para irse a Brasil en busca de oportunidades para ayudar a sus familias. Este contexto económico condiciona mucho a las familias solo que es necesario que puedan terminar el secundario, elegir una carrera, formarse porque eso le abre puertas". También, resaltó la posibilidad de que la mujer pueda independizarse económicamente: "Soy la primera mujer de mi familia en tener sus propios ingresos. Es tan necesario la libertad económica de una mujer, pero más allá de todo eso permite a los hijos de la zona rural es esa movilidad ascendente, de formarse y tener una mejor calidad de vida".
La posibilidad de estudiar por la gratuidad
La realidad de estudiantes oriundos de las colonias es muy dura, habla de sacrificio, esfuerzo y valentía, muchos deben dividir las horas de estudio del nivel medio con los trabajos que demanda la chacra, de donde sus familias obtienen el sustento sin que sobren ingresos suficientes como para seguir estudiando, a no ser que accedan a una carrera gratuita, que puedan ingresar a la universidad pública.
Mirian Pufal, tiene actualmente 47 nació, se crió en la zona rural y estudio en Leandro N. Alem, pero hace 18 años que vive en Tobuna de San Pedro. Su padre falleció cuando tenía 9 años, su hermano mayor 13 y el menor 11 meses, pese al contexto complicado su madre jamás dejo de insistir en que tenían que estudiar. Se casó joven; con 16 años. De ese matrimonio nacieron tres niños Brian (30), Eric (28), Stiven (26).
Culminar la secundaria ya representó un enorme desafío. Su primer hijo nació cuando cursaba cuarto año, con el apoyo de su madre y la rectora del colegio en el que estudiaba terminó el quinto año con honores. Fue abanderada de la bandera provincial y recibió la mención de la fundación ‘Por la Ciudad que Queremos’ en reconocimiento por su esfuerzo y dedicación para concluir sus estudios secundarios en 1996.
Después de tener a sus tres hijos, como algo casi imposible, retomó sus estudios en la Escuela Normal Superior Nro. 1 de Leandro N Alem; primera escuela de la provincia en formar maestros normales tal como lo llamaban en aquella época. “Con el correr de los años solo cambio el título porque con orgullo puedo decir que siempre formó y sigue formando maestros de forma gratuita y con excelencia porque sus egresados están esparcidos por toda la provincia”, destacó Mirian.
Estudiar en aquella época no fue fácil, cuando su madre enviudo no existían los planes sociales y tampoco había ayudas económicas, siquiera contaban con servicio de colectivo como para trasladarse a la escuela, tenía que caminar. “Se trabajaba en la chacra, se cultivaba el suelo y se producía gran parte de lo que se consumía. Aparte mi madre y mi hermano mayor trabajaban para los vecinos para poder juntar algo de dinero para las cosas que se debían comprar, mientras yo era niñera de mi hermanito y realizaba las tareas de la casa, preparaba el pan y atendía a los pocos animales que teníamos”, recordó Mirian.
Su hermano mayor debido a estos motivos abandonó el secundario, solo que ella, mientras se ocupaba de los quehaceres soñaba con ser profesora de historia. Su familia no contaba con los recursos para afrontar los costos de un profesorado privado que existía en ese entonces o trasladarse a otra localidad le resultada imposible. El sueño de estar frente al aula se pudo dar mediante la escuela pública como maestra, y lo ejerce con honor.
El trayecto de formación habla de pura convicción y la certeza de que estudiar era una de las mejores alternativas para tener un futuro mejor, más cuando debía criar tres hijos sola. “No fueron años fáciles, me había separado y tenía a tres niños a mi cargo, los debía cuidar, brindarles todo lo que ellos necesitaban por eso estudiaba, trabajaba como empleada doméstica en casas de familia y seguía ayudando en la chacra porque de ahí también obteníamos muchos beneficios como la leche de las vacas para mis pequeños. Todo tiene su esfuerzo y su sacrificio”, dijo la docente.
Pasado los tres años de estudio en 2006 logró recibirse, a sus 26 años, de Profesora de EGB1 Y 2, el título que se otorgaba en ese entonces, un momento que marcó para siempre su vida, la de su familia y que es motivo de inspiración. Aquella niña que solo tenía un par de calzados, un bolso costurado en casa, bordado a mano, que cargaba su cuaderno y su lápiz, porque ni para los colores a veces alcanzaba, que desde la primaria todos los días tenía que caminar por cinco kilómetros para llegar a la escuela, ese día sola rindió su última materia. “Muy pocos creían en mi capacidad de estudiar, me preguntaban si podría lograrlo después de haber terminado hacia tanto el secundario, habían pasado 5 años y tenía 3 hijos”, manifestó y añadió que incluso “muchos se burlaban, otros me criticaban, pero yo quería un futuro mejor para mí y para mis niños. Sabía que solo estudiando en una escuela pública donde no tenía que pagar nada, solo esforzarme lograría mi meta”, expresó sin lograr contener las lágrimas poniendo en relevancia el mérito y que todo esfuerzo tiene su recompensa. Cabe destacar que Mirian es la única de sus hermanos que logró seguir adelante con los estudios y acceder a un título terciario.