2026-04-08

Afirman que se frena por igual el desarrollo y la calidad de vida

La restricción energética como límite al desarrollo y a la calidad de vida de la población fue el tema analizado por los ingenieros Martín Cruz Rodríguez Paz y Ricardo Charon, integrantes del Consejo Profesional de Ingeniería de Misiones. Estos profesionales, mediante un documento, plantean que la restricción energética es un problema estructural que la provincia de Misiones arrastra hace años, pero que aún no logra instalarse en el debate público con la profundidad necesaria.

El enfoque de los autores es técnico, pero sus implicancias son profundamente sociales y económicas. La energía, plantean los profesionales, no es un insumo más, sino un vector de desarrollo. “Sin energía suficiente, confiable y a costos competitivos, el crecimiento es simplemente inviable”, reflexionan los ingenieros.

Surge así un concepto que considera central “la demanda reprimida”. En el documento plantean que “no se trata de cuánto consume hoy Misiones, sino de cuánto podría consumir si el sistema eléctrico estuviera en condiciones de acompañar el desarrollo”. Como explican Rodríguez Paz y Charon, los registros actuales de demanda no reflejan un techo natural, sino un límite impuesto por la infraestructura disponible.

Las consecuencias

En términos concretos, de acuerdo al trabajo, esto significa que la provincia consume lo que el sistema puede entregar, no lo que su economía necesita. En tal sentido plantean que las consecuencias son directas: Inversiones que no llegan; industrias que no se radican; cadenas productivas que no se consolidan; empleo de calidad que no se genera y jóvenes que, ante la falta de oportunidades, terminan buscando futuro fuera de la provincia.

Por falta de gas

Todo lo previo plantean como una restricción estructural, pero a ello su suma una condición particular de Misiones: la ausencia total de gas natural. “Esto convierte a la provincia en un sistema profundamente electro-intensivo, donde cada mejora en el nivel de vida -desde encender el aire acondicionado hasta encender la computadora- se traduce en mayor demanda eléctrica”.

En esa línea añaden que “lejos de acompañar ese proceso, la infraestructura actual actúa como un freno. Los eventos recientes lo confirman. El colapso de tensión en el NEA durante el verano de 2025 mostró con crudeza la fragilidad del sistema. Y, paradójicamente, fue la generación hidroeléctrica de gran escala -Yacyretá- la que permitió sostener la estabilidad. Esto no es un dato menor. Es evidencia. Para abundar, mientras Misiones discute, la región avanza. Y el contraste es evidente”, añaden estos ingenieros.

Un contraste

Detallan como contraste “lo que sucede en Brasil que ha desarrollado más de 50 centrales hidroeléctricas sobre la cuenca del río Paraná, y la del río Iguazú cuenta con al menos 7 grandes aprovechamientos en operación sobre el río principal y varios más de menor magnitud sobre sus afluentes. Queda muy claro entonces que en Brasil no se debatió si usar o no los recursos, se decidió cómo hacerlo”, acotaron.

Sobre el debate actual

Los ingenieros Rodríguez Paz y Charon, en tal contexto añaden que, en Misiones, en cambio, “el debate sigue condicionado por un plebiscito realizado hace más de 30 años, en un contexto económico, tecnológico y socio-ambiental completamente distinto al actual. Desde entonces, la provincia observa cómo el desarrollo energético -y con él, el desarrollo productivo- ocurre del otro lado de la frontera. La pregunta ya no es si el mundo cambió. La pregunta es si estamos dispuestos a subirnos a ese cambio”.

Por eso indican que “en este marco, el proyecto Corpus Pindo-í aparece, en términos estrictamente técnicos, como una pieza estructural. No sólo por su capacidad de generación de energía firme y limpia, sino por su impacto en la arquitectura del sistema eléctrico”.

Los autores lo plantean con precisión que “Corpus permitiría pasar del esquema actual - frágil y vulnerable - a uno robusto y seguro que dejará en el pasado las restricciones actualmente existentes”.

Añaden que tal impacto no se agotaría en lo energético. “Se trata de una infraestructura multipropósito, con efectos sobre la navegabilidad del río Paraná, la integración logística regional, el desarrollo de infraestructura vial y sanitaria, la dinamización del empleo local y la generación de encadenamientos productivos”.

Añaden que por lo tanto la discusión, no es meramente ambiental ni meramente energética, es una discusión de desarrollo y calidad de vida.

Rodríguez Paz y Charon sostienen que  “negar una fuente de base como Corpus implica, en los hechos, aceptar que Misiones no aspire a estándares de vida superiores por falta de soporte energético”.

Entienden que lo previo “es la verdadera dimensión del debate. Porque mientras la provincia posterga decisiones, la demanda reprimida sigue acumulándose. Y con ella, también se acumulan las oportunidades perdidas”, añadieron.

Por eso sostienen que, a esta altura, “está claro que no decidir ha dejado de ser neutral. Es, en definitiva, una forma de elegir cómo vivir. Y la pregunta que surge de inmediato es quién tiene hoy la potestad real de definir si Misiones supera su restricción energética o si continúa condicionando su propio desarrollo”. 

 

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