Autolesión de alumno en la EPET N°1: “No es un acto impulsivo, es un proceso de dolor”
La comunidad educativa de la EPET N°1 atraviesa horas de conmoción luego de que se confirmara que el estudiante involucrado en el grave hecho ocurrido esta semana se autolesionó con un arma de fuego. Tras lo sucedido, se activó el protocolo correspondiente y se dispuso asistencia psicológica tanto para familiares como para compañeros, docentes y allegados.
En ese contexto, la psicóloga social Ileana Acosta en diálogo con el programa Acá te lo Contamos por Radioactiva 100.7 reflexionó sobre la problemática del suicidio adolescente y pidió desarmar mitos que suelen repetirse cada vez que ocurre una situación de este tipo.
“Me gustaría desmitificar algo que es recurrente: que los intentos de suicidio o los suicidios consumados son actos impulsivos o momentáneos. No es así. No es algo ‘de golpe’, hay un proceso previo”, sostuvo.
“El depresivo no siempre está tirado en la cama”
Acosta también cuestionó la idea estereotipada de la depresión. “Hay adolescentes depresivos funcionales. Pueden ir a la escuela, hacer deportes, bailar, ganar premios, parecer felices en redes sociales y, sin embargo, estar atravesando un dolor profundo”, explicó.
En esa línea, remarcó que muchas veces el entorno se pregunta qué falló. “Podés ser el mejor papá, la mejor mamá, estar presente, dar herramientas, y aun así puede suceder. A veces no alcanza y no hay responsables directos”, afirmó.
Según detalló, el suicidio está ligado a una gran intolerancia al dolor emocional. “La gente que se suicida no tolera el dolor. Algo le pesa tanto que no lo puede soportar más. No es la vida en sí, es el dolor”, subrayó.
Cambios, exigencias y redes sociales
La especialista describió que la adolescencia es una etapa de reordenamiento psíquico profundo. “Papá y mamá dejan de ser superhéroes, los amigos pasan a ser referencia, y todo eso ocurre mientras hay exigencias sociales altísimas”, señaló.
Además, advirtió sobre el impacto de la inmediatez y la exposición constante: “Vivimos en un contexto de velocidad, de viralización, de exigencias irreales sobre el cuerpo, el éxito, el rendimiento. Los chicos crecen mucho más rápido, pero no necesariamente con mayor madurez emocional”.
No obstante, aclaró que no se trata de demonizar la tecnología, sino de acompañar. “Hay que enseñarles a mirar con perspectiva, a entender que lo que ven en internet no siempre es la realidad”, indicó.
Señales de alerta y la importancia del diálogo
Consultada sobre cómo actuar ante posibles señales, Acosta enumeró algunos indicadores: aislamiento repentino, cambios bruscos en el estado de ánimo, alteraciones en el sueño o la alimentación, autolesiones, abandono de actividades que antes disfrutaban y modificaciones notorias en sus vínculos. “Lo que para un adulto puede ser una pavada, para un adolescente es su mundo. No hay que minimizarlo. Escuchar sin juzgar ya es un gran paso”, expresó.
En relación al acompañamiento profesional, recomendó actuar con rapidez cuando las señales persisten: “Si ya escuchaste, acompañaste y ves que la conducta se profundiza, urgente psicólogo o psiquiatra. Esto no es algo explosivo que pasa porque sí, es un camino que viene marcándose”.
También destacó que muchas veces los adolescentes no logran poner en palabras lo que sienten. “Asumimos que saben identificar sus emociones y no siempre es así. Hay que ayudarlos a nombrar lo que les pasa”, señaló.
Un proceso que conmueve a toda la comunidad
La especialista reconoció que hechos como el ocurrido en la EPET N°1 generan un fuerte impacto colectivo. “Esto es un cimbronazo gigante para la familia y para todos. Es un proceso de duelo, incluso cuando la persona sigue luchando por salir adelante”, afirmó.
Finalmente, dejó un mensaje claro para padres y adultos referentes: “A veces no vamos a tener las palabras perfectas. Pero el acto de escuchar, de decir ‘yo estoy acá’ y ‘vos sos necesario’, puede hacer la diferencia”.