Está en Posadas para participar de varias actividades
“Cuando le das el primer celular a tu hijo, ese día cambia todo”
“En el momento en que le das a tu hijo su primer teléfono como regalo, ese día cambia todo”. La frase, sin anestesia pero distante del apocalipsis, le corresponde al psicoterapeuta Lucas Raspall, quien se define como padre, esposo, hijo, hermano y una persona curiosa. Con dos décadas en la salud mental, se consolidó como un referente para padres y también para el sistema educativo.
Reconocido psiquiatra argentino devenido escritor (publicó trece libros), su popularidad escaló más gracias a la admiración de Antonella Rocuzzo, esposa de Lionel Messi. Agradece, por supuesto, que lean sus obras, pero de antemano insiste: “Miren a sus hijos”.
No existen fórmulas exitosas para educar hijos, especialmente adolescentes. En la crianza influye un sinnúmero de factores y sobre todo, en la actualidad, el uso de los dispositivos móviles. Las pantallas desatan la polémica en el hogar y los papás, muchas veces acorralados, ceden ante la demanda de la tribu urbana con la que comparten techo.
Sin embargo, en esta ambigua y fascinante aventura de maternal, paternar y formar -si nos referimos al rol de la escuela-, hay pistas que permiten orientar las decisiones. Un promotor de los modos de criar desde el equilibrio es el best seller Raspall.
Raspall llegó ayer a Posadas para participar de una agenda de actividades vinculadas a la alfabetización digital, a la crianza positiva basada en la negociación y los límites, y la presentación de su libro, escrito en coautoría con su amigo Carlos Vigo, doctor en Educación. En un paréntesis en su cronograma, dialogó con El Territorio .
Aunque parezca un trabalenguas, en sus respuestas dejó varias preguntas que invitan a la reflexión.
¿Qué políticas públicas necesitamos cuando hablamos de alfabetización digital?
Cuando estamos hablando de educación, y nosotros lo venimos haciendo desde hace mucho, hacen falta decisiones, porque si no las cosas quedan sobre la escuela, definiciones que a veces no pueden tomar por sí solas o se hacen más difíciles cuando le toca o le pesa sobre los hombros de la institución. Entonces cuando hay bajadas un poco más claras, sobre todo en lo que respecta hoy, como tema central, al uso de dispositivos digitales dentro de la escuela o el aula, me parece que aclara, que genera consensos, y esos consensos se trasladan luego a acuerdos que se tienen que hacer con familias y mejoran los entornos en los que desarrollan los chicos. Al final, lo que queremos siempre es eso. Entonces, cómo nosotros construimos esos ambientes que facilitan el desarrollo.
Sigue siendo un tema polémico permitir o no el uso del celular en la escuela…
Hay que ser claro, hay que poner reglas claras. Hay una evidencia científica ya contundente, construida alrededor del mundo, que por supuesto hay que situarla y ajustarla a cada lugar, en Posadas o Rosario, y probablemente no es lo mismo que alguna ciudad de Finlandia. Somos todos diferentes, pero al margen de esas diferencias, la evidencia hoy muestra que la presencia de dispositivos digitales, sobre todo en lo que refiere al uso recreativo, es una interferencia importante para el rendimiento académico y el bienestar escolar. Entonces, algo ahí tenemos que hacer.
Luego, habrá excepciones propias de las regulaciones que tienen que hacer los ministerios, ¿Para qué? Si la actividad es liderada por el docente, con propósito pedagógico, anclado en la currícula, usen el teléfono, si estamos hablando de secundaria; primaria no y nivel inicial tampoco. Porque esto no es en contra de la tecnología de la pantalla, sino aprender a usarla en el marco de la escuela y, sobre todo, generar instancias para que los chicos aprendan a usarla de manera cuidada, segura, responsable, ética, crítica y creativa.
Y en ese contexto, ¿la familia también debe hablar de límites?
Le recontra corresponde a la familia. Es una locura pensar que esto le corresponde a la escuela y no a la familia. Lo que pasa es que la familia, me incluyo, lo voy a decir en primera persona del plural (tengo tres hijos), estamos cada vez delegando más cosas a otro porque nos cuesta hacernos cargo. Pero los límites son nuestros. El teléfono en la mano, al final de cuentas, se lo pone el papá, se lo pone la mamá y le pagan internet. Así que nadie venga a decir que esto es un tema exclusivamente de la escuela.
Cuando hablas de crianza positiva en tus libros también hablás de los límites. ¿Cómo poner límites? ¿Puede ser la edad una variable, por ejemplo, para tener redes sociales? ¿Cómo pueden manejar eso los padres?
Ahí es un lío. Porque esto de intentar hacer una bajada siempre termina en algo demasiado simplista que resulta poco. Porque nosotros podríamos ponernos de acuerdo, por ejemplo, todas las asociaciones de Pediatría dicen ‘menor de 3 años, cero pantalla’. Después empieza la regulación del tiempo, la supervisión de los contenidos, el acompañamiento. Más adelante llegan las redes sociales, postergarla lo máximo posible.
Pero no es lo mismo si vos estás sola, sos mamá sola, tenés un hijo, tenés cinco hijos, tenés un turno de laburo, tenés dos trabajos para llegar a final de mes. No es lo mismo si este nene que tiene hoy 3 años tiene un hermano mayor de 6 y entonces en casa ya hay pantalla. Todo se modifica mucho en función de la realidad de cada uno. Entonces hay que ir construyendo criterio, no bajadas. Criterio. Que cada uno pueda tomar decisiones dentro de su casa. Porque si no yo te tiro todas las reglas de máxima y vos con eso no podés hacer nada, el resultado es que al final todos se cruzan de brazos, nadie hace nada, todos abandonan la pelea y la discusión y los pibes están siete horas con la pantalla.
Siete horas frente a la pantalla, ¿es mucho o es poco?
Es un montón. Pero el promedio en la adolescencia en Argentina va entre siete y ocho horas diarias.
¿Hay una estadística en nuestro país sobre a qué edad el chico accede a su primer celular?
Sí, 9 años. El 65% de los chicos y chicas de 9 años tienen su primer teléfono propio. Lo cual es una locura.
¿Eso influye en las relaciones en el hogar, en la escuela?
Que lo piense cada papá, cada mamá. En el momento en que vos le das su primer teléfono propio como regalo, en general el cumpleaños, la Navidad o lo que sea, ese día cambia todo. Que lo miren, que digan si eso es así o no. Porque empieza a generarse esa dependencia en los dispositivos en realidad. Las aplicaciones son muy adictivas. Empieza a generarse como un uso de tiempo enorme que se le quita a otras cosas. Se le quita la conversación con los padres, el juego en la habitación, salir a la calle y otras cosas.
Se le roba el tiempo. Le estamos dando algo y le estamos quitando algo. Le estamos quitando un montón de cosas.
Con esto que planteás, ¿te referís entonces a la dilatación al momento del acceso a los dispositivos?
Todo lo que puedas. Con lo que cuesta, porque en algún momento va a ser tan fuerte el ruido de ‘mamá, sos insoportable, todos mis amigos tienen teléfono y yo no’, y vos vas a terminar diciendo, en algún momento: ‘Bueno’. Me parece que en este momento es mayor el costo de que no lo tenga y quede afuera de todo, a que lo tenga si yo puedo regular y acompañar el uso. Hay que hacer acuerdos entre la escuela y la familia. Si podemos pensar que hagan toda la primaria sin celular y el primer dispositivo llegue en secundaria, ya sería un buen paso.
Crianza positiva, un concepto por el que te siguen en redes y te recomiendan los Messi. ¿Qué es? ¿Cómo aplicarla?
Lo decía (María) Montessori hace 100 años, no existía todavía la corriente de la crianza positiva, pero ella lo tenía súper claro. “Miren al niño”, decía. No me digan a mí, no me miren a mí, miren al niño. Y en esto, yo creo, lo podría decir igual. Lee el libro, si quieres, todo bien, de hecho voy a estar muy contento, pero no es un manual. Mira a tu hijo. El libro, en todo caso, es un manual para aprender a mirar a tu hijo, es eso. Si vos empezás a mirar ahí, te vas a dar cuenta, probablemente, qué es lo que necesita.
Y la crianza positiva va por ahí. Estar a la altura de sus necesidades. Tengo que hacer por las dudas esta aclaración, no tiene nada que ver con seguir o cumplir los pedidos de los chicos, porque lo que ellos te piden no siempre es una necesidad. “Mamá, mamá, quiero el teléfono”, “Ay, te lo voy a comprar entonces”. De ninguna manera. “Mamá, quiero papas fritas”, “No, corazón”.
Yo tengo que poder ver qué es lo que vos necesitás. Cuando llorás, cuando no llorás, cuando estés contento, cuando me planteás algo que te entusiasma, un interés, estar ahí. Todo lo que podamos con lo difícil que es hoy.
Inevitablemente volvés a hablar de límites…
Siempre. Son parte de la crianza. Para rebatir toda confusión, se piensa que la crianza positiva no es poner límites y crear niños frágiles. Eso no tiene nada que ver. La crianza positiva es todo lo contrario.
Pero en tus planteos también te referís a la negociación, a explicar el “no”...
Sí, pero la negociación no borra la palabra límite. Es la palabra en la que después conduces el límite. Pero el límite es lo importante.
Para agendar
Presentación. Lucas Raspall estará hoy a las 18.30 en el Museo de Bellas Artes Juan Yaparí (planta baja) para presentar 'Educación digital integral en la escuela', libro de su coautoría con el doctor en Educación Carlos Vigo. El evento promete un debate clave sobre la integración tecnológica en la educación, atrayendo a docentes, padres y profesionales del ámbito educativo.
Raspall, reconocido por su trayectoria en salud mental y pedagogía, comparte con Vigo –quien estuvo al frente de la Agencia Universitaria tiempo atrás