Susana y Simeona cumplieron el sueño de finalizar sus estudios
Volver a estudiar en la adultez implica reorganizar tiempos, vencer miedos y animarse a retomar proyectos postergados. En Azara, las trayectorias de Susana y Simeona reflejan cómo los espacios de terminalidad educativa permiten cumplir ese objetivo, aun después de muchos años dedicados al trabajo, la familia y otras responsabilidades, y se convierten en una oportunidad concreta para finalizar la escuela secundaria y proyectar nuevos caminos.
Precisamente, a los 64 años, Susana decidió cumplir un sueño que había guardado durante mucho tiempo: terminar la secundaria. Después de una vida dedicada al trabajo como sanitarista y enfermera, eligió volver a estudiar con una energía que contagia.
“Siempre quise seguir estudiando, pero no lograba hacerlo, hasta que conocí al Sipted y dije acá está mi oportunidad, la promesa que yo me había hecho”, detalló Susana a los referentes del Sipted.
Para ella, fue un día de mucha emoción y agradecimiento con sus compañeros, docentes y familia “que me tuvieron paciencia y me fue bien”. Con el acompañamiento de su familia y de los docentes del Sipted, completó sus estudios y celebró un logro que aún la emociona cada vez que lo recuerda.
Hoy tiene ganas de seguir formándose y continúa muy cerca de la institución, “el estudiar no ocupa lugar, el tema es proponerse y hacerlo”, sostuvo Susana recomendando y alentando a todas las personas que todavía no terminaron sus estudios a animarse a dar ese primer paso.
Por otra parte, Simeona Espíndola, de 59 años, destaca la importancia de contar con estos espacios de terminalidad educativa. A lo largo de su recorrido, encontró en su familia y en los asistentes educativos un apoyo constante que la impulsó a seguir avanzando.
Según destacaron desde el Sipted, cuando conoció la propuesta, no dudó en anotarse para terminar sus estudios: “Trabajaba por la mañana y por la tarde iba a estudiar. Cuando no entendía algunas cosas de las materias hablaba con los profesores y ellos fueron muy buenos en enseñarnos, nos tenían paciencia a las personas grandes”.
Además, expresó muy satisfecha que el hecho de tener a disposición los libros para estudiar fue de gran ayuda al igual que “la predisposición de todos los profesores que no dejaron que me rinda”.
Su entusiasmo y su perseverancia la llevaron a completar la secundaria y a convertirse en un ejemplo para quienes la conocen, Su mensaje es simple pero profundo: “Se puede, no hay límites ni edad para seguir estudiando. Cuando uno se anima y se rodea de gente que acompaña, los sueños empiezan a hacerse realidad”.
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