Es muy apreciado por su valor ecológico
Bambú misionero: hay potencial de usos y se pide mayor conexión con industrias
En distintas zonas de la provincia crecen tacuaras, o bambú, como se lo conoce a nivel mundial. Según la especie, este recurso natural ofrece múltiples posibilidades para la construcción de estructuras livianas o la delimitación de espacios en las chacras. En los últimos años comenzó a promoverse como un cultivo renovable, con el objetivo de reducir el uso de insumos más contaminantes. Entre sus principales cualidades se destacan su rápido desarrollo y la amplia gama de aplicaciones, que abarcan desde la edificación hasta la obtención de insumos biodegradables capaces de reemplazar plásticos. En Misiones, las condiciones climáticas y del suelo resultan favorables para su crecimiento, por lo que el bambú aparece como una alternativa productiva para el sector rural.
“Se lo está viendo más por toda esta movida verde que hay en el mundo. Se lo está pensando para más usos. Lamentablemente no hay muchos productores que lo incorporaron en la provincia. Al no haber mucha disponibilidad de un buen material, porque el bambú debe estar bien cortado y curado, eso también desalienta el uso por arquitectos o diseñadores”, comentó Cristian Benson, productor y promotor del cultivo.
En su propiedad ubicada en Caraguatay, conocida como Puerto Benson, el empresario subrayó que no solo el material es clave, sino también los cuidados necesarios para garantizar su durabilidad. “Suele pasar que se cortan tacuaras de las más bonitas, jóvenes y verdes. Pero pasa que esas son las que más rápidamente se pudren y peor si fueron mal cortadas. Eso atenta contra la fama del material. Después está el tema de la instalación, como se lo coloca, si está al exterior como cualquier madera necesita un impregnante o laca para resistir al sol y a la humedad”.
Benson, quien cultiva diversas especies en su chacra, recordó que uno de los usos más recientes en la construcción es el empleo de las varas como revestimiento de paredes. “En la edición 2025 de la Expo UNE presentamos en un stand unos ejemplos de revestimientos a partir de bambú. También se puede hacer con lo que llamamos piel de bambú, material para un cielorraso (Ver fotos en pág 7). También hay otro corte que se hace y que llamamos alma de bambú, que puede servir para hacer divisiones de espacios”.
A pesar de sus múltiples ventajas y posibilidades productivas, consideró que en Argentina aún persiste un gran desconocimiento sobre este recurso. “Hay mucha desconfianza por desconocimiento. En muchos países se lo valora como material sustentable, acá en algunos lugares se llegaron a eliminar matas porque no le veían utilidad. Falta divulgación, hay más de 1600 especies de bambú distintas y depende mucho la variedad usada en cada caso. Hay algunas que son muy fuertes y gruesas y otras que sirven para decoración”, señaló.
También remarcó que existen áreas de la provincia donde el bambú se desarrolla con mayor facilidad e incluso contribuye a la recuperación ambiental. “Cerca del río, en bañados, el tacuaral protege al monte, ahí donde está una capuera es posible que lo primero que salga sea el bambú”.
Piden conexión con industrias
Juan Carlos Haasis posee su chacra en Montecarlo y, además de pinos, incorporó bambú en 2018, durante la promoción del cultivo a través del Plan Bambú. Actualmente se observa que las plantas crecieron y embellecieron el predio, aunque no existe demanda para su aprovechamiento.
“Para acceder a los plantines del Plan Bambú había que reunir ciertos requisitos, yo lo hice y plantamos bambú. Lamentablemente después no hubo seguimiento o proyecciones de cómo podríamos vender nuestra producción. Hoy tenemos las plantas bien desarrolladas y no sabemos qué hacer con ellas”, relató a El Territorio.
Si bien conoce el potencial que el bambú tiene en otros países, lamentó la ausencia de industrias locales que puedan procesarlo. “Sabemos que en otros países como en Centroamérica y China se hacen miles de cosas con el bambú, pero acá localmente no hay nada. Sería bueno que entre todos los plantadores de bambú pudiéramos tener un destino para nuestra producción. Todo productor quiere ganar algo de dinero con lo que planta y que además sirva para algo”, explicó.
Y detalló que en su caso tiene plantado bambú de la variedad Dendrocalamus Asper, unas 800 plantas entre dos lotes.
Haasis destacó que el aprendizaje con el cultivo fue paulatino y requirió paciencia. “El bambú se planta y no sale rápido el primer año, se desarrolla primero desde sus raíces. Después del segundo y tercer año larga un brote juvenil. Recién al cuarto o quinto año larga las varas que serán las que se podrán cosechar. Es decir, un productor tiene que esperar entre 5 y 6 años para cortar las primeras varas”.
Además, resaltó la importancia del intercambio con productores del exterior.
“En nuestro caso aprendimos casi todo sobre la marcha, mirando por internet, hablando con gente en México y de otros países donde cultivan bambú. Hoy en día gracias a las redes sociales es más fácil conectarse con gente que tiene más experiencia”.
Por último, planteó la necesidad de fortalecer el vínculo entre quienes producen y quienes demandan la materia prima para lograr cultivos sustentables en la tierra colorada.
“Sería bueno que se pueda acercar el bambú que hay disponible a compradores que lo puedan aprovechar para fabricar nuevos productos”, comentó.
Como ejemplo, mencionó que, según registros audiovisuales, es posible reemplazar numerosos plásticos a partir de fibras de bambú. “Vimos como en China hacen una harina de bambú y luego lo moldean de distintas formas para reemplazar a objetos plásticos, se puede hacer de todo con bambú”.
Muy requerido por ser sustentable
La planta de bambú ocupa una gran variedad de entornos en todo el mundo, existen 1642 especies conocidas y algunas de ellas llegan a crecer hasta 91 cm por día. Al ser adaptable a diferentes condiciones climáticas y de suelo, el bambú aparece como una oportunidad para fuente de trabajo para muchas comunidades. Este cultivo también se presenta como una posibilidad frente a los desafíos del cambio climático ya que ofrece variados servicios ambientales como la remediación de aguas contaminadas, la recuperación de suelos degradados y la captura del dióxido de carbono. En países como China su uso está muy difundido y, por lo tanto, para satisfacer su demanda anual de productos de este material el país oriental necesita importarlo desde otros lugares.