De la tragedia al desafío de volver a estudiar y trabajar
Este 26 de noviembre se cumple un mes del trágico accidente del ómnibus de la empresa Sol del Norte, ocurrido sobre la Ruta 14, cuando la unidad cayó al arroyo Yazá, en Campo Viera Norte. Los sobrevivientes avanzan lentamente en sus tratamientos, mientras sus familias realizan un enorme esfuerzo para afrontar los costos médicos y estudios. Una queja reiterada entre los afectados es la ausencia de representantes de la empresa y la falta de claridad sobre la cobertura del seguro. En paralelo, muchas familias organizan actividades solidarias para reunir fondos con el apoyo de la comunidad.
Uno de los sobrevivientes es Gustavo Báez (31), oriundo de Montecarlo y estudiante de Ingeniería Civil en la Facultad de Ingeniería de Oberá. Actualmente continúa su recuperación en su hogar, tras sufrir múltiples lesiones. Salvó su vida gracias a Yasmín Fernández, una joven de Eldorado que lo rescató del arroyo y lo acompañó hasta que llegó la ayuda médica.
En diálogo con El Territorio, Báez explicó cómo evoluciona su salud: “Tengo que hacerme los rayos X de la cervical para ver cómo está sanando. Con respecto al fémur, también controlar si puedo empezar a poner un poco de carga. Además, saber cuándo puedo sacarme el cuello ortopédico, que debo usar como mínimo cuarenta días”, detalló.
Sobre su tratamiento, agregó: “Me dijeron que iba a poder suspender algunos medicamentos, por ejemplo un anticoagulante. Cuando me dieron el alta tenía treinta dosis; ahora me quedan unas diez. Después veremos si continúo o no. Los otros medicamentos son para el dolor y uno para la presión, que ya suspendí porque no tuve problemas”.
Además realiza kinesiología para recuperar movilidad en el lado izquierdo del cuerpo: “Todavía tengo parálisis parcial. La mano y la cara están dormidas. La pierna no sé bien porque justo es la que no puedo apoyar. Más adelante me dirán cuándo podré cargar peso”, señaló.
La familia de Gustavo organiza una venta de pollos el 13 de diciembre en la capilla Jesús Misericordioso del barrio Las Flores, para costear gastos médicos. También habilitaron la cuenta de Mercado Pago gusexbaez para quienes deseen colaborar.
Báez agradeció profundamente el apoyo recibido: “Estoy muy agradecido con toda la gente que me está ayudando; sería imposible afrontar los gastos sin ellos. Estoy bastante mejor pese al diagnóstico inicial, que era pesimista. Me frustra no poder hacer cosas que antes hacía, pero veo mejorías: antes no movía nada la mano y ahora, con kinesiología, estoy moviendo dedo por dedo. Eso me da fuerzas para seguir”.
Respecto a lo vivido, expresó: “Al principio el accidente estaba muy latente, molestaba hablar del tema, pero ahora estoy más tranquilo”. También valoró el acompañamiento de la Facultad, que otorgó una licencia estudiantil especial: “Me dijeron que todo lo que tengo aprobado queda guardado. Estoy como en pausa. El año que viene, cuando pueda caminar, voy a retomar. La idea es seguir la carrera”.
Finalmente, volvió a agradecer a Jazmín, la joven que salvó su vida: “Sigo en contacto con ella. Gracias a que me rescató sigo vivo y tengo que seguir adelante. Después de eso, solo esperé a que pase el tiempo y a vivir lo mejor que pueda”.
El único refugio: la familia
El 26 de octubre quedó marcado como un día de dolor para familias enteras, que perdieron seres queridos o hoy acompañan a sobrevivientes en su lucha por volver a caminar, estudiar, trabajar y recuperar la normalidad.
Viviana Kleiber, docente jubilada, es madre de Emanuel Kruse, una de las víctimas que sobrevivió tras permanecer más de cinco horas atrapado bajo el micro. “Fue un milagro. Quisiera agradecer al policía que estuvo con mi hijo, pero no me animo a abrir el mensaje que me mandó. Los ruidos, los gritos… me asustan, no estoy preparada para escucharlo”, contó conmovida.
La familia también enfrenta dificultades económicas: “Con respecto al seguro, nadie nos llamó. Ni la empresa ni la aseguradora. Él está tramitando todo solo, sin abogado. Sé que otras personas sí contrataron uno. Puede caminar, pero con la fisura en la columna no puede alzar nada. El traumatólogo le indicó tres meses de reposo y lo está cumpliendo a rajatabla”, explicó.
Emanuel dejó sus trabajos de impresión 3D y hoy solo sale de su casa para ir al dentista o a terapia. “Es muy difícil. Doy gracias a Dios cada instante porque mi hijo está vivo. Lo acompañé dos semanas, íbamos todos los días al médico. Él se preocupa mucho por su salud y está haciendo todo lo que le indicaron”, cerró Kleiber.