2025-11-14

La polémica detrás del documental de Netflix: el enojo de la joven que intentó salvar a Fernando Báez Sosa

Virginia Pérez Antonelli, quien a los 17 años le hizo RCP a Fernando Báez Sosa la madrugada del crimen, cuestionó duramente al documental de Netflix por omitir su intervención. Su gesto, clave en la causa y reconocido en el juicio, quedó fuera de la narración y desató una ola de reclamos en redes.

A las afueras del boliche Le Brique, en Villa Gesell, el 18 de enero de 2020 quedó marcado como el día en que la violencia irracional terminó con la vida de Fernando Báez Sosa.
Entre los gritos, el desconcierto y el intento desesperado de los amigos por pedir ayuda, una adolescente de 17 años se arrodilló junto al cuerpo de Fernando e hizo lo que sabía: intentó reanimarlo.

Esa adolescente era Virginia Pérez Antonelli. Sin experiencia más allá de una capacitación escolar, aplicó RCP durante minutos interminables, intentando darle una oportunidad a quien ya había sido brutalmente golpeado por el grupo de rugbiers.
Los peritos luego señalaron en el juicio que la condición de Fernando era irreversible, pero también destacaron la acción de Virginia, que hizo todo lo que estaba a su alcance para intentar salvarlo.

Su gesto recorrió el país. Fue mencionado en las audiencias, citado por la fiscalía y valorado por millones que seguían el caso. Sin embargo, no apareció en el documental.

El estreno y la polémica: una historia incompleta
El jueves 13 de noviembre Netflix lanzó la serie documental sobre el asesinato de Báez Sosa, una producción que generó inmediata repercusión.
Muchos espectadores destacaron el tono, el ritmo y la reconstrucción del caso. Otros, en cambio, señalaron omisiones que consideraron graves. Y una de ellas no tardó en hacerse notar.

Un usuario de X escribió:
“Netflix cometió un grave error al omitir a la chica que le hizo RCP a Fernando aquella noche”.
El comentario se viralizó y abrió una discusión intensa: ¿cómo podía quedar afuera un gesto tan central en los minutos posteriores al ataque?

Entre quienes vieron el film como “perfecto” y quienes lo criticaron por sesgos o faltantes, el nombre de Virginia reapareció con fuerza.

 La respuesta de Virginia: un mensaje que encendió más la discusión
La propia joven decidió intervenir. Publicó un mensaje contundente que se volvió reproducido por miles:
“Algunos prefieren darles voz a asesinos y/o cómplices! ¿Pero quiénes somos nosotros para juzgar?”

En minutos, decenas de usuarios le respondieron con agradecimiento, apoyo y reconocimiento.
Muchos recordaron que, cuando otros miraban paralizados, ella se arrodilló delante de un cuerpo agonizante y trató de devolverle el pulso.

Un gesto que marcó la causa pero quedó borrado del relato
En el juicio, su testimonio se volvió parte del rompecabezas principal. Su intervención se destacó como uno de los momentos más humanos de la madrugada más brutal de Villa Gesell.
Omitirla no fue solo un detalle: para muchos, fue recortar el caso en un punto donde la empatía debía estar presente.

Y ese es precisamente el centro del enojo: la sensación de que el documental priorizó voces, miradas y relatos que no necesariamente representaron la totalidad de lo que ocurrió.

¿Qué perdemos cuando borramos a quienes ayudan?
Más allá del impacto televisivo, la omisión de Virginia abre un debate mayor:
¿Qué responsabilidad tienen las producciones documentales con quienes, aun sin protagonismo judicial, fueron parte fundamental del hecho?

Porque en un caso que expuso brutalidad, violencia descontrolada y crueldad, hubo también humanidad. Y esa humanidad tuvo nombre, apellido y 17 años.
Omitirla no solo la invisibiliza a ella: invisibiliza la idea de que, incluso en los peores escenarios, hay personas que intentan salvar vidas.

Virginia Pérez Antonelli no pide protagonismo. Pide justicia en el relato.
Y en un país donde la memoria colectiva suele armarse a través de las pantallas, esa justicia simbólica importa.

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