Se realizó la 23 Peregrinación a Loreto
“El cristiano no baja los brazos, se activa en la esperanza”
Con una atmósfera encendida de sol y alegría llegaron los fieles al santuario de Loreto la mañana del domingo para compartir una jornada de fe al refugio de la sombra de añosos árboles.
Los miles de promeseros fueron parte de la 23ª edición de la Peregrinación a Loreto y cubrieron la travesía hasta el centro espiritual a pie desde Posadas, Jardín América y Leandro N Alem, también en bicicleta y en procesión náutica. Además, otros tantos arribaron en autos particulares, motos y delegaciones en colectivos.
El predio ubicado justo en frente a las reducciones guaraní jesuíticas recibió a los caminantes y navegantes desde temprano con el desayuno listo, que fue preparado por un grupo de voluntarios de las distintas parroquias de la Diócesis de Posadas. Este distrito eclesiástico del sur misionero organiza la festividad religiosa cada año un domingo cercano al 17 de noviembre, santoral de los Santos Mártires de las Misiones, San Roque González de Santa Cruz, San Alfonso Rodríguez y San Juan del Castillo.
Firmes en la misa
Más descansados, con mate o tereré en mano y todavía con la adrenalina de haber cumplido la proeza de unir por la fe los más de 50 kilómetros que separan a Loreto de los distintos puntos de partida principales (Posadas, Jardín América y Alem), los creyentes participaron de la misa central presidida por el obispo Juan Rubén Martínez y acompañado en el altar por los sacerdotes de la diócesis.
“Memoria de nuestros”
En su homilía, el obispo agradeció a los cristianos que se dieron cita colmando el espacio y resaltó la figura y el legado de los tres santos mártires de las Misiones y su compasión, esperanza y amor por el prójimo.
“Estamos agradeciendo a Dios la memoria de nuestros pueblos, de nuestros pueblos que vivieron hace siglos acá, la memoria de la evangelización, de la evangelización de estos hombres despojados de toda forma de colonización, estos sacerdotes hermanos que vinieron acá, se unieron a las culturas que estaban aquí viviendo en ese momento, las culturas indígenas, e inculturaron el Evangelio siendo poquitos y trazando esta historia de las misiones que es hoy el nombre de nuestra provincia de Misiones, que viene de las Misiones”.
“San Roque González, San Juan del Castillo, San Alfonso Rodríguez, hoy 17 justamente es su día. Ellos fueron nuestros santos, santos que anduvieron por acá, por estas tierras, y queremos celebrar la santidad, y queremos celebrar lo que ellos nos han dejado, nos dejaron la pasión, la pasión por lo que vivían. Se fueron identificando a Jesús, a Él, que tuvo compasión de la gente”.
A lo que añadió: “Nuestra época necesita amor, necesita amar con compasión. Porque va ganando una especie de virus, que es el virus del individualismo y de la indiferencia. Que se salve quien pueda. Eso no es cristiano. El ser cristiano está ligado al amar y al tener compasión por los otros. Sin ese compuesto no somos discípulos, no somos discípulas. Sin ese compuesto nos falta lo esencial. No podemos ser cristianos que no amen. ¿Qué nos ayuda a amar? tener claro el puerto y allí aparece la esperanza, por eso esta peregrinación lleva el nombre Peregrinos de la Esperanza. Cuando tenemos esperanza entendemos hacia dónde vamos. Sabemos que nuestra vida está cargada de sentido. Y por eso podemos poner en marcha lo que vivimos en la cotidianidad. Pero esta esperanza es la gran esperanza. La esperanza ligada a Dios, de este pueblo peregrino, de esta Iglesia peregrina, que camina y vamos caminando hacia el encuentro definitivo con Él. Y no hablamos mucho de esto, la gran esperanza. Esta esperanza no nos pone pasivos, como decir, bueno, creemos que vamos a llegar y ahora nos quedamos tranquilos. No. Esta es una esperanza activa la que tenemos los cristianos, que nos permite potenciar nuestras motivaciones en la lucha, en las cruces, en los dolores, en el hambre de nuestro pueblo, en las pobrezas que se dan. El cristiano no baja los brazos, se activa en la esperanza. Es lo que vivieron Roque González y sus compañeros cuando tuvieron que volverse al otro lado del Paraná. Tuvieron cruces, enfermedades, pero volvieron a hacer lo que tenían que hacer, porque tenían esperanza, tenían el puerto, tenían el amor”.
Asimismo, postuló, “nosotros los cristianos no estamos llamados a estar en el bienestar. Dios nos dice que tomemos la cruz de cada día y que lo sigamos. Es una propuesta exigente, pero este tiempo de mucho individualismo, requiere más que nunca que los cristianos nos potenciemos en la pasión y que sintamos compasión por los demás. Que la Iglesia sea misionera, que salga y sea samaritana, que abrace, que ame, que se done. Estos son los cristianos que son necesarios en este tiempo, siempre, pero son los que cambian la realidad, el oxígeno de la desesperanza. La mayor de las pobrezas probablemente sea la desesperanza. Cuando perdiste la esperanza, te caíste. Por eso queremos alimentar nuestras esperanzas cotidianas en la gran esperanza que nos propone Jesús”.
Voces emocionadas
Los católicos que asistieron a la misa se mostraron felices por ser parte de la fiesta de Nuestra Señora de Loreto. Cada alma con sus intenciones y agradecimientos dejó el domingo una muestra de fe. Velas, flores, platos para convidar, estampitas para repartir, plegarias de rodillas, relatos de sanación quedaron como testimonios de un domingo de festividad religiosa y cultural.
“La emoción que siento me hace llorar de felicidad, vine caminando por la voluntad de Dios, me guió paso a paso para que pueda llegar hasta Loreto desde Fátima. Soy una persona grande, ya con algunos dolorcitos en la espalda y la rodilla, pero eso no me atajó y acá estoy, agradeciendo por la familia y pidiendo paz y amor para todos, tomando mi matecito infaltable de la mañana también con mi esposo, mis hijos”, contó Dorita Ezcurra, jubilada y almacenera.
Por su parte, Nilda Sanabria (67), de Jardín América, hizo el trayecto en bicicleta, una tradición que mantiene hace más de 20 años y también pedalea a Itatí. “La fe sana, la fe mueve montañas, Dios todo lo puede. Yo me sané hace muchos años de un principio de cáncer, ese tiempo le pedí a la Virgencita y a Dios que me den salud para cuidar a mis hijos hasta que ellos se hagan adultos, soy mamá de siete hijos. Y después, hace unos seis años en un accidente en bicicleta me fracturé tres vértebras y yendo a Itatí me sané, ese regalo yo recibí”, confió a El Territorio.
“Con esas fracturas me fui a Itatí en bicicleta hasta la entrada, llegué al santuario caminando y eso me sanó, esa procesión rezando y rezando. Cuando volví le conté eso a un hijo mío que vive en Buenos Aires, y lloraba emocionado por el teléfono, él me regaló la bicicleta que es mi compañera de ruta. A todos los que me preguntan les digo que se animen, que entrenen y vivan esta experiencia que es hermosa, reconforta, emociona y sana el cuerpo y el alma”.
Atenciones en el puesto de salud
En la carpa de salud que se instaló en el santuario se brindó atención médica a personas que recurrieron por hipotensión, malestar estomacal, dolor de cabeza, calambres y lastimaduras por caídas de las bicicletas, entre otros.
“Atendimos varias personas, hace años que estamos presentes todos los días en la comunidad y con esta posta sanitaria en esta fiesta tan importante, y la gente hoy está viniendo por baja de presión, dolores, callos y ampollas por el largo trayecto que caminaron o que hicieron en bicicleta, también algunos con dolores de cabeza por el sol o también porque comieron algo que no les cayó tan bien al hacer tanto ejercicio y estar cansados, entre otras cosas, que son los casos más o menos esperables en estos eventos y con esta temperatura elevada”, indicó el médico Roberto Claudio Ontiveros, director del Caps de Loreto.
El profesional con extensa experiencia clínica y dando cobertura de salud en las peregrinaciones recomendó a las personas que procesionan cada año, “que se preparen un poco antes, que salgan a caminar o a andar en bicicleta. Ese entrenamiento viene bien para probarse, conocerse, ver cómo uno se va sintiendo, también es importante el día antes de salir comer algo liviano y la hidratación es fundamental, usar ropa cómoda y adecuada al clima, que sea clara, mangas largas y pantalón largo que cubre de los insectos y del sol, el calzado también tiene que ser cómodo para que no lastime, usar gorra, protector solar. Es importante tomarse este tiempo de preparación para la peregrinación, para ver cómo se está de la salud, porque es un homenaje y un sacrificio que la gente hace. Entonces tomarlo con alegría, cuidando la salud, puede ser que aparezca alguna molestia, porque eso también es parte, y por eso estamos acá con este equipo de trabajadores de la salud atendiendo a la gente. Yo hace 30 y pico de años que soy médico en Loreto y este grupo de chicos es segunda generación, tercera generación de profesionales que trabajan en la salud para la comunidad”.