2021-01-05

Funciona en el garaje de la casa

Su hija falleció y encontró consuelo al ayudar a otros niños

Gabriela creó un merendero a pulmón en memoria de su hija. Dos veces por semana acuden 70 chicos a retirar pan casero y leche. Juntan fondos para ampliar el lugar

El dolor de una madre al perder un hijo es indescriptible. La unión familiar y la fe suelen ser las fuentes de fortalezas para superar esa irreparable pérdida y seguir adelante.

Gabriela Méndez (34) suma a esos factores la solidaridad y desde hace cinco años, en homenaje a su hija Marianela, quien hoy tendría 16 años, está al frente de un merendero en el barrio Cristo Resucitado, del municipio de San Pedro. Durante cuatro años la iniciativa fue solventada netamente a pulmón.

Gabriela conforma junto a su concubino Alcides Acosta y sus cuatro hijos una familia humilde pero comprometida con la realidad de sus vecinos, que también viven en precarias condiciones.

Hace 15 años la pareja hizo frente a la muerte de su primera hija, Marianela, quien padecía síndrome de Cornelia de Lange y falleció con 1 año y cuatro meses, pese al esfuerzo realizado para salvarla.

El dolor de la familia fue disminuyendo con el pasar de los años y la llegada de los demás hijos, pero en el corazón de esa madre estaba latente el deseo de hacer algo para mantener siempre viva la memoria de la pequeña.

Con escasos recursos y al observar la carencia de los vecinos del barrio, decidió poner en funcionamiento un merendero en su propia casa. En primer lugar invitó a su comadre María y con la aprobación y ayuda de su marido sintió curar poco a poco su corazón ayudando a los más pequeños.

“Yo tengo una hija fallecida y esto fue pensado en como quisiera verla hoy a ella. Comencé hace cinco años este sueño. Preparamos la merienda porque veo que los niños están en la calle, juegan y después tienen hambre. Me duele verlos sin la merienda en la mesa. Acá hay mucha necesidad, ahora tenemos a 70 familias que consumen lo que preparamos cada día”, contó la mujer a El Territorio.

El proyecto solidario comenzó netamente a pulmón. La familia sacaba de su bolsillo para dar alimento a los niños.

Luego se sumaron unas vecinas, haciendo fuerza y colaborando. Con el pasar de los años, el trabajo fue visibilizado por integrantes de la Fundación Mujeres Solidarias y las vecinas pasaron a formar parte de la agrupación Darío Santillán hace un año y ocho meses.

Mediante esto reciben parte de la mercadería necesaria para cocinar, mientras que el trabajo siguió siendo voluntario hasta hace unos meses.

En ese transcurrir del tiempo recibieron por parte del gobierno provincial un horno eléctrico y una olla para preparar los alimentos.

“Como somos también de bajos recursos, nos sumamos a la agrupación y recién hace un mes comenzamos a percibir un salario complementario, que ayuda mucho a que podamos subsistir con nuestra familia y que la merienda no falte”, señaló Méndez.

En un primer momento el anhelo consistía en llevar adelante un comedor diario. Sin embargo, hasta ahora no lo pueden realizar por la falta de recursos para satisfacer la alta demanda en la zona.

“Primero pensamos en un comedor, sólo que teniendo en cuenta la cantidad de chicos, sería realmente imposible. No tenemos recursos para cocinar para 70 niños y sus familias, lo poco que hacemos es todo de corazón. Recibimos ayuda que nos permite llegar a más chicos, pero hay días que el pan y la chocolatada no alcanzan para todos”, manifestó Gabriela.

El merendero recibe a los niños que retiran los alimentos dos veces por semana, los martes y jueves a las 16.30. Y son las mujeres quienes desde las 13 se reúnen para poner manos a la masa y preparar el pan como así también la chocolatada.

Utilizan el garaje de la vivienda y esperan recibir ayuda para construir un espacio exclusivo para preparar y servir la comida.

“Me siento feliz, uno ve la sonrisa de los niños al buscar la merienda, lo que vale es la sonrisa de ellos y nos gustaría que alguien nos ayude con tirantes, chapas, cemento y arena para construir un quincho para ellos”, expresó la mujer.

A la espera de asistencia de una alma caritativa que done los materiales, están realizando actividades a fin de recaudar fondos para mejorar otras instalaciones del merendero.

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