2019-05-12

De la ostentosa clandestinidad a un nuevo crimen en aguas correntinas

Carlos Cardozo

Por Carlos Manuel Cardozo fojacero@elterritorio.com.ar

Para 2005 Luis Raúl ‘Gusano’ Menocchio (59) había hecho una nueva vida, facilitada por su importante poder económico. Ahora decía llamarse Hugo Jara -tenía documentación para comprobarlo- y se había hecho varias cirugías plásticas con médicos venidos especialmente del exterior “en una provincia argentina”, según confesó su abogado por entonces. Incluso, pensaba borrarse las huellas dactilares.
Marzo de ese año lo encontró en Corrientes, luego huir de Paraguay para mantenerse en las sombras y eludir el pedido de captura internacional que pesaba sobre él por un doble crimen en Asunción. Sin embargo, su perfil más sangriento emergió nuevamente y el productor cinematográfico Claudio Javier Nozzi (46) se convirtió en una nueva víctima, lo que llevó a que su nuevo rostro apareciera en todas las pantallas de Argentina.
Según las crónicas de ese momento, Nozzi había llegado a Corrientes desde Buenos Aires y se alojó junto al Gusano y Luis Ramírez -también condenado a perpetua por el crimen- en el Hotel Turismo de la capital. 
Fiel a su estilo, días después Menocchio organizó una fiesta de sexo, alcohol y drogas y dicen que solicitó los servicios de cinco prostitutas. Una para cada uno de sus acompañantes y tres que estuvieron con él en la suite principal del lugar.
En teoría, Nozzi estaba allí para ver locaciones para una película, aunque las versiones y mitos fueron muchos, como todo lo que rodeó siempre al múltiple homicida misionero. El lujoso yate de la víctima llegó el día 5 a la capital provincial y luego de una jornada de paseos atracó en Paso de la Patria. Al día siguiente -domingo 6- todos fueron a pasear a Itatí y volvieron por la noche, menos Ramírez.
Cerca de las 22.30, Nozzi se contactó con su novia para decirle que se iba a Posadas y el lunes a las 11.30 pagó la cuenta y se fue del hotel. Pasaron tres días hasta que lo encontraron, el jueves a las 19.30, flotando en un banco de arena del Paraná, a la altura de Itatí. Había recibido cuatro tiros, incluido el de gracia en la frente, y arrojado al agua con un tridente como ancla atado con cadenas. La zona elegida no fue favorable y los investigadores dijeron que si lo arrojaban al canal iba a ser mucho más difícil encontrarlo. 
“Lo encontró una patrulla del destacamento Puerto Corazón, que estaba afectada a un operativo. El bote de los efectivos primero hizo una recorrida bordeando la costa, a la vuelta, cortó camino y pasó al lado del cadáver. Lo halló de casualidad. Esa noche no se veía nada, no había luna. Por eso, avisamos al fiscal en turno e hicimos la extracción al día siguiente, a las 11”, detalló un investigador de Prefectura Naval Argentina (PNA) en su momento. 
El cuerpo de la víctima había sido comido gran parte por los peces y solamente sus familiares que llegaron de Buenos Aires pudieron reconocerlo, entre otras cosas por un tatuaje que tenía en la espalda. No onstante, los cuatro estudios de ADN que se hicieron después no confirmaron su identidad, algo que siempre reclamó la defensa de los acusados.

Hugo Jara
Ese mismo viernes PNA identificó el yate anclado en la zona y detuvo a Luis Menocchio -quien dijo ser Hugo Jara-, su novia Silvia Graciela Heredia, Luis Ramírez y dos efectivos de la Policía Federal Argentina que habrían llegado allí por una denuncia de los familiares de Nozzi. Su presencia fue muy sospechosa, a tal punto que estuvieron detenidos algunas horas. 
En base a las pruebas de luminol, los investigadores determinaron que la víctima fue asesinada en un sillón ubicado en el living de la embarcación -que tenía tres habitaciones- y lo trasladaron hasta la sala de máquinas donde habría permanecido un día. El gomón de la embarcación también tenía manchas, por lo que se determinó que fue utilizado para descartar el cuerpo en el agua.  
En las requisas en el lugar, el vehículo en el que llegaron los protagonistas a Corrientes y en una isla cercana los investigadores encontraron 15.000 dólares, tintas que se utilizan para las impresiones digitales de los DNI; DNI originales en blanco; fotografías varias del Gusano con pelo largo, con pelo corto y con distintos tonos de cabello, un sello del Registro de las Personas; agendas y soportes magnéticos.
Sin embargo, el misionero permaneció como Hugo Jara durante una semana -dijo ser asistente de Nozzi- y con esa identidad incluso fue indagado por la jueza del caso, Laura Varela. Así hasta que los investigadores paraguayos que investigaban la muerte de Fidel Maciel y Graciela Méndez lo identificaron en las publicaciones periodísticas, solicitaron colaboración e incluso llegaron hasta tierras correntinas para confirmar que era él e indagarlo.
Su versión siempre se mantuvo: dijo que con Nozzi había armado una sociedad para lavar dinero y que la víctima se había ido a Paraguay a buscar 10 millones de dólares suyos que nunca pudo recuperar, señalando a un policía como sospechoso. Apoyado en las fallidas pruebas genéticas, dijo que quería “que aparezca mi amigo y mis 10 millones”. 
Las pruebas en su contra fueron muchas, se determinó que las cadenas con las que encontraron a Nozzi habían sido compradas por el propio Gusano, que también había financiado viajes a Posadas, donde un cadete suyo compró hidrolavadoras para limpiar el barco. Incluso usaron los documentos de la víctima para hacer una reservación en Encarnación y así despistar a los investigadores. 
El Gusano fue liberado cuatro años después tras pagar una caución de 70.000 pesos, aunque tenía prohibido abandonar la provincia de Corrientes. Finalmente el 30 de mayo de 2012 fue condenado a prisión perpetua junto a Luis Ramírez por el Tribunal Oral Penal Uno de Corrientes. Para entonces, el sanguinario misionero ya había agregado a su lista de víctimas al italiano Manuel Roseo y su cuñada Nélida Bartolomé y su figura aún sobrevolaba en el crimen de Eugenio Rothaermel, quien había comprado una campo que perteneció a su abuelo. 
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