2018-08-01
Detuvieron a un sospechoso por el ataque contra la cárcel de Oberá
Exhausto, sucio y hambriento, el sujeto se presentó en un almacén de Sargento Cabral y Los Andes y, en un forzado portuñol, rogó por algo de comida. El comerciante y dirigente vecinal Carlos Acuña estaba atento a las noticias, tuvo un presentimiento y decidió dar aviso a la Policía.
Le dio algo de mortadela y un par de galletas, como para ganar tiempo. El brasileño agradeció y salió a pie. En la esquina se cruzó con una pareja y les preguntó cómo hacer para llegar hasta Panambí, según relataron después.
Por su parte, Acuña -presidente de la comisión vecinal de Villa Kindgreen- tomó la decisión de seguir al sospechoso, mientras trataba de comunicarse con algún jefe policial.
“Me comuniqué con el segundo de la Seccional Primera y le comenté que vino un brasileño muy sospechoso a mi negocio. Lo seguí hasta avenida Libertad y calle Italia, cuando en eso llegó un móvil policial y lo detuvo. El tipo estaba agotado, se ve que anduvo toda la noche escapando”, comentó en diálogo con El Territorio.
Lo cierto es que la colaboración del vecino resultó vital para la detención de Carlos Eduardo Reinicke (36), brasileño con prontuario y prófugo en el vecino país desde 2 de abril pasado.
La captura se concretó alrededor de las 13, sobre avenida Italia, en cercanías del Jardín de los Pájaros. El sujeto es oriundo de Vera Cruz (Río Grande do Sul) y fuentes policiales indicaron que sería integrante de una temida organización delictiva conocida como “Bala na cara”, con base en Río Grande do Sul.
Entre las características físicas del brasileño se destaca un gran tatuaje en la espalda. Se estima que en las próximas horas sería indagado por el juez de Instrucción Dos, Horacio Alarcón.
Peso pesado
Reinicke fue alojado en dependencias de la Unidad Regional II bajo un fuerte operativo de seguridad reforzado con efectivos del Grupo de Operaciones Especiales (GOE).
Tales recaudos obedecen a los antecedentes del sujeto, considerado un peso pesado en el esquema de la banda de los hermanos Lópes.
Según fuentes de la Policía Civil del vecino país, se trata de un experto en voladuras y su vinculación con los Lópes tendría sustento en varios atracos cometidos en Lajeado.
Precisamente, la principal hipótesis del ataque e intento de copamiento de la Unidad Penal II de Oberá tiene que ver con que Vanderlei “Vando” Lópes (32) estaba detenido en el lugar y parte de su banda habría tratado de rescatarlo.
En tanto, ayer el alcaide general Walter Flores, director de la UP II, confirmó que Vando Lópes ya fue trasladado a otra unidad carcelaria dependiente del Servicio Penitenciario Provincial (SPP), aunque el destino se mantiene en reserva para evitar otro incidente similar al sucedido el lunes por la noche.
Héroe anónimo
Tras la detención de Reinicke, hasta anoche alrededor de 200 efectivos de la Policía de Misiones continuaban con el rastrillaje en inmediaciones de la cárcel de Oberá y zonas aledañas en búsqueda de al menos otros tres sujetos que atacaron a tiros la cárcel, uno de los cuales ya estaría identificado.
El helicóptero de la provincia se sumó a la búsqueda que incluyó efectivos de diferentes puntos de la provincia. El operativo fue supervisado por el jefe de la Policía, comisario general Manuel Céspedes.
Hasta el momento, los principales testigos son un remisero que fue tomado de rehén por los malhechores y el sereno de la obra en construcción que se realiza en el predio de la Unidad Penal, donde los delincuentes se ampararon antes de atacar a tiros la guardia.
Le dio algo de mortadela y un par de galletas, como para ganar tiempo. El brasileño agradeció y salió a pie. En la esquina se cruzó con una pareja y les preguntó cómo hacer para llegar hasta Panambí, según relataron después.
Por su parte, Acuña -presidente de la comisión vecinal de Villa Kindgreen- tomó la decisión de seguir al sospechoso, mientras trataba de comunicarse con algún jefe policial.
“Me comuniqué con el segundo de la Seccional Primera y le comenté que vino un brasileño muy sospechoso a mi negocio. Lo seguí hasta avenida Libertad y calle Italia, cuando en eso llegó un móvil policial y lo detuvo. El tipo estaba agotado, se ve que anduvo toda la noche escapando”, comentó en diálogo con El Territorio.
Lo cierto es que la colaboración del vecino resultó vital para la detención de Carlos Eduardo Reinicke (36), brasileño con prontuario y prófugo en el vecino país desde 2 de abril pasado.
La captura se concretó alrededor de las 13, sobre avenida Italia, en cercanías del Jardín de los Pájaros. El sujeto es oriundo de Vera Cruz (Río Grande do Sul) y fuentes policiales indicaron que sería integrante de una temida organización delictiva conocida como “Bala na cara”, con base en Río Grande do Sul.
Entre las características físicas del brasileño se destaca un gran tatuaje en la espalda. Se estima que en las próximas horas sería indagado por el juez de Instrucción Dos, Horacio Alarcón.
Peso pesado
Reinicke fue alojado en dependencias de la Unidad Regional II bajo un fuerte operativo de seguridad reforzado con efectivos del Grupo de Operaciones Especiales (GOE).
Tales recaudos obedecen a los antecedentes del sujeto, considerado un peso pesado en el esquema de la banda de los hermanos Lópes.
Según fuentes de la Policía Civil del vecino país, se trata de un experto en voladuras y su vinculación con los Lópes tendría sustento en varios atracos cometidos en Lajeado.
Precisamente, la principal hipótesis del ataque e intento de copamiento de la Unidad Penal II de Oberá tiene que ver con que Vanderlei “Vando” Lópes (32) estaba detenido en el lugar y parte de su banda habría tratado de rescatarlo.
En tanto, ayer el alcaide general Walter Flores, director de la UP II, confirmó que Vando Lópes ya fue trasladado a otra unidad carcelaria dependiente del Servicio Penitenciario Provincial (SPP), aunque el destino se mantiene en reserva para evitar otro incidente similar al sucedido el lunes por la noche.
Héroe anónimo
Tras la detención de Reinicke, hasta anoche alrededor de 200 efectivos de la Policía de Misiones continuaban con el rastrillaje en inmediaciones de la cárcel de Oberá y zonas aledañas en búsqueda de al menos otros tres sujetos que atacaron a tiros la cárcel, uno de los cuales ya estaría identificado.
El helicóptero de la provincia se sumó a la búsqueda que incluyó efectivos de diferentes puntos de la provincia. El operativo fue supervisado por el jefe de la Policía, comisario general Manuel Céspedes.
Hasta el momento, los principales testigos son un remisero que fue tomado de rehén por los malhechores y el sereno de la obra en construcción que se realiza en el predio de la Unidad Penal, donde los delincuentes se ampararon antes de atacar a tiros la guardia.
A juzgar por los hechos, el sereno Carlos Machado (56) se constituyó en un héroe, ya que su accionar posibilitó que la guardia del módulo A pueda repeler el accionar de los malvivientes.
Machado es civil y trabaja para la empresa que tiene a su cargo la ampliación de la cárcel. Tal como se pudo reconstruir en la víspera, tres encapuchados lo redujeron en la obra y, a punta de pistola, lo forzaron a avanzar hasta el portón de acceso del módulo A.
Fue entonces que a riesgo de su propia vida el trabajador alertó a los gritos de la situación y los guardias tuvieron tiempo de actuar. Muy distinta hubiera sido la resolución del caso si los malvivientes lograban encañonar a los guardias en la reja.
Fuego cruzado
En diálogo con este matutino, en la víspera el alcaide Flores confirmó el traslado de Vando Lópes a otra unidad y relató los sucesos del lunes. “Aproximadamente a las 20.30, tres sujetos fuertemente armados trataron de copar la guardia del módulo A. Ingresaron por la obra, redujeron y tomaron de rehén al sereno y lo trajeron hasta el acceso del módulo A. Esa situación fue advertida y al acercarse al portón el sereno empezó a gritar, el personal dio la voz de alto y desde la otra parte se escuchó el sonido característico de cargar armas. Incluso, el personal refiere que hubo disparos de la otra parte”, precisó Flores.
Ante los disparos de los uniformados, los maleantes dejaron al sereno y escaparon por el monte. Por el camino dejaron caer municiones calibre 38 punta hueca.
“No hubo que lamentar lesionados de ninguna parte”, ponderó Flores, al tiempo que precisó que el sereno y los guardias constataron que los delincuentes portaban escopeta, pistola y revólver.
“Le dijeron al sereno que la cosa no era con él y que venían por otra cosa. Tal vez hubo un forcejeo menor, pero no lo lesionaron”, agregó.
Sobre el trabajo del personal a su cargo, opinó que “reaccionaron bien y eso evitó que haya un derramamiento de sangre. A nuestro criterio, las medidas de seguridad son las adecuadas y creo que la seguridad fue la adecuada”.
Entre las cosas que dejaron los encapuchados, mencionó que “se encontró una pinza como para cortar candados, aunque no alcanzaron a cortar ninguna reja ni alambrado”.
Descartó un motín
Asimismo, indicó que tanto administrativa como judicialmente se investiga todo: “Desde posibles fuentes internas y hasta las visitas. Todo está a disposición de la Policía y la Justicia”.
Ante trascendidos de un intento de motín posterior al ataque, Flores desmintió cualquier tipo de incidentes. “Para tranquilidad de los familiares de los internos no hubo tumulto dentro ni fuera del penal. Hoy (por ayer) era día de visitas y se cumplieron las tareas habituales”, remarcó.
En la actualidad, la UP II tiene una población de 285 internos, divididos en módulos A y B.
Todavía en shock por los hechos del lunes, cansado y algo dolorido por el esfuerzo que insumió el escape, recibió en su domicilio a El Territorio para una entrevista exclusiva donde contó detalles de la odisea que atravesó como rehén de los sujetos que trataron de copar la Unidad Penal II.
Su esposa Adelina González escuchó conmovida el relato, reviviendo la angustia que padeció durante varias horas de incertidumbre.
Da Silva recordó que hace ocho meses fue víctima de un asalto a mano armada, por lo que entonces decidió trabajar sólo en horario diurno para evitar contratiempos. Y el lunes ya había cumplido la jornada, cuando su relevo le avisó que llegaría un poco más tarde.
“Tomé el viaje de casualidad porque estaba primero para salir y avisé en la base que de ahí me iba a mi casa. La idea era hacer un último viaje para redondear la recaudación porque el día vino flojo. Nunca me imaginé dónde me metía”, comentó.
Era las 18.45 y fijó destino hacia Orcadas y Larrea, a dos cuadras de la base. Se estima que los delincuentes pasaron por el lugar y pidieron un auto en la primera remisería que vieron.
Llegó al lugar, puso balizas y le hicieron señas: “Uno subió adelante y tres atrás. Vi que llevaban una caja. Hablaban portugués cerrado, uno me indicó la Unidad II y pensé que hablaba de la Policía; después me dijo ‘vamos al indio’, y el único indio es la estatua del Cacique Oberá que queda para el otro lado. Ahí le dije ‘estás equivocado, están perdidos’”.
“En el semáforo recibió un mensaje y me aclaró que iban al Paraje los Indios (en General Alvear), porque eran músicos y tenían que tocar en un cumpleaños. Incluso me dijo que los instrumentos ya estaban allá. Un viaje hasta allá son 600 pesos, así que quedé contento”, agregó.
Horas de terror
Tomó por avenida Sarmiento hasta calle Formosa, luego por Santiago del Estero y avenida Guayaba, hasta conectar con ruta provincial 5, destino a Alvear.
Ante el hecho consumado, el primer destino referido (“Unidad II”) cobró una brutal relevancia, aunque hasta ahí Da Silva no había dudado de las intenciones de sus pasajeros.
“Pero cuando pasamos la entrada de la cárcel, el que iba adelante me dijo ‘pare acá, que tengo ganas de vomitar’. Paré, él abrió la puerta y salió. Cuando volvió ya tenía en arma en la mano y me encañonó. Me dijo ‘quedate tranquilo, no te va pasar nada. No queremos tu plata, queremos el auto nomás’. Me sacaron el celular y los cigarrillos, porque uno quería fumar”, detalló.
Condujo unos 500 metros e ingresaron otros 200 por un camino terrado, donde lo hicieron parar; bajaron del auto y lo amarraron de pies y manos con cinta de embalaje. “Cuando me dijeron que me iban a encerrar en el baúl me asusté mucho y pensé lo peor. No me pegaron y cuando me taparon la boca, me preguntaron si respiraba bien. Cerraron el baúl y se fueron a pie. Fueron minutos que parecieron eternos y sólo pensaba en escaparme, pero no quería hacer ruido por si estaban cerca”, mencionó.
En este punto se activó su instinto de supervivencia y recordó que un colega de otra remisería había sido víctima de un robo y también manejaba un Renault Logan.
“También lo encerraron en el baúl y contó que se puede sacar un plástico para abrir desde adentro. Entonces empecé a buscar y encontré, pero no quería hacer mucho ruido. Por suerte se abrió el baúl, salí y cerré otra vez. Me fui saltando unos 20 metros y ahí me desaté, primero las manos, porque estaba medio flojo, y después las piernas”, precisó. Su principal temor era que los delincuentes anden cerca y lo descubran escapando, ya que vio sus rostros y podría delatarlos.
En medio de la noche y el frío del monte, la desesperación fue su motor y avanzó primero por un pinar y luego atravesó un bañado con el agua hasta la cintura.
Avisó a la Policía
Al respecto, comentó que “no quería llegar a una casa porque los perros iban a ladrar y por ahí los tipos me descubrían. En el bañado perdí una zapatilla, pero soy ducho en el monte porque me crié en la chacra. Aparte recordé lo que hacíamos en la colimba y eso me ayudó bastante”.
El primer trayecto lo hizo muy despacio por temor a ser descubierto, pero una vez que cruzó la ruta 5 tomó por un yerbal con sentido hacia Alvear.
“Fui siempre costeando el asfalto y cuando escuchaba un ruido de auto me tiraba en el costado. Así fue caminando y un poco trotando hasta la comisaría de Alvear, que me quedaba mucho más cerca que volver para el lado de Oberá”, explicó.
Llegó a la dependencia policial alrededor 22 y comentó lo sucedido. Media hora después se reencontró con su familia. Luego prestó declaración en la Brigada de Investigaciones, donde lo sometieron al examen de parafina que detecta rastros de pólvora. “Entiendo que la Policía tiene que investigar a todos, es su trabajo. Ojalá que atrapen a los delincuentes porque se ve que estaban decididos a todo”, remarcó.
En tanto, si bien los sujetos abordaron el remís a cara descubierta, reconoció que los rostros aparecen difusos en su mente, tal vez por el estrés que sufrió en su último viaje como remisero.
Machado es civil y trabaja para la empresa que tiene a su cargo la ampliación de la cárcel. Tal como se pudo reconstruir en la víspera, tres encapuchados lo redujeron en la obra y, a punta de pistola, lo forzaron a avanzar hasta el portón de acceso del módulo A.
Fue entonces que a riesgo de su propia vida el trabajador alertó a los gritos de la situación y los guardias tuvieron tiempo de actuar. Muy distinta hubiera sido la resolución del caso si los malvivientes lograban encañonar a los guardias en la reja.
Fuego cruzado
En diálogo con este matutino, en la víspera el alcaide Flores confirmó el traslado de Vando Lópes a otra unidad y relató los sucesos del lunes. “Aproximadamente a las 20.30, tres sujetos fuertemente armados trataron de copar la guardia del módulo A. Ingresaron por la obra, redujeron y tomaron de rehén al sereno y lo trajeron hasta el acceso del módulo A. Esa situación fue advertida y al acercarse al portón el sereno empezó a gritar, el personal dio la voz de alto y desde la otra parte se escuchó el sonido característico de cargar armas. Incluso, el personal refiere que hubo disparos de la otra parte”, precisó Flores.
Ante los disparos de los uniformados, los maleantes dejaron al sereno y escaparon por el monte. Por el camino dejaron caer municiones calibre 38 punta hueca.
“No hubo que lamentar lesionados de ninguna parte”, ponderó Flores, al tiempo que precisó que el sereno y los guardias constataron que los delincuentes portaban escopeta, pistola y revólver.
“Le dijeron al sereno que la cosa no era con él y que venían por otra cosa. Tal vez hubo un forcejeo menor, pero no lo lesionaron”, agregó.
Sobre el trabajo del personal a su cargo, opinó que “reaccionaron bien y eso evitó que haya un derramamiento de sangre. A nuestro criterio, las medidas de seguridad son las adecuadas y creo que la seguridad fue la adecuada”.
Entre las cosas que dejaron los encapuchados, mencionó que “se encontró una pinza como para cortar candados, aunque no alcanzaron a cortar ninguna reja ni alambrado”.
Descartó un motín
Asimismo, indicó que tanto administrativa como judicialmente se investiga todo: “Desde posibles fuentes internas y hasta las visitas. Todo está a disposición de la Policía y la Justicia”.
Ante trascendidos de un intento de motín posterior al ataque, Flores desmintió cualquier tipo de incidentes. “Para tranquilidad de los familiares de los internos no hubo tumulto dentro ni fuera del penal. Hoy (por ayer) era día de visitas y se cumplieron las tareas habituales”, remarcó.
En la actualidad, la UP II tiene una población de 285 internos, divididos en módulos A y B.
“Cuando me dijeron que entre al baúl pensé que me mataban”
“Nunca me imaginé que el último viaje del día sería el último como remisero, porque después de esto no trabajo más con el auto. Cuando me ataron y me dijeron que entré al baúl pensé que me mataban. Fue muy duro”, reflexionó Jorge Aníbal Da Silva (57), involuntario protagonista del caso que conmociona a la provincia.Todavía en shock por los hechos del lunes, cansado y algo dolorido por el esfuerzo que insumió el escape, recibió en su domicilio a El Territorio para una entrevista exclusiva donde contó detalles de la odisea que atravesó como rehén de los sujetos que trataron de copar la Unidad Penal II.
Su esposa Adelina González escuchó conmovida el relato, reviviendo la angustia que padeció durante varias horas de incertidumbre.
Da Silva recordó que hace ocho meses fue víctima de un asalto a mano armada, por lo que entonces decidió trabajar sólo en horario diurno para evitar contratiempos. Y el lunes ya había cumplido la jornada, cuando su relevo le avisó que llegaría un poco más tarde.
“Tomé el viaje de casualidad porque estaba primero para salir y avisé en la base que de ahí me iba a mi casa. La idea era hacer un último viaje para redondear la recaudación porque el día vino flojo. Nunca me imaginé dónde me metía”, comentó.
Era las 18.45 y fijó destino hacia Orcadas y Larrea, a dos cuadras de la base. Se estima que los delincuentes pasaron por el lugar y pidieron un auto en la primera remisería que vieron.
Llegó al lugar, puso balizas y le hicieron señas: “Uno subió adelante y tres atrás. Vi que llevaban una caja. Hablaban portugués cerrado, uno me indicó la Unidad II y pensé que hablaba de la Policía; después me dijo ‘vamos al indio’, y el único indio es la estatua del Cacique Oberá que queda para el otro lado. Ahí le dije ‘estás equivocado, están perdidos’”.
“En el semáforo recibió un mensaje y me aclaró que iban al Paraje los Indios (en General Alvear), porque eran músicos y tenían que tocar en un cumpleaños. Incluso me dijo que los instrumentos ya estaban allá. Un viaje hasta allá son 600 pesos, así que quedé contento”, agregó.
Horas de terror
Tomó por avenida Sarmiento hasta calle Formosa, luego por Santiago del Estero y avenida Guayaba, hasta conectar con ruta provincial 5, destino a Alvear.
Ante el hecho consumado, el primer destino referido (“Unidad II”) cobró una brutal relevancia, aunque hasta ahí Da Silva no había dudado de las intenciones de sus pasajeros.
“Pero cuando pasamos la entrada de la cárcel, el que iba adelante me dijo ‘pare acá, que tengo ganas de vomitar’. Paré, él abrió la puerta y salió. Cuando volvió ya tenía en arma en la mano y me encañonó. Me dijo ‘quedate tranquilo, no te va pasar nada. No queremos tu plata, queremos el auto nomás’. Me sacaron el celular y los cigarrillos, porque uno quería fumar”, detalló.
Condujo unos 500 metros e ingresaron otros 200 por un camino terrado, donde lo hicieron parar; bajaron del auto y lo amarraron de pies y manos con cinta de embalaje. “Cuando me dijeron que me iban a encerrar en el baúl me asusté mucho y pensé lo peor. No me pegaron y cuando me taparon la boca, me preguntaron si respiraba bien. Cerraron el baúl y se fueron a pie. Fueron minutos que parecieron eternos y sólo pensaba en escaparme, pero no quería hacer ruido por si estaban cerca”, mencionó.
En este punto se activó su instinto de supervivencia y recordó que un colega de otra remisería había sido víctima de un robo y también manejaba un Renault Logan.
“También lo encerraron en el baúl y contó que se puede sacar un plástico para abrir desde adentro. Entonces empecé a buscar y encontré, pero no quería hacer mucho ruido. Por suerte se abrió el baúl, salí y cerré otra vez. Me fui saltando unos 20 metros y ahí me desaté, primero las manos, porque estaba medio flojo, y después las piernas”, precisó. Su principal temor era que los delincuentes anden cerca y lo descubran escapando, ya que vio sus rostros y podría delatarlos.
En medio de la noche y el frío del monte, la desesperación fue su motor y avanzó primero por un pinar y luego atravesó un bañado con el agua hasta la cintura.
Avisó a la Policía
Al respecto, comentó que “no quería llegar a una casa porque los perros iban a ladrar y por ahí los tipos me descubrían. En el bañado perdí una zapatilla, pero soy ducho en el monte porque me crié en la chacra. Aparte recordé lo que hacíamos en la colimba y eso me ayudó bastante”.
El primer trayecto lo hizo muy despacio por temor a ser descubierto, pero una vez que cruzó la ruta 5 tomó por un yerbal con sentido hacia Alvear.
“Fui siempre costeando el asfalto y cuando escuchaba un ruido de auto me tiraba en el costado. Así fue caminando y un poco trotando hasta la comisaría de Alvear, que me quedaba mucho más cerca que volver para el lado de Oberá”, explicó.
Llegó a la dependencia policial alrededor 22 y comentó lo sucedido. Media hora después se reencontró con su familia. Luego prestó declaración en la Brigada de Investigaciones, donde lo sometieron al examen de parafina que detecta rastros de pólvora. “Entiendo que la Policía tiene que investigar a todos, es su trabajo. Ojalá que atrapen a los delincuentes porque se ve que estaban decididos a todo”, remarcó.
En tanto, si bien los sujetos abordaron el remís a cara descubierta, reconoció que los rostros aparecen difusos en su mente, tal vez por el estrés que sufrió en su último viaje como remisero.
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