2017-12-24

La Nochebuena de los Bannan revive el milagro de Amelia y Santino

Los días de la semana son siete, Amelia Bannan por ahora se saltea el jueves y el viernes, pero este domingo no se lo olvidará. Dueña hasta hace el 1 de noviembre de 2016 de una prolija letra, está aprendiendo caligrafía de cero, pero firmará con decisión hoy uno de los momentos más emotivos de su historia. Junto a padres, hermanos y sobrinos, recibirá la Navidad con un invitado especial: Santino, el bebé del milagro, quien nació prematuro del vientre de su madre, internada en coma, y la ayudó a experimentar otro prodigio, una recuperación contra toda esperanza.
Sonríe Amelia ahora que es famosa. Conocida en todo el país y en diversas partes del mundo por sobrevivir a un accidente que la inmovilizó en una cama de hospital, embarazada de cinco meses y con pronóstico desfavorable.
Al principio le molestaba un poco la exposición, pero a medida que fue tomando consciencia de lo que pasó, no puede más que sentirse afortunada. Cuando den las 12 de la noche, el hogar de Isabel y Carlos en San Pedro oirá el choque de copas de César, Norma y Juan con esta mujer policía de 33 años que sigue asombrando a la medicina y a la sociedad.
Allí estará también Santino, inquieto, alegre, sano, a 365 días de la cesárea. “Si él no hubiera estado, ella no se habría recuperado”, sostiene decidida Norma, quien cumple años un día después de su sobrino. Dos años mayor que Amelia, fue, sin embargo, desde siempre impulsada, alentada por su hermana menor. Ahora la vida la puso en el rol de tutora y terapeuta.
La neuróloga que la atendió días atrás fue muy optimista y aseguró que podría quedar prácticamente sin secuelas. El contraste con fines del año pasado es notable.
“Una vez fuimos con una amiga y vino el médico a darnos el parte, yo ya no quería escuchar nada, estaba desolada. Ellos querían que nos preparáramos para lo peor, para las secuelas, y a mi compañera se le ocurre preguntar: ‘¿De qué secuelas habla, doctor?’; Amelia apenas movía una mano y un pie, y el médico la señala con la vista, como diciendo que se iba a quedar así, en coma. Eso me partió en pedacitos de nuevo”, dice su hermana, todavía conmovida.
Tampoco había esperanzas con el bebé: “Les preguntábamos a los médicos y nos decían: ‘Ahora estamos con la madre’”.
Pero el 24 de diciembre, a las 22.56, por cesárea y con siete meses de gestación, vio la luz un niño que gatea a más no poder, que en breve comenzará a caminar, que pese a las dificultades, apenas padeció un breve resfrío y evidencia alergia a la picadura de mosquitos.
“Es lindo mi hijo... Santino... Santino Gabriel Bannan”, dice con alegría Amelia.
Cuenta Norma: “El nombre Santino lo eligió ella y Gabriel, como los médicos no pudieron comunicarse con nosotros para avisarnos que él había nacido, le pusieron Nicolás Gabriel. Le dijimos que le dejen Gabriel porque por algo se lo pusieron, además es acorde con la fecha”.
Esta noche, los Bannan brindarán además por la salud de mamá Isabel, quien vio recrudecer su problema de salud un año antes del accidente, el que se produjo justo cuando estaba mejorando.
“Con eso decayó mucho, con lo de Amelia un poco la descuidamos, porque no podíamos estar en todo, pero ahora está re bien. Le dijimos: ‘Mami, nosotros te cuidamos, pero ahora necesitamos totalmente de tu colaboración’, y ahí se puso las pilas, de un día para el otro mejoró el ánimo”, valoran los hermanos.
La mujer del milagro realiza sesiones diarias de kinesiología, con un profesional tan exigente como lo son César y Norma, quienes no dejan de ayudar a su hermana para que mejore su andar, el movimiento de sus miembros superiores e inferiores, la escritura, la memoria a corto plazo y el habla, que también trabaja con una fonoaudióloga.
Su progreso, de cualquier manera, es fenomenal y está bien presente el recuerdo de familiares, amigos, vecinos de Posadas (donde estuvo internada y comenzó la recuperación) y de diversos puntos de la provincia que se solidarizaron y material o espiritualmente realizaron aportes.
Días atrás, en la denominada Marcha por la Vida, fieles cristianos de San Pedro pidieron por Amelia e incluso un joven compuso un rap para ella, que se emocionó mucho. Entre ellos estuvo el sacerdote Jorge Canteros, quien durante la internación jugó un papel inolvidable para la familia.
“Venimos de una familia evangélica, nunca fuimos a la católica, pero ese cura, un día que yo estaba mal, Amelia no tenía ninguna reacción, me dijo: ‘Sentí que tenía que orar por ella’, y habló muy bien, nos tocó, a ella se le erizaba la piel”, comenta agradecido César.
Antes de llegar a 2018, el sábado Santino celebrará su primer cumpleaños. Habrá fiesta en un salón de San Vicente, con tarjeta de invitación en la que su rubio cabello luce más bien pelirrojo, como el abuelo Carlos.
Pero esta noche, en San Pedro, la festividad cristiana por el nacimiento de Jesús sumará la alegría por la llegada al mundo de Santino y el regreso a la vida de Amelia.


Los ángeles que la ayudan y no la abandonan Tras el parto y el alta, los Bannan tenían dos opciones: ir a la clínica Fleni, en Buenos Aires, o buscar una alternativa en Posadas. Con la calidad profesional asegurada, decidieron trasladar a Amelia a un instituto médico en la capital provincial, donde la presencia de la familia jugaría un papel preponderante en lo que vino después.
La mujer corría serio riesgo de no sobrevivir o de hacerlo, pero en coma, por lo que para la familia su actual estado ya es digno de agradecerse.
Al pie del cañón, al borde del desmayo, pero siempre dispuesta estuvo Norma, quien recorrió a pie las cuadras que separaban el albergue que les cedió el Círculo de Suboficiales de la Policía hasta el centro de salud. En sus brazos, el pequeño Santino, cuyo contacto fue fundamental para que su madre se recupere -“tengo que ser fuerte para cuidar a mi hijo”, dice hoy Amelia-, y también Maia (3), hija de Norma, y que también apuntaló el vínculo con su tía y la ayudó a salir adelante.
“Por ahí la nena lloraba y Amelia se desesperaba”, recuerda César.
Con una enorme sonrisa, la niña aprendió a ser más independiente en una situación difícil, pero hoy, en la casa que las Bannan alquilan (a una cuadra de la casa de su hermano mayor), reclama la atención que merece. “Yo soy tu hija, Santino tiene a su mamá”, cuenta Norma que le dice cuando la ve muy pegada al bebé.
Y Santino tiene una mamá que lo mima, le da de comer, lo levanta en brazos (lo cual emociona a los profesionales que los trataron en los momentos más duros) y lo tiene como motor para dar cada día un nuevo paso.

Por Mariano Bachiller
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