2017-12-24
Celebración y nuevo comienzo
Para la mayoría, la celebración de esta noche será similar a la de años anteriores, pero en algunos hogares se vivirá por primera vez de un modo distinto.
Ese camino transitan las historias de vida que recoge hoy El Territorio. Gente que salió adelante cuando nadie lo pensaba, chicos que se hicieron grandes a la fuerza y hoy ven los resultados, un muchacho que vivirá sus primeras fiestas con su género autopercibido, hermanos que se reencuentran tras largos años, una abuela que consigue mejor calidad de vida para sus nietos.
Las vidas se forjan por medio de procesos, de búsquedas dentro y fuera que llevan tiempo y con fases que se superponen unas a otras.
Las fechas pueden ser arbitrarias y hasta antojadizas, pero su carga emotiva invita en determinados momentos a la reflexión. Y es allí cuando se puede echar un vistazo y notar cómo los desafíos obligan a sacar a la luz de qué madera se está hecho.
Amelia Bannan tuvo siempre un fuerte carácter, cuentan sus hermanos. Valiente como es, está decidida a seguir recuperándose para criar y cuidar de su hijo.
Ambos estuvieron en peligro extremo cuando el auto en el que ella viajaba volcó y un duro golpe la dejó postrada, pendiendo de un hilo su vida y la del niño que gestaba en su vientre.
El acompañamiento familiar y el contacto con el bebé, nacido prematuramente en la Nochebuena de 2016, apuntalaron su fortaleza. Hoy ella sigue mejorando a pasos agigantados y vivirá su primera Navidad con Santino en el regazo.
Dylan Agustín no nació con ese nombre ni siendo varón, pero ahora puede comprender que desde chico no se sintió conforme con el género que le tocó.
Sufrió bullying e incomprensión, pero inició tratamientos y gestionó su nuevo DNI, con una identidad que sí acepta, con la que le será agradable brindar esta noche.
Amelia se ocupa de un bebé nacido mientras estaba inconsciente, Dylan abrazó a ese otro yo que debía ocultar, pero Lucas tuvo que hacerse cargo de otros cinco chicos como él: sus hermanos.
Tres años de penuria extrema, seis bocas con hambre y frío y una oportunidad, la que otros esperan en vano: alguien que creyera en él.
Con trabajo estable y firme convicción, los seis hermanos de Iguazú pasarán las fiestas con menos angustias.
Alivio a los brazos y el corazón de una abuela trajo una silla de ruedas aguardada durante trece años. Ejemplo de sacrificio y amor sin medidas, Nilda puede ahora transportar a Fernando, uno de los tres nietos que crió como a sus nueve hijos.
El chico se quedó al nacer sin madre y luego sin padre, pero su abuela vale por más de dos y no dudó en seguirlo cargando incluso cuando ya no podía más. Con un abrazo fuerte y un vínculo que no se rompe.
Fuerte e irrompible como lazo entre mellizos. El que llevó a Rubén a buscar a Daniela por cielo y tierra.
Separados a los tres años de edad por dificultades que afectaban a la familia, debieron transcurrir 40 años hasta el reencuentro.
Otras tres hermanas tiene el canillita de Irigoyen, pero le faltaba algo y lo encontró en Paraguay. El anticipo navideño se concretó en tierras argentinas y las lágrimas ya no son de tristeza.
En cambio, generalmente las fiestas, época destinada a la reconciliación, la paz y la alegría, se llenan de tensiones y pesadumbre por los conflictos no resueltos.Pero estas cinco historias de perseverancia muestran que los balances de fin de año dependerán de la perspectiva.
Reencontrarse con otros y consigo mismo, reconocerse en el esfuerzo y la constancia, las propuestas de nuestro informe de hoy.